Durante años, cargar abiertamente contra el Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí (AIPAC) era prácticamente un suicidio político. Tanto demócratas como republicanos habían recibido dinero del mayor lobby proisraelí que, en las últimas décadas, también se ha convertido en un gigante capaz de aupar o derrocar a candidatos de ambos partidos.
En las elecciones presidenciales de 2024 fue uno de los principales motivos por el que los demócratas evitaron poner la guerra de Gaza en el centro del debate. Pero el nuevo ciclo electoral de este año está demostrando que AIPAC ya no es intocable.











