La ley de tierras naufragó antes de llegar al recinto, y lo hizo, sobre todo, como una derrota comunicacional. El Gobierno tiene aun la convicción de que buena parte de la ley de inviolabilidad de la propiedad privada, si se explica bien, debe generar adhesión en la sociedad. Pero eso no pasó, y el capítulo más sensible del proyecto, el que modificaba el límite a la extranjerización de tierras, terminó cayéndose horas antes de la sesión de este jueves en el Senado.
Patricia Bullrich, jefa del bloque oficialista, advirtió que no tenían los votos. El proyecto llevaba dieciséis versiones de texto, cuatro postergaciones previas y un cuarto intermedio arrastrado desde julio, todo para terminar en lo mismo: sin acuerdo. Convocó entonces a una reunión de urgencia con los aliados del llamado "grupo de los 44" y resolvió eliminar por completo el capítulo III, el que subía del 15% al 25% el tope de tierras rurales en manos extranjeras, para poder salvar el resto de la ley y girarla idealmente con media sanción a Diputados. Trascendió, incluso, que el propio ministro de Desregulación, Federico Sturzenegger, autor intelectual del proyecto, se enteró de la baja del capítulo por la prensa: buena parte del arco libertario responsabiliza al ministro por la derrota.










