Bryan Kohberger, de 31 años, cumple con su sentencia de cuatro cadenas perpetuas consecutivas por los asesinatos de los estudiantes Madison Mogen y Kaylee Goncalves, ambas de 21 años, y Xana Kernodle y Ethan Chapin, de 20, ocurridos en noviembre de 2022 en una residencia de la comunidad universitaria de Moscow, en Idaho, Estados Unidos.La flamante docuserie de tres episodios, Los asesinatos de Idaho: Pesadilla en la Universidad, estrenada en Netflix, se mantiene en los primeros puestos del ranking de las series más vistas en la Argentina y revela nuevos detalles de la investigación.Durante tres años el caso generó conmoción, no solo porque el aterrador cuádruple homicidio ocurrió en una ciudad donde no había registros de ningún delito similar, sino por la falta de evidencia en la devastadora escena del crimen, lo que hizo más hallar al misterioso hombre que los medios estadounidenses solían llamar el "asesino indescifrable".Actualmente Kohberger permanece recluido en una unidad J-Block de la institución de máxima seguridad en Kuna. En julio de 2025 admitió su culpabilidad durante el mediático juicio, a cambio de evitar la pena de muerte. Pero el camino hasta el arresto fue complejo y casi imposible.Un cuádruple homicidio que ni los forenses podían explicarLas cuatro víctimas formaban parte del mismo círculo de amistades y asistían a la Universidad de Idaho. Xana e Ethan eran novios, mientras que Madison y Kaylee eran mejores amigas desde la infancia. Murieron de forma atroz al ser atacados con un arma blanca mientras dormían la madrugada del 13 de noviembre de 2022. Lucharon cuerpo a cuerpo contra alguien que no conocían, pero sucumbieron ante las múltiples puñaladas.La serie de ataques comenzó a las 4.20 de la madrugada. Hubo dos sobrevivientes a la masacre, Dylan Mortensen y Bethany Funke, ambas de 21 años, vivían en el subsuelo y el primer piso de la misma propiedad.Sus testimonios fueron claves en la investigación, ya que una de ellas -Dylan- vio por un instante al atacante: llevaba puesto un pasamontañas negro que solo dejaba entrever una perturbadora mirada enmarcada en cejas tupidas. Tras el fugaz contacto visual volvió a meterse a su cuarto desesperada, puso cerrojo a la puerta y le escribió un mensaje a Bethany. "Hay alguien aquí, tengo miedo". Su amiga estaba dormida, pero se despertó y le dijo que fuera a dormir con ella si estaba asustada, sin entender muy bien qué estaba pasando, ya que desde el sótano no había oído nada inusual.Recién ocho horas después la policía de Moscow descubrió el horror de los cuatro cuerpos sin vida. Según las autopsias, las heridas fueron tan graves que no podrían haberlos salvado ni siquiera si sus amigos hubieran llamado a emergencias minutos después del ataque múltiple.Un auto blanco demasiado impecable, la funda del cuchillo y el ADN del hisopoLa única prueba incriminatoria que se encontró fue una funda de un cuchillo Ka-Bar, que contenía ADN, junto al cuerpo de una de las víctimas. Tras revisar los videos de seguridad de la zona los agentes del orden identificaron un vehículo Elantra blanco dando vueltas alrededor de la escena del crimen y luego alejándose a toda velocidad. Kohberger figuraba como titular de un auto que coincidía con la descripción y había sido captado evadiendo las zonas de cámaras por caminos alternativos esa noche. El joven, de 28 años en aquel momento, era un graduado de criminología que había estudiado a las "mentes asesinas" con más ímpetu que cualquier otro alumno.Cuando dieron con la ubicación del vehículo, estaba estacionado en la casa de los padres del joven. Cuando lo revisaron notaron que había sido limpiado de manera meticulosa, prácticamente como si lo hubiesen desarmado para no dejar ningún hueco sin limpiar.Los detalles, circunstanciales hasta entonces, empezaron a acumularse. Su celular estaba apagado en el momento de los asesinatos, pero su teléfono se geolocalizó en los alrededores de la residencia entre las 10 de la noche y las 4 de la mañana, la franja horaria de los homicidios.Además, su celular se había conectado con torres de telefonía en el área del crimen cuatro meses antes de los apuñalamientos. Sin embargo, ese conjunto de elementos no alcanzaban para solicitar una prueba de ADN. Buscaron potenciales vínculos con los cuatro universitarios, pero nada lo unía a las víctimas. Ni siquiera había registros de que se hubieran conocido, ya que la distancia geográfica entre las universidades -Kohberger estudió en Washington y los jóvenes en Idaho- era un importante factor a considerar."No tenemos evidencia de que el acusado haya tenido contacto directo con los residentes de la calle 1122 King Road, pero podemos ubicar el teléfono del sospechoso en el área en esos momentos", detalló el fiscal Bill Thompson.Rastrear la vida social de Kohberger tampoco fue sencillo porque prácticamente no tenía. Tampoco presencia en redes, salvo algunos llamativos posteos en blogs, donde había dicho que padecía el trastorno neurológico de "síndrome de niebla visual", que "no sentía ninguna emoción" y se veía a sí mismo como un "hombre enfermizo, cansado, inútil y estúpido". Kohberger también tenía un pasado de adicción a la heroína con un ingreso a rehabilitación. Los investigadores descubrieron que había padecido obesidad infantil y se había obsesionado con bajar de peso en la adolescencia. Sus mensajes y algunos altercados con compañeras de universidad eran compatibles con el contenido de los grupos autodenominados "incels" en el mundo virtual, que suele ser traducido como "jóvenes célibes involuntarios".Los detectives consideraron que su actitud misógina hacia ciertas mujeres, consideradas bellas y populares, podía traducirse en un motivo de odio y explicar la premeditación de elegir a Madison, Kaylee y Xana como objetivos, ya que las tres eran muy populares en las redes sociales, donde compartían videos y fotos constantemente de manera pública.Finalmente los detectives unieron esfuerzos con el FBI y acordaron con el departamento de saneamiento local para confiscar en secreto la basura de la casa de los padres de Kohberger en Pensilvania, buscando una coincidencia de ADN con su sospechoso.Todo lo que contuviera información genética fue separado y llevado al laboratorio forense de Idaho: hilo dental, vasos descartables, e hisopos usados.Resulta que uno de esos hisopos contenía ADN proveniente del padre de la persona cuyo ADN se encontró en la funda del cuchillo. Esa fue la prueba irrefutable que garantizó el arresto de Kohberger, ya que lo posicionaba en la escena del crimen directamente, y finalmente fue extraditado a Idaho para ser procesado. Luego del escrutinio público y de oír los poderosos discursos de los familiares de las víctimas frente a frente en las audiencias, el acusado aceptó un acuerdo con la fiscalía para declararse culpable de los cuatro homicidios y evitar la pena de muerte. Sin embargo, nunca habló públicamente ni brindó una explicación de su nexo con las víctimas.La sorpresiva primera entrevista de Bryan Kohberger desde prisión: "Mi inocencia es mi verdad"En medio del revuelo que genera la serie documental y reaviva el caso, Kohberger pidió hablar por primera vez. Desde la cárcel anunció su intención de retractarse de su declaración de culpabilidad, anularla y obtener un nuevo juicio.En una breve comunicación con The New York Times, Kohberger confirmó que presentó una petición impugnando su condena. Solicitó un cambio de defensa y le asignaron al abogado público, Greg Rauch, que deberá gestionar la viabilidad de su pedido."Mi inocencia es mi verdad, y la declaración de culpabilidad, basada en falsas promesas y desinformación flagrante, debe ser retirada", manifestó Kohberger en su primera declaración pública vía comunicado con el prestigioso medio estadounidense.Aseguró que su anterior equipo de defensa, compuesto por las abogadas Anne Taylor, Elisa Massoth y Bicka Barlow, no le informó sobre un "descubrimiento exculpatorio", un cabello encontrado en la escena del crimen que se determinó que no pertenecía a Kohberger. Insinuó que lo habían "convencido de confesar falsamente". "Las preguntas sin respuesta parecen multiplicarse con cada prueba que se hace pública", señaló el convicto.Kohberger citó a uno de los expertos que trabajó en su equipo de defensa, Brent Turvey, científico forense que analizó la escena del crimen y argumentó que el crimen debió haber sido cometido por varios autores por el corto lapso de tiempo en que ocurrieron y la fuerza física que implicaron.Un nuevo juicio implicaría la posibilidad de que la pena de muerte vuelva a ser una posible sentencia, y al ser consultado al respecto aseguró que no le importaba."¿Por qué rompo mi silencio? Muchas cosas salieron mal en esas negociaciones de declaración de culpabilidad. Realmente quiero que se sepa", respondió.El fiscal general de Idaho, Raul Labrador, calificó el cambio de postura de Kohberger como "profundamente doloroso" para las familias de las víctimas y aseguró que si su petición avanzara volverían a juzgarlo con toda la fuerza de la ley y la evidencia que pesa en su contra.