La renovación del swap con China no fue una sorpresa. Pero, representa mucho más que un respiro financiero para el Gobierno: consolida una maniobra geopolítica de largo plazo. Mientras la administración libertaria hace gala de su alineamiento irrestricto con Estados Unidos, la necesidad de sostener la estabilidad cambiaria obliga a un pragmatismo de gestión que el gigante asiático sabe capitalizar en su silenciosa disputa global contra el dólar.
Con un nivel de reservas brutas que ya supera los USD 50.000 millones, el peso del acuerdo de monedas es estructural, ya que representa casi el 40% del total de las tenencias argentinas. A diferencia del swap con el Tesoro estadounidense, que el ministro de Economía, Luis Caputo, reserva para situaciones de emergencia cambiaria, el pacto con Beijing le garantiza a la conducción económica mantener un nivel de reservas robusto para que el mercado no perciba señales de debilidad. Incluso, llegado el caso, el tramo activado por USD 5.000 millones también le otorga el poder de fuego necesario para intervenir directamente en el mercado y contener al dólar.
La extensión a un lustro, entonces, tiene como objetivo blindar el acuerdo de los recurrentes vaivenes políticos argentino, señalaron fuentes que estuvieron en gestión y tienen conocimiento del funcionamiento del intercambio monetario. Pero a la vez, para el gobierno chino, renovar y alargar el swap incluso frente a una administración abiertamente pro estadounidense es una jugada estratégica. El objetivo de fondo es la internacionalización del renminbi. "No es algo que ocurra de un día para el otro. es una mirada confuciana: 'El hombre que mueve una montaña comienza llevando pequeñas piedras'", analizó para PERFIL una fuente con vínculos estrechos con el país oriental.












