"Vinimos a arreglar los problemas de la Justicia". Con esa frase, el ministro de Justicia, Juan Bautista Mahiques, celebró en las redes sociales un dato difícil de discutir: Javier Milei envió 203 pliegos judiciales al Senado en apenas un año, un récord desde la creación del Consejo de la Magistratura en 1994.
El mensaje tiene una lógica evidente. Durante décadas, la Justicia argentina acumuló cientos de vacantes que obligaron a funcionar con jueces subrogantes, tribunales incompletos y procesos que se estiraban por años. Cubrir esos cargos es una deuda institucional que arrastran todos los gobiernos por igual: el kirchnerismo hizo de la subrogancia una herramienta, premios pero sin definición para evitar traiciones y generar dependencia.
Pero el verdadero dato político no está en los 203 pliegos enviados, sino en lo que ocurrió después. Un presidente puede firmar cientos de proyectos proponiendo jueces. Lo difícil es conseguir que el Senado los apruebe. Y ahí aparece una de las paradojas menos analizadas de este 2026: el acuerdo con el peronismo via Mahiques.
Eficacia probada
Hasta comienzos de agosto, la Cámara alta aprobó 103 pliegos judiciales impulsados por el Gobierno. La cifra surge de dos sesiones clave: una el 4 de junio, con 74 acuerdos, y otra el 16 de julio, con 29 más. No se trata exclusivamente de jueces: el paquete incluye magistrados, fiscales, defensores oficiales y renovaciones de cargos. Pero el número alcanza para mostrar que la cobertura de vacantes avanzó como no lo hacía desde hace varios años. La pregunta es cómo.








