En los últimos tres días, las playas de Donostia han izado la bandera amarilla junto a la de medusas ante la presencia de carabelas portuguesas. Por temor a las picaduras, muchos bañistas han restringido sus baños en el mar, aunque otros se muestran tranquilos ante esta posibilidad. Si bien los ejemplares avistados en la costa vasca no suelen ser de gran tamaño, el servicio de Emergencias de Osakidetza ya atendió este lunes a siete personas afectadas, por ejemplo.
La carabela portuguesa ('physalia physalis') no es en realidad una medusa, sino un organismo colonial, conocido como sinóforo, compuesto por microoganismos que se dividen funciones para funcionar como un organismo. Posee una vela gelatinosa de entre 15 y 30 cm, los ejemplares adultos, que le permite desplazarse con los vientos y las corrientes. Mientras, su cuerpo cuelgan tentáculos que pueden alcanzar los 10 metros de longitud. Estos tentáculos contienen toxinas con efectos neurotóxicos y cardiotóxicos que provocan un dolor muy intenso en el ser humano.
Según el Departamento de Salud, las siete asistencias del lunes 3 de agosto se distribuyeron por diversos puntos de la comunidad y no solo en Donostia. En Ereaga (Getxo) se trasladó a una mujer de 58 años al hospital Alfredo Espinosa; en Barinatxe (Sopela) hubo dos asistencias con el traslado de una mujer de 32 años; y en Plentzia se atendieron a dos personas, incluyendo a un niño de nueve años evacuado al hospital de Cruces. Asimismo, en Zarautz se registró un traslado a un centro de salud y en Ondarreta (Donostia) se realizó una asistencia sin necesidad de traslado.











