El Banco Central Europeo planea emitir en los próximos años una serie de billetes de euro con un nuevo diseño. Los actuales billetes llevan los motivos genéricos que se eligieron para el estreno de la moneda a principios de siglo: puentes, ventanas y arcos. La renovación responde a múltiples razones, desde la actualización de medidas de seguridad hasta reducir el impacto ambiental. Pero sobre todo responde al deseo de usar un extraordinario y tangible símbolo del proyecto europeo, la moneda que los habitantes de 21 países llevamos en el bolsillo, para significar la identidad común. Es una buena idea.En un procedimiento que contempla consultas ciudadanas, opiniones de expertos y decisiones del Consejo de Gobierno del BCE, se ha llegado a la fase final con la selección de dos áreas temáticas: “cultura europea” y “ríos y aves”. Para cada área se han identificado seis referencias que servirían para los distintos billetes (5, 10, 20, 50, 100 y 200 euros). En el caso de la cultura se trata de Maria Callas, Ludwig van Beethoven, Marie Curie, Miguel de Cervantes, Leonardo da Vinci y Bertha von Suttner, primera mujer en obtener el Nobel de la Paz. En la categoría de la naturaleza han sido elegidas seis combinaciones de distintos pájaros e imágenes de ríos. La ciudadanía tiene ahora la posibilidad de pronunciarse en una consulta online hasta el 21 de septiembre. Se espera que el Consejo de Gobierno del BCE tome la decisión definitiva para finales de este año, y a partir de ahí empezará el complejo procedimiento para organizar la producción y la emisión.La puesta en valor de la naturaleza y su diversidad, de la exigencia de defenderla en este tiempo de devastador cambio climático, sería una elección con un sentido profundo y noble. Pero puede argumentarse que son los rostros de la cultura, con su reconocible referencia a la historia del pensamiento, los que darían al billete de euro un sentido político especialmente vibrante.En un tiempo de graves cambios geopolíticos y políticos en los cuales triunfan visiones nacionalistas excluyentes, esos billetes representarían un espléndido ejemplo de orgullo de construcción de una identidad plural compartida. Mientras grandes potencias como China, Rusia o la India apelan a la magnificencia de una historia civilizatoria homogénea, y mientras avanzan propuestas identitarias en torno a la nación ancestral, tiene todo el sentido contraponer un orgullo común. Algunas de las figuras elegidas muestran nuestros lazos compartidos en el pasado. Callas, estelar intérprete de origen griego de una forma de arte, la ópera, que brotó en Italia; Marie Curie, nacida en Polonia, y luego ciudadana francesa. El orgullo de lo propio puede y debe ir de la mano del orgullo de lo compartido, y de la voluntad de construir más, juntos. Europa necesita ese relato común, no en los despachos, sino en algo tan inmediato y callejero como un billete.
El euro y la identidad europea
Emitir nuevos billetes con rostros de la cultura europea es una buena idea para poner en valor la identidad común










