La premisa era, a priori, bastante sencilla. Tres estudiantes de cine se adentran en un bosque de Maryland para investigar la leyenda de la Bruja de Blair con cámaras en mano, pero todo se tuerce cuando estos desaparecen sin dejar rastro. Podría ser la trama de cualquier película de terror, pero El proyecto de la Bruja de Blair cambió para siempre las reglas de este género.

Estrenada en 1999 y dirigida por Daniel Myrick y Eduardo Sánchez, la película revolucionó la forma de contar historias de miedo al popularizar el conocido como found footage o metraje encontrado. Una técnica narrativa que consiste en presentar al espectador grabaciones recuperadas tras la desaparición de sus protagonistas.

Las imágenes inestables grabadas con cámaras domésticas por los estudiantes, la ausencia de música y la sensación de improvisación generaban una experiencia mucho más inmersiva que el terror al que estaban acostumbrados los espectadores de finales de los 90. Películas como REC o Paranormal Activity siguieron el ejemplo de este filme para construir sus universos.

Hacer creer que la desaparición era real

A la forma en la que se grabó, se sumó la innovadora campaña de marketing que llevó a cabo el equipo de la película. En aquella época, internet todavía estaba lejos de convertirse en el fenómeno de masas que es hoy, pero los directores comprendieron antes que nadie que este lugar tenía potencial para construir una historia paralela que atrajera la atención de los espectadores.