Caroline Bicks, estudiosa de Shakespeare y titular de la c�tedra Stephen E. King de Literatura en la Universidad de Maine, ha conseguido algo que cualquier lector de King desear�a con todas sus fuerzas: un acceso completo a los archivos privados del gran maestro del terror, a las primeras versiones de sus manuscritos y, sobre todo, a �l mismo a trav�s de m�ltiples conversaciones. Monstruos en el archivo. Mi a�o de terror con Stephen King (Lunwerg) es como un caldero encendido sobre un fuego gigantesco en cuyo interior borbotea una poci�n muy especial, esa que King llama la �magia port�til�: la conexi�n entre autor y lector m�s all� de las palabras que ocurre solo cuando quien lee alcanza a comprender lo que quien escribe ten�a en mente antes incluso de posar la pluma sobre el papel o los dedos sobre el teclado.Todos sabemos que las palabras no siempre logran decir lo que en realidad pretendemos, pero la b�squeda eterna del escritor se fundamenta precisamente en no sucumbir a la certeza de que hay cosas que no se pueden nombrar y, en cambio, entregarse a la fe de que estudiando, leyendo, buscando, escribiendo y reescribiendo podr� llegar al menos cerca del coraz�n, del fuego de lo que llevamos dentro. Publicado a la vez en todo el mundo hace unas semanas, Monstruos en el archivorelata el viaje de Caroline Bicks a trav�s de sus propios fantasmas evocados por King -es inevitable llegar a uno mismo cuando se lee de verdad-, pero sobre todo de los que viven en los escritos del autor estadounidense. El descubrimiento y estudio pormenorizado de todas las versiones previas al manuscrito final, las notas propias y del editor, las reescrituras, los finales alternativos de algunas de las obras maestras de Stephen King son las valios�simas herramientas de las que Bicks se sirve para tratar de comprender realmente su realidad, su irrealidad y, por tanto, su escritura.�Los miedos reales�, escribe William Shakespeare en Macbeth- �son menos terribles que los imaginarios�. King lo sabe desde que era ni�o. Cuando ten�a apenas dos a�os, su padre se esfum� y su madre, Nellie Ruth, tuvo que apa��rselas sola con dos hijos peque�os y sin ninguna ayuda. El temor a quedarse solos, a no poder salir adelante, la angustia del abandono son miedos reales. Pero es precisamente de los miedos verdaderos de donde nacen los imaginarios. �O tal vez es al contrario?Un verdadero escritor se sumerge por debajo de la realidad, asumiendo que esta existe, y mira el mundo, a s� mismo, el pasado, el futuro con los ojos del asombro, de la curiosidad, con fervor y con terror. En alg�n rinc�n de cada libro de Stephen King siempre hay un ni�o que entiende demasiado pronto que los adultos nunca son suficiente: Danny Torrance escuchando c�mo su padre enloquece en el Hotel Overlook en El resplandor; Carrie White encerrada en el ba�o por una madre devorada por el fanatismo religioso; el peque�o Gage Creed de El cementerio de animales corriendo hacia la carretera mientras los camiones cruzan Maine; los chiquillos de La zona muerta, o de Los chicos del ma�z, o de La niebla que descubren que el mal puede vivir dentro de una casa normal�sima, dentro de un armario, dentro de una familia; los personajes de El misterio de Salem's Lot, que cambian continuamente de cara.Para saber m�sBicks parte de los manuscritos conservados en el archivo privado del autor en su casa de Bangor, el pueblo de Maine en el que reside, para llegar al coraz�n m�s infantil y dom�stico del universo de King, un escritor que ha consagrado su obra a relatar el momento exacto en el que la seguridad se quiebra. Sumergirse en los borradores de Carrie, El misterio de Salem's Lot, El resplandor, o El cementerio de animales revela cu�nto de todas esas historias nacen de un hecho real, de una mecha que profundiza siempre en la misma obsesi�n. En el universo de Stephen King el terror nunca llega desde el exterior. Nace, crece y asoma, como un secret�simo demonio, dentro de la vida cotidiana.El hotel de El resplandor es solo un gigantesco amplificador de la violencia familiar. Jack llega all� ya resquebrajado: alcoh�lico, frustrado, humillado por su propio fracaso, aterrorizado por la posibilidad de ser un padre destructivo. El entorno solo alimenta su locura, la organiza, le da una forma narrativa: la obra de teatro que Jack quiere escribir. La mujer de la habitaci�n 217, que emerge de la ba�era para convertirse en un cad�ver, es la materializaci�n de la descomposici�n oculta bajo la superficie respetable de la familia. El coraz�n de King siempre ha sido uno: todos somos unos pobres diablos, intentamos durante toda la vida salvar a las personas que amamos y, en cambio, muy a menudo las condenamos a muerte o nos condenamos a muerte a nosotros mismos. Querer, en las novelas de King, significa a menudo querer mal, pero, �qui�n no ha querido mal?Entrar en los primeros manuscritos de King, leer c�mo muy a menudo las primeras versiones de sus novelas eran a�n m�s cruentas, m�s exageradas, m�s horribles y, por tanto, menos aterradoras por m�s alejadas de la realidad, brinda al lector la posibilidad de ver c�mo se escribe. En la primera versi�n de Carrie, el debut en la novela de Stephen King, a la protagonista le brotan cuernos de la cabeza hasta convertirse en una criatura alien�gena. Pero luego, el autor se pregunta: �hay alguna manera de contar c�mo es sentirse alien�gena por dentro, que es mucho m�s fuerte que verlo por fuera? Ah� reside el genio de King. La relectura de los manuscritos anotados revela su proceso creativo. La novela sobre una venganza adolescente es tambi�n la historia de un cuerpo femenino vivido como algo monstruoso. Sangre, deseo, religi�n, verg�enza: todo en Carrie nace del miedo al cambio. Bicks insiste en este aspecto: Carrie no vive solo perseguida por sus compa�eros de colegio, es una chica criada bajo una mirada materna que le ense�a a considerar su propio cuerpo un pecado.Querer, en las novelas de King, significa a menudo querer mal, pero, �qui�n no ha querido mal?Incluso El misterio de Salem's Lot, aparentemente su novela m�s abiertamente g�tica, la m�s deudora de Dr�cula, funciona as�. El vampiro entra en las casas como entran las enfermedades, las adicciones, la violencia dom�stica, para revelar algo que ya estaba corrompido. Danny Glick rascando la ventana en mitad de la noche sigue siendo una de las im�genes m�s memorables de la literatura de King, precisamente porque contiene dos miedos infantiles absolutos: la p�rdida de un amigo y la posibilidad de que lo que amamos quiera devorarnos.Y luego est� El umbral de la noche, su primera compilaci�n de relatos cortos. Bicks dedica p�ginas muy intensas sobre todo a �El coco�, el relato del monstruo escondido en el armario de los ni�os. Le�do hoy, impresiona su simpleza: un padre, tres hijos, una criatura que espera en la oscuridad del dormitorio. Ninguna explicaci�n psicol�gica sofisticada, ninguna mitolog�a compleja. Solo la idea de que los ni�os pueden acabar solos ante algo que los adultos no saben ver. O no quieren ver. La idea de que un padre o una madre puedan elegirse a s� mismos y sacrificar a los hijos. Es horrible, s�, pero tambi�n es absolutamente real. Es tal vez eso lo que hace a King tan dif�cil de clasificar culturalmente. Sus libros parecen literatura popular porque son �giles y f�ciles de leer. Pero el n�cleo del que parten es casi siempre intolerable. La muerte de los hijos en El cementerio de animales. El alcoholismo y la violencia paterna en El resplandor. La pubertad femenina vivida como castigo en Carrie. La infancia expuesta al mal en El misterio de Salem's Lot y El umbral de la noche.Caroline Bicks descubre en su indagaci�n tambi�n algo muy importante sobre el modo en que King construye el terror, no solo a trav�s de las im�genes sino fundamentalmente, a trav�s del sonido de las palabras. Calibra s�labas, tartamudeos, consonantes. Cambia palabras en busca de un efecto f�sico preciso en la cabeza del lector. Cada frase debe tener un ritmo casi corporal. Es el de esta profesora un descubrimiento fascinante porque desmonta definitivamente la idea del escritor puramente instintivo. En los manuscritos aparece, en cambio, un autor atent�simo a la materia sonora de la lengua. Una palabra debe ara�ar. Otra debe ralentizar la respiraci�n. Una tercera debe parecer pronunciada de verdad por un ni�o peque�o.Por eso, Shakespeare impregna continuamente la producci�n del escritor de Maine. Los dos autores, que parecen tan lejanos incluso geogr�ficamente, conocen muy bien la dimensi�n f�sica del terror: el latido acelerado, la piel de gallina, el temblor. King llama a todo esto �terror hasta los huesos�, una met�fora que parece infantil y que, sin embargo, contiene en s� misma el modo en que funcionan sus libros. �La historia es importante�, explica King a Bicks, �pero la escena lo es m�s. Todos los sentidos deben estar abiertos�. Son sus palabras, escribe Bicks, �las que crean estos efectos somatizados�. Las novelas de Stephen King, efectivamente, se recuerdan con el cuerpo antes que con la memoria.Shakespeare, se�ala Bicks, se sumerge en el horror del amor y del desconsuelo. �Ma�ana y ma�ana y ma�ana/ se desliza con pasos apacibles un d�a tras otro/ hasta la �ltima s�laba del tiempo que podemos recordar,/ y todos nuestros ayeres han alumbrado a los necios/ el camino a la polvorienta muerte�, se lamenta Macbeth en un melanc�lico mon�logo. King succiona el horror de Shakespeare, lo desmonta, lo reconstruye, lo reinventa. La palabra horror deriva del lat�n horrere, erizarse o estremecerse. Escribe King: �El horror roza con su g�lido toque todo lo que nos resulta familiar, un toque repentino y de una fuerza inesperada�.
Un a�o sumergida en la mente de Stephen King: la experta en Shakespeare que desentra�� los secretos del maestro del terror
Caroline Bicks, estudiosa de Shakespeare y titular de la c�tedra Stephen E. King de Literatura en la Universidad de Maine, ha conseguido algo que cualquier lector de King...








