El dólar quedó cerca de la barrera de los $1.500 y el Gobierno decidió trazar una línea roja. Tras dos meses de subas graduales y en una jornada de fuerte presión cambiaria donde el Banco Central decidió retirarse, el Tesoro Nacional salió a asistir: inyectó USD 145 millones en el mercado para ponerle un techo a la cotización. Una jugada que desnudó la estrategia oficial de sostener la pax cambiaria para no quebrar el equilibrio de la bicicleta financiera y evitar saltos bruscos que puedan trasladarse a precios, justo cuando el objetivo es profundizar el modelo a fondo para llegar a la inflación cero.
Aunque el vocero presidencial, Adrián Ravier, hizo ruido semanas atrás al admitir que el dólar podría escalar a los $1.800 en el corto plazo, la realidad del mercado marca otro compás. El equipo económico viene orquestando un trabajo fino de intervención indirecta. Hasta ahora, el ancla principal era la venta masiva de títulos dollar linked. Este mecanismo permite a los inversores atar sus tenencias en pesos a la devaluación oficial, lo que funciona como un seguro de cambio, absorbe demanda y le quita presión directa a la plaza cambiaria.
La muñeca oficial y la intervención indirecta
Pero la cobertura financiera no bastó y el martes pasado, el Tesoro tuvo que salir a la cancha con reservas líquidas, según confirmó días después el balance cambiario del BCRA. Un informe de la sociedad de bolsa Portfolio Personal de Inversiones (PPI) precisó que julio cerró con un dólar bajo control, revirtiendo la suba previa para terminar el mes con un alza marginal del 0,2%. El tipo de cambio oficial retrocedió 0,8% en la última semana hasta los $1.485. Si bien el debilitamiento global de la divisa estadounidense dio oxígeno (el índice DXY cayó 1,5%), la clave estuvo en la muñeca oficial para frenar un dólar que había tocado su mayor valor nominal desde la salida del cepo.














