Designada hace año y medio como sede del Mundial de fútbol de 2034, Arabia Saudí asegura que está preparada para cualquier desafío, por gigante que parezca, como por ejemplo el de acoger a 64 selecciones. La apuesta llega en un momento de cambio en los objetivos que persigue el Fondo de Inversión Pública (Public Investment Fund, PIF, por sus siglas en inglés) del país, que ha mudado su estrategia hacia el deporte con decisiones tan sonadas como la de dejar de respaldar el circuito LIV de golf o paralizar el proyecto de construir pistas de esquí artificiales y un complejo de lujo para acoger los Juegos Asiáticos de Invierno de 2034. No habrá desinversión en el fútbol, pero sí un nuevo lenguaje que integra conceptos como “sostenibilidad” y “control” y apunta hacia las infraestructuras como modelo de crecimiento. Algo se mueve en Arabia, singularmente en su fútbol, que desde hace un año tiene un club en su máxima categoría, el Al-Kholood, en manos de un inversor extranjero, el norteamericano Ben Harburg.Los leves aires privatizadores (hace un año el 70% del Al-Hilal se traspasó del PIF a un holding de un miembro de la familia real por una cantidad cercana a los 400 millones de euros) y la búsqueda de la viabilidad económica se reflejan en los movimientos del mercado de fichajes exterior, en el que los equipos de la Saudi Pro League evolucionan este verano con una notable pereza. Su plazo para realizar adquisiciones finalizará este ejercicio nada menos que el 12 de octubre, pero la competición empezará en diez días y el gasto apenas sobrepasa los 180 millones de euros. 64 de ellos los pagó el Al-Hilal por el holandés Summerville y 40 el Al-Ahli por el luso Trincao. Este último destino lo acaba de desechar el técnico Marcelino García Toral. Además, los otros dos grandes clubes del país están en problemas. Al-Ittihad quiere reducir su masa salarial y para ello dio salida el año pasado a Benzema y Kanté sin reemplazarlos por futbolistas de su caché. Y el Al-Nassr, tras acumular una deuda de más de 200 millones de euros y recibir una reprimenda que se plasmó en varias suspensiones a sus gestores, ya no acude al mercado con el mismo desprendimiento con el que reclutó a Cristiano Ronaldo. El astro portugués, que recibe un salario que supera los 200 millones de euros anuales, protagonizó el pasado mes de febrero una inédita protesta que le llevó a estar ausente del equipo durante tres partidos. Según deslizó la prensa portuguesa, se quejaba por un supuesto trato de favor a sus rivales por parte del fondo público que sostiene a los cuatro grandes clubs de la competición. Desde que Cristiano Ronaldo llegó a Al-Nassr el club ha invertido solo en traspasos unos 400 millones de euros. Este año si mantiene en su plantel no solo al astro portugués, sino también a Sadio Mané, Kingsley Coman, Joao Félix, Jhon Durán, Wesley Gassova o Íñigo Martínez sostendrá una masa salarial de 450 millones de euros. Pero no logra obtener autorización para cerrar la incorporación de Samú Costa en una operación que le debería reportar 22 millones de euros al Mallorca.El fondo público saudí está atento a posibles compradores interesados tanto en Al-Ittihad como en Al-Nassr mientras Al-Hilal no encuentra la manera de conformar una oferta que convenza a Luis Díaz y al Bayern para dejar partir al futbolista colombiano con dirección a Riad. En el curso 2023-24 el gasto en fichajes desde la Saudi Pro League medró hasta los 974 millones de euros; en la siguiente campaña llegó hasta los 614 y en la pasada ascendió de nuevo hasta los 786 millones, antes de que se iniciara la nueva pauta inversora y de la escalada de tensión bélica en la zona. Los planes de desinversión del PIF afectan también a su participación mayoritaria en el Newcastle, donde el técnico Eddie Howe acaba de presentar su renuncia tras las salidas de varios de sus mejores futbolistas. Allí se busca también un comprador y ya no se sueña en grande como ocurrió hace cinco años cuando llegó el capital árabe.Con todo, el dinero no se ha acabado, sino que se redistribuye. El fondo gubernamental árabe ha firmado sendos acuerdos comerciales y de patrocinio con la FIFA que se han hecho efectivos tanto en el Mundial de Clubes de 2025 como en el recientemente acabado de selecciones y, al menos hasta concretar el desafío que aguarda al país en 2034, mantendrá su fuerte inversión en el fútbol.