Pedro Pacheco fue alcalde de Jerez de la Frontera (Cádiz) durante 24 años –desde 1979 a 2003–, parlamentario andaluz y también europeo por el ya desaparecido Partido Andalucista, y se hizo famoso por acuñar una frase que tal vez determinó su futuro: “La justicia es un cachondeo”. Fue su reacción, en 1985, a la anulación, por parte de la Audiencia Territorial de Sevilla, de la orden de derribo del chalet que el cantante Bertín Osborne se había construido sin los preceptivos permisos urbanísticos.—¿Mantiene aquella frase sobre la justicia?—En la actualidad es todavía peor. Ya no es que sea un cachondeo, es que es un sistema corrupto.Pacheco, que ahora tiene 77 años, volvió a sufrir otros encontronazos con la ley, pero ya en carne propia. Fue condenado por irregularidades en la contratación de dos asesores municipales, en la adjudicación de unas obras en la estación de autobuses y por una subvención a la hermandad del Rocío. Las sentencias dejan claro que el alcalde andalucista no se llevó ni un euro, pero fue condenado a un total de ocho años de cárcel y 30 de inhabilitación, y aunque hubo una reacción popular a favor de su indulto –vecinos, artistas, curas y hasta el obispo de Jerez–, permaneció en prisión tres años y medio y en tercer grado otro año más. Esta serie de verano no se detiene en los delitos ni en las sentencias, sino en cómo vivieron la experiencia de la cárcel algunos personajes de la vida pública.Hay un recuerdo que a Pacheco —una persona amable, de buen humor— le sigue nublando el ánimo: “Fue el 24 de octubre de 2014. Me detuvieron por sorpresa. En plena calle. Iba a desayunar en un bar cercano a mi casa. ‘¿Señor Pacheco?’ Sí. ‘Queda usted detenido...’ Increíble, increíble. ¡Nunca me hubiera fugado! ¡Estaba en medio de Jerez, donde todo el mundo me conoce! ¿Qué necesidad tenían de detenerme así? Tal vez quisieron humillarme. Fue el principio de una pesadilla. Tengo grabado el momento en que, solo unas horas después, se cierra el portón de la cárcel detrás de mí. Pensé: ahora sí que ya no estoy. Quedó atrás para siempre la vida que había vivido durante 64 años. A partir de entonces, todo se volvió irreal, como una película. Los presos se me acercaban y me decían: ‘Don Pacheco, no se preocupe usted, que de esta se sale. Don Pacheco... Jejeje. Ahora me río, pero en aquella época te puedes imaginar”. El exalcalde de Jerez, abogado de formación, explica que se puso enseguida a disposición de los internos de bajos recursos que pleiteaban con la dirección sobre su situación penitenciaria: “Me di cuenta de que, por lo general, los abogados se olvidan de sus clientes en cuanto entran en prisión”. Sus intentos por paliar ese desamparo chocaron frontalmente con la dirección de Puerto III. “El juez de vigilancia penitenciaria empezó a estimar los recursos, y ahí se iniciaron mis problemas. Me calificaron como FIES [Fichero de Internos de Especial Seguimiento]. Imagínese: si los terroristas de ETA o los islamistas tenían la calificación 5, yo tenía la 4. Me intervenían las cartas, me hacían registros continuamente, me tiraban la ropa y los libros al pasillo; hasta por tener una cruz de San Andrés un centímetro más grande de lo permitido, me pusieron un parte. Con el tiempo me fui dando cuenta de lo que ocurría. El director de la prisión, un tal Miguel Ángel Rodríguez, al que llamaban Micky, fue detenido por la Guardia Civil por cobrar sobornos a los reclusos a cambio de la concesión irregular de favores”.—¿Qué aprendió en prisión?—En lo personal, que los amigos se pueden contar con los dedos de una mano. A los aduladores, aunque fueran cientos, se los llevó enseguida el viento de Levante. Pero lo más triste de todo es darte cuenta en directo de que el ascensor social no existe. La desigualdad es tan grande que hay chicos y chicas destinados a ser delincuentes desde que nacen, y cuando entran en la cárcel, tampoco se benefician de la supuesta reinserción. Es muy difícil que, una vez que caen, remonten el vuelo.Otra de las cosas que le chocaron en Puerto III es lo que considera una interpretación perversa de la ley: “Si entras con una condena larga, te dicen: hasta dentro de dos o cuatro años, ni molestes. Como si la función de la cárcel fuese endurecer la sentencia. Eso provoca desesperanza. Muchos internos salen vencidos”. No es su caso. Desde hace años, el exalcalde andalucista batalla —sin éxito por ahora— para que el Gobierno le conceda un indulto que le libraría de la inhabilitación. ¿Tal vez para volver a la política? Motivación no le falta: “La Transición no desmontó las estructuras de poder heredadas del franquismo. En España siguen mandando los azules”.Pacheco cuenta que, unos meses después de su salida de prisión, recibió en el sótano de su casa de Jerez —donde cientos de libros conviven con una pequeña bodega— a un viejo amigo acompañado de su hermano, un prestigioso psiquiatra. “Al irse”, confía el exalcalde, “le confesé que seguía furioso, que yo en mi vida había odiado, y que ahora me invadía ese sentimiento. Me respondió: ‘Es una reacción natural a lo que has vivido, pero si dentro de un tiempo razonable sigues así, llámame y lo vemos”.Hay veces que olvida por completo la experiencia de su estancia en prisión, pero en otros momentos vuelve el desasosiego, una sensación de tristeza que le golpea el alma como un martillo pilón: “En esos momentos me doy cuenta de que yo salí de la cárcel, pero la cárcel no ha salido de mí”.
Pedro Pacheco: “Yo salí de la cárcel, pero la cárcel no ha salido de mí”
El político andalucista defiende la vigencia de su famosa frase: “La Justicia es un cachondeo”






