Análisis Exclusivo suscriptores Con mediación de EE. UU., Israel y Líbano discutirán desde este martes en Roma un plan piloto para el retiro gradual israelí del sur libanés.Encuentro entre representantes de Israel y Líbano en Washington. Foto: AFP03.08.2026 22:10 Actualizado: 03.08.2026 22:10
Líbano e Israel celebrarán una nueva ronda de negociaciones en Roma a partir de este martes y hasta el 6 de agosto, mediadas por Estados Unidos, para implementar un acuerdo marco de seguridad y ampliar las zonas piloto en el sur libanés. LEA TAMBIÉN Por un lado, Líbano insiste en que el primer paso debe ser el retiro de las tropas israelíes de las primeras tres localidades incluidas en el plan piloto -Froun, Ghandouriyeh y Zawtar al-Gharbiyeh-, concebido como una prueba para implementar el acuerdo alcanzado entre ambos países con mediación de Estados Unidos. El mecanismo prevé un repliegue gradual de las fuerzas israelíes y el despliegue del Ejército libanés en esas zonas para asumir el control e impedir que Hezbolá vuelva a establecer control militar. Si esa etapa resulta exitosa, el retiro podría extenderse progresivamente al resto del sur del Líbano. Tanques de combate israelíes se despliegan en la aldea de Zawtar al-Sharqiyah, en el sur del Líbano. Foto: AFPIsrael, por su parte, asegura que mantiene su compromiso con el acuerdo, pero condiciona el retiro de sus tropas a que el Ejército libanés pueda ejercer un control efectivo sobre esas zonas e impedir que Hezbolá vuelva a desplegar infraestructura militar cerca de la frontera. No obstante, en medio de la mesa está qué hacer con Hezbolá, el grupo político y fuerza militar de musulmanes chiitas en el Líbano, considerado como organización terrorista por el país hebreo, y que enfrenta a Israel desde la frontera libanesa siendo el eje de las posibilidades de paz y estabilidad entre las partes. LEA TAMBIÉN Las claves de la ronda de diálogos entre Israel y Líbano El problema de fondo trasciende la relación entre ambos países. El gobierno israelí sostiene que no tiene reivindicaciones territoriales sobre el Líbano y que la presencia de sus tropas responde exclusivamente a razones de seguridad vinculadas a la amenaza que representa Hezbolá. Beirut, en cambio, considera que cualquier permanencia de fuerzas israelíes constituye una ocupación que debe terminar conforme a los acuerdos alcanzados y reclama un calendario claro para su retirada. Fuerzas israelíes realizaron varias detonaciones durante la noche cerca del castillo de Beaufort. Foto: AFPAl mismo tiempo, el actual gobierno libanés, encabezado por el presidente Joseph Aoun (cristiano) y el primer ministro Nawaf Salam (musulmán), endureció públicamente su discurso contra Hezbolá. Ambos reiteran que ninguna organización armada debe utilizar el territorio libanés para atacar a un país vecino y exponer al Estado a nuevas represalias. Las declaraciones del presidente Aoun fueron especialmente llamativas por el tono empleado. En una entrevista concedida semanas atrás a CNN, respondió al secretario general de Hezbolá, Naim Qassem, quien había cuestionado el acercamiento con Israel, afirmando: "Este no es su país; es nuestro, y somos nosotros quienes debemos decidir qué necesita Líbano". LEA TAMBIÉN El mensaje apuntaba directamente a la influencia iraní sobre la organización. Para Aoun, quien condiciona buena parte de las decisiones de Hezbolá es Teherán, país que impulsó la creación del grupo hace más de cuatro décadas y que Israel considera su principal aliado regional. Meses atrás, el gobierno libanés intentó expulsar al embajador iraní en Beirut, aunque la medida finalmente no llegó a concretarse. Hezbolá sufrió un importante debilitamiento militar desde el inicio de la guerra, aunque continúa conservando capacidad operativa. Israel estimaba que el grupo disponía de alrededor de 150.000 misiles y proyectiles antes de la escalada iniciada en octubre de 2023. Aunque las autoridades israelíes consideran que ese arsenal se redujo considerablemente, sostienen que la organización mantiene suficientes capacidades para seguir representando una amenaza para las comunidades del norte del país y continúa intentando reorganizarse. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. Foto: Getty Images via AFPLa respuesta militar israelí dejó una profunda destrucción en el sur del Líbano. Según el ejército israelí, durante sus operaciones fueron localizados depósitos de armas, posiciones de lanzamiento de cohetes y túneles utilizados por Hezbolá en numerosas localidades de la zona, razón por la cual fueron destruidas esas infraestructuras para impedir que volvieran a ser utilizadas. Al mismo tiempo, organismos internacionales documentaron graves daños sobre infraestructura civil y un elevado impacto humanitario. La guerra provocó el desplazamiento de cientos de miles de personas y dejó 4.328 muertos desde el inicio de los enfrentamientos el 2 de marzo. Y mientras que Israel sostiene que la mayoría de las bajas corresponden a miembros de Hezbolá, distintas organizaciones humanitarias señalan que entre las víctimas también hay un número significativo de civiles. LEA TAMBIÉN La capacidad del Líbano para atender situación interna: el desafío pendiente desde la resolución 1701 Uno de los principales interrogantes es si el Ejército libanés tendrá esta vez la capacidad política y militar para hacer cumplir los acuerdos.Hace exactamente dos décadas, al finalizar la Segunda Guerra del Líbano, el Consejo de Seguridad de la ONU aprobó la resolución 1701, que establecía que Hezbolá debía retirarse al norte del río Litani y que ninguna fuerza armada distinta del Ejército libanés podía operar en esa zona. Sin embargo, esas disposiciones nunca llegaron a aplicarse plenamente. Israel sostiene que Hezbolá continuó fortaleciendo su presencia militar con apoyo financiero y armamentístico de Irán, mientras que Beirut argumenta que las limitaciones del Estado y la compleja realidad política interna impidieron aplicar íntegramente la resolución. Simpatizantes de Hezbolá. Foto: AFPDesde la perspectiva israelí, ese incumplimiento permitió que Hezbolá se convirtiera en una amenaza mucho mayor para su seguridad y, al mismo tiempo, aumentó el riesgo de que el propio territorio libanés volviera a convertirse en escenario de nuevos enfrentamientos. La gran pregunta es si una eventual pérdida de influencia del régimen iraní -que por ahora no parece inminente- bastaría para debilitar de forma definitiva a Hezbolá. Por ahora, el objetivo es mucho más modesto: comprobar si el plan piloto permite generar la confianza suficiente para avanzar hacia un retiro gradual de las tropas israelíes y una mayor presencia del Estado libanés en el sur. Si ese mecanismo prospera, podría abrir una nueva etapa de negociación. LEA TAMBIÉN Sin embargo, el éxito del proceso dependerá no solo de los compromisos que asuman Israel y Líbano, sino también de la capacidad del gobierno libanés para limitar el margen de acción de Hezbolá y de la influencia que Irán continúe ejerciendo sobre la organización. JANA BERIS - Corresponsal de EL TIEMPO - Jerusalén Sigue toda la información de Internacional en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.






