La llegada de Andy Burnham al cargo de primer ministro del Reino Unido abrió una nueva etapa en la relación entre Londres y Washington. Aunque Donald Trump y el líder laborista mantienen diferencias ideológicas marcadas, ambos coincidieron en la importancia de preservar la histórica alianza entre Estados Unidos y el Reino Unido. Antes de que Burnham asumiera el cargo, Trump se mostró escéptico sobre el dirigente británico. En declaraciones a la prensa lo calificó como “extremadamente liberal” y sugirió que sus políticas en materia energética y climática podrían alejarse de los intereses que el mandatario estadounidense promueve, especialmente en relación con la explotación de petróleo y gas en el mar del Norte. Por su parte, Burnham había criticado con anterioridad el estilo de liderazgo de Trump. Durante la campaña para convertirse en líder del Partido Laborista advirtió que la política estadounidense se había vuelto excesivamente polarizada y afirmó que ese modelo no debía replicarse en el Reino Unido.

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