3 de agosto, 2026 - 07h30Intentaremos comentar el filme La Odisea, contando con que en estas páginas me han precedido tres colegas con artículos inteligentes e informados. Supongo que a Christopher Nolan, director de la reciente versión cinematográfica de la obra maestra clásica, que hoy se exhibe en los cines del mundo, debe haberle embargado una sensación de respeto, asombro y desafío, cuando emprendió la tarea de reinterpretar y adaptar ese libro. Puesto que ese propósito se intentó desde Eugamón de Cirene, en el siglo VII a. C.; pasando por Eurípides, en 406 a. C. y James Joyce en 1922; hasta Wolfgang Petersen, en 2004. Y centenares e incluso miles de otros artistas del más diverso origen. Dirán que mezclo dramaturgia, novela y cine. Sí, porque todas estas manifestaciones de arte son, en mi opinión, géneros de la literatura. Todas relatan el acaecer de un suceso o series de sucesos más o menos concatenados. Unas usan voces y gesticulación, otras imágenes proyectadas y otras textos, siendo estos el sustrato en el que subyacen todas y al que todas pueden reducirse. Dada esta relación entre libro y película, es labor de un guionista, que puede ser el propio director, como en este caso, revisar las versiones previas que le abrirán o le cerrarán luces para su labor. (Nolan confesó haber tardado 33 años en leer Ulises de Joyce, terminándola cuando hacía la posproducción de la película).Por todo esto, no es tan buena idea ver la película después de haber leído el libro. Sucede que las novelas tienen un guion subyacente, el lector lo usa para hacer su propia película en su mente. El director cinematográfico hará algo parecido y lo adaptará inevitablemente a sus propias interpretaciones y a las tan determinantes realidades de la producción. Así, cuando vemos el filme, generalmente difiere de nuestro guion mental y nos decepciona. Si tenemos la posibilidad, hagamos el ejercicio contrario. Ver primero la cinta y luego bregar con el texto en papel o documento electrónico. Los personajes adquieren caras y los escenarios colores, con lo que nos gustarán más ambas obras.La Odisea de Nolan me agarra con siete décadas de lecturas y cine. Sin embargo, cuando una película está lograda, tiene carácter, se impone sobre las ideas previas, como en este caso. La adaptación de la historia no traiciona la obra, sin ser literal, que es algo que nadie habrá pedido. La dirección de actores es estupenda y la producción grandiosa, si bien en algunas escenas es especulativa. Los efectos especiales cumplen su función, algunos, como el cíclope y Escila, son de factura superior. Parece muy interesante apelar a la realidad histórica en la que probablemente se desarrolló la gesta de Troya y sus secuelas: la Edad de Bronce, con sus duros códigos morales, cuando los “pueblos del mar” comienzan a llegar a Grecia y está por comenzar la “edad oscura”, esos hechos y situaciones complejos, si bien se citan, no se explican. El personaje principal aparece más fuerte y valeroso, que sagaz. No sentí en él al “astuto Odiseo”. Es una gran película, pero no una obra maestra. De todas maneras, es bienvenida, pues ha desatado en muchos países una fiebre por leer la versión completa del libro de Homero. Ojalá viésemos algo así por este país de “medio libro al año”. (O)
Alfonso Reece Dousdebés: El valor de ‘La Odisea’ | Columnistas | Opinión
(...) ha desatado en muchos países una fiebre por leer la versión completa del libro de Homero.










