Nadie esperaba que el centro de operaciones de una de las organizaciones cibernéticas más peligrosas del mundo se encontrase en la habitación de un adolescente. Una operación conjunta y milimétrica entre la Ertzaintza, los Mossos d'Esquadra y la Guardia Civil ha culminado con la detención en Gipuzkoa de un menor de apenas 17 años. Sin alcanzar la mayoría de edad, las autoridades y el Departamento de Seguridad lo buscaban como el principal referente y líder en España de la Red 764, un grupo transnacional extremista especializado en la extorsión sexual, el acoso organizado, la distribución de material de explotación sexual infantil y la humillación extrema de menores vulnerables. Actitudes que han llevado a países como Canadá a catalogar a su grupo como una entidad terrorista. Anunciaba falsos tiroteos en colegios Entre enero y abril de 2026, el detenido orquestó una campaña de terror sistemático que obligó a desplegar dispositivos extraordinarios de seguridad en múltiples puntos de España. Sus objetivos eran variados: desde centros educativos y bibliotecas, hasta ayuntamientos y particulares. El joven anunciaba tiroteos, ataques armados y acciones violentas en colegios, asegurando que retransmitiría los asesinatos en directo a través de plataformas online para el "disfrute" de los demás miembros de la secta. El nivel de peligrosidad de sus acciones alcanzó el panorama político nacional. El grupo estuvo detrás de las amenazas de muerte dirigidas contra la exministra de Igualdad, Irene Montero, y la activista Sarah Santaolalla. En el caso de la dirigente de Podemos, el acoso cruzó todas las líneas rojas el pasado 8 de marzo, cuando los mensajes de odio señalaron explícitamente su domicilio particular, haciendo referencia a sus hijos menores de edad y a su pareja. Arruinando vidas a distancia Para sembrar el caos sin moverse de su silla en Gipuzkoa, el menor recurría a tácticas habituales en las comunidades más extremistas de la "deep web": Swatting: Realización de falsos avisos de emergencias extremadamente graves para provocar la irrupción de unidades policiales fuertemente armadas en domicilios de personas inocentes. Doxing y suplantación de identidad: Robo y publicación de datos personales para desviar la atención de los investigadores y señalar a terceros. Como consecuencia directa de estas prácticas, al menos dos personas —una en Euskadi y otra en Cataluña— sufrieron campañas de hostigamiento por delitos que nunca habían cometido, viendo sus vidas convertidas "en un infierno" por culpa de la suplantación. Sangre, heces y control mental El aspecto más oscuro de la investigación, que se ha prolongado durante meses, es el modus operandi de la banda para captar a sus víctimas. La organización buscaba a menores y jóvenes con perfiles vulnerables a través de redes sociales y plataformas de videojuegos. Lo que comenzaba como una aparente relación de amistad en comunidades de juego, pronto viraba hacia una espiral de chantaje, aislamiento y manipulación psicológica. Los investigadores han documentado prácticas de una degradación absoluta. En los espacios digitales que controlaba el detenido, se fomentaba la inducción a la autolesión, forzando a las víctimas a grabarse realizándose cortes en los brazos, llegando a exigirles que se tallaran en la piel el nombre o los alias de sus captadores.También se obligaba a los menores a exhibir mensajes escritos con su propia sangre o con heces para difundir posteriormente las imágenes dentro de la comunidad virtual, utilizándolas como material de extorsión y mecanismo de control absoluto sobre la víctima. El origen de la secta El nombre de la Red 764 no es casual. Surgió en Estados Unidos y debe su denominación a los tres primeros dígitos del código postal de Stephenville (Texas), la localidad de origen de su fundador. Lo que nació como un foro marginal de perturbados ha evolucionado hasta convertirse en una hidra internacional que ha puesto en alerta a las fuerzas de seguridad de medio mundo. El reinado del cabecilla español terminó el pasado 16 de julio. Tras meses de pesquisas conjuntas, y con autorización del Juzgado de Menores de San Sebastián, los agentes registraron dos inmuebles en Gipuzkoa vinculados al adolescente, incautando numerosos dispositivos y material clave para desmantelar la red. Tras pasar a disposición judicial, hoy el menor ya se encuentra cumpliendo una medida preventiva de internamiento en un centro especializado. Su detención es un triunfo policial, pero también una cruda alerta social: el peligro para los más jóvenes ya no acecha únicamente en callejones oscuros, sino que puede estar agazapado al otro lado de sus propios teléfonos móviles. Nadie esperaba que el centro de operaciones de una de las organizaciones cibernéticas más peligrosas del mundo se encontrase en la habitación de un adolescente. Una operación conjunta y milimétrica entre la Ertzaintza, los Mossos d'Esquadra y la Guardia Civil ha culminado con la detención en Gipuzkoa de un menor de apenas 17 años.