A las tres de la tarde de este jueves, Sheila Ebana bajaba de un AVE procedente de Barcelona en la estación de Madrid. Vestía completamente de negro: gorra negra, camiseta negra, pantalón negro y unas largas trenzas que enmarcaban un rostro prácticamente sin maquillaje, salvo unas pestañas impecables que acentuaban una belleza muy natural. Sonreía, caminaba tranquila y esperaba el coche que debía recogerla. No iba sola. A su alrededor se movían tres ir mujeres que parecían conocer perfectamente su papel. Una le hacía fotografías con el móvil, otra le indicaba por dónde caminar y una tercera se ocupaba del equipaje y de coordinar toda la llegada. Mientras tanto, unos pasos por detrás, su marido permanecía pendiente del hijo pequeño de la familia durante todo el recorrido por la estación. Una escena sencilla, pero muy reveladora de cómo ha cambiado la vida de la madre de Lamine Yamal. La matriarca viajó a Madrid para ir al concierto de Kanye West, con quien se hizo fotos después como una fan más. Lamine con su madre, Sheila Ebana; su primo, Mohamed Abde; y su amigo Souhaib. (Reuters/ Mike Segar) La imagen se producía, además, el mismo día en que trascendía el intento de suplantación de identidad que ha sufrido Sheila. Hace apenas unos años era una mujer completamente anónima. Hoy, cada movimiento suyo despierta interés. Porque alrededor de Lamine Yamal se ha construido un auténtico matriarcado. Un grupo de mujeres que, cada una desde un papel muy distinto, sostiene al futbolista más allá del terreno de juego. Inés, asesora en todo