EntrevistaEl dem�grafo m�s influyente de EEUU advierte: la humanidad se asoma a su primer declive de poblaci�n desde la Peste Negra, a causa de un enigm�tico desplome mundial del deseo de tener hijos que nadie ha sabido revertirDaniel ArjonaActualizado Lunes,

agosto

08:26Una noche sofocante de mediados de los a�os 60, un joven entom�logo de Stanford cruz� Delhi en taxi y crey� ver el futuro: �Gente comiendo, gente lav�ndose, gente durmiendo�, escribir�a despu�s, gente desbordando cada calle de la ciudad. De aquel espanto naci� en 1968 La bomba demogr�fica, el superventas que pronosticaba hambrunas con cientos de millones de muertos para la d�cada siguiente y que convirti� a Paul Ehrlich en estrella televisiva, invitado m�s de 20 veces al show de Johnny Carson, el rey de los late night. Las hambrunas jam�s llegaron. Medio siglo despu�s, el p�nico se ha invertido y los dem�grafos, en lugar de contar multitudes, cuentan cunas vac�as.Nicholas N. Eberstadt (Nueva York, 1955) desconfi� de aquel consenso desde el principio. Titular de la c�tedra Henry Wendt de Econom�a Pol�tica en el American Enterprise Institute de Washington, lleva medio siglo estudiando la poblaci�n mundial y anticip� la implosi�n demogr�fica cuando casi nadie la ve�a venir en un estudio publicado hace tres d�cadas bajo el t�tulo World Population Implosion? Autor de Men Without Work y del ensayo The Age of Depopulation (Foreign Affairs), que bautiz� la era que ahora comienza, nos recibe en Madrid horas antes de pronunciar en la Fundaci�n Ram�n Areces una conferencia cuyo t�tulo suena inevitablemente a ultim�tum: �La despoblaci�n mundial: estemos preparados o no, ya est� aqu��.Jap�n inscribi� en 2024 menos nacimientos que en 1873, cuando el pa�s estrenaba la era Meiji. La Francia metropolitana registr� en 2023 apenas dos tercios de los beb�s que trajo al mundo en 1806, el a�o en que Napole�n venci� en Jena y Hegel se sobrecogi� al verle a caballo. Corea del Sur ha quemado m�s de 100.000 millones de d�lares en pol�ticas natalistas para desplomarse hasta los 0,7 hijos por mujer y el recuento de nacimientos que Pek�n public� este a�o dej� at�nitos a los dem�grafos, con una ca�da que el propio Eberstadt compara con las que siguen a una hambruna o una plaga. Espa�a, con sus 1,1 hijos por mujer, figura entre los alumnos m�s aventajados de una clase a la que ya asiste, a distinta velocidad, el 70% de la humanidad. Sobre ese paisaje conversamos con un hombre que, pese a todo, no cede ni al alarmismo ni al consuelo.Para saber m�sToda una generaci�n crecimos con 'Cuando el destino nos alcance', tambi�n con el Club de Roma. El futuro era entonces un vag�n de metro insoportablemente abarrotado. Usted vio construirse ese consenso en tiempo real. �Qu� le hizo sospechar?Llevo m�s de 50 a�os intentando aprender sobre demograf�a y poblaci�n desde la universidad. Incluso en los primeros tiempos de la llamada explosi�n demogr�fica, cuando el p�nico se sinti� en tantos �mbitos intelectuales, acad�micos y pol�ticos, yo ya era esc�ptico al respecto. La raz�n de mi desconfianza era, sencillamente, que el mundo no estaba explotando de gente porque los seres humanos hubieran empezado de pronto a reproducirse como conejos. Lo que ocurri�, m�s bien, es que dejaron de morir como moscas. La explosi�n demogr�fica del siglo XX, la cuadruplicaci�n del n�mero de seres humanos entre 1900 y 2000 se debi� por entero a que la esperanza de vida al nacer se duplic� con creces: pas� de unos 30 a�os a casi 65. Y si uno va a tener un problema de poblaci�n, en fin, mucha salud me parece un problema de poblaci�n bastante bueno. Abre muchas otras opciones, procura muchos otros beneficios. Puede que no se capitalice, pero ofrece la posibilidad de disponer de capital y de productividad humanas. Lo hemos visto en todo el mundo, en mayor o menor medida. La poblaci�n mundial se ha m�s que duplicado desde que empec� a estudiar demograf�a, y el mundo es m�s rico, m�s educado, m�s sano y m�s innovador tecnol�gicamente. En innumerables aspectos materiales, la vida es ahora mucho mejor que cuando la poblaci�n era menor.�Cu�ndo supo que el mundo iba exactamente en la direcci�n contraria de la que tanto se tem�a?Empec� a preguntarme si podr�amos llegar a vivir una implosi�n demogr�fica mundial hacia el final de la Guerra Fr�a. Ya en aquel momento estaba bastante claro que en muchos pa�ses las pautas de natalidad, las tasas de nacimientos y los niveles de fecundidad eran m�s bajos de lo que jam�s se hab�a registrado en tiempos de paz. Y no hab�a ninguna se�al de que la cosa fuera a detenerse, de que hubiera un suelo, de d�nde acabar�a par�ndose. As� que hace unos 30 a�os escrib� un estudio titulado World Population Implosion? y ese fue el comienzo de mi investigaci�n formal sobre la cuesti�n. Ya para entonces estaba bastante claro que �bamos a ver declive demogr�fico en muchas partes del mundo. Cuando escrib� aquel art�culo, la poblaci�n de Rusia ya estaba disminuyendo, tambi�n las poblaciones de algunos pa�ses de Europa central. As� que no significa que yo estuviera dotado con ning�n don m�gico. Esa tendencia no era algo oculto.En esta ocasi�n, la causa de la despoblaci�n no deriva de una cat�strofe como la Peste Negra, sino de un declive mundial del deseo de tener hijos. Usted mismo admite que nadie ha conseguido explicar por qu� est� sucediendo algo as�. La fecundidad cae en teocracias y en socialdemocracias, en pa�ses ricos y en pa�ses pobres, con guarder�as gratuitas y sin ellas. Si tuviera que apostar por una �nica causa dominante como el coste del tiempo de las mujeres trabajadoras, la secularizaci�n, el colapso del emparejamiento o cualquier otro motivo vinculado a nuestra forma de vivir, �cu�l elegir�a?Esa es la pregunta esencial, y me temo que voy a suspender su examen porque no puedo darle la respuesta perfecta para aprobarlo. Pero lo intentar�. Como usted indica, el descenso de la natalidad est� ocurriendo hoy en contextos sociales, econ�micos, culturales e hist�ricos muy distintos por todo el mundo. Incluso en muchos pa�ses pobres, muy pobres, tambi�n est� pasando. Y como bien dice, no obedece a un aumento de las tasas de mortalidad: se debe a que la gente est� eligiendo familias m�s peque�as. El n�mero deseado de hijos es el mejor predictor de lo que est� pasando en todo el mundo con las pautas de natalidad. No es perfecto, pero es mejor que cualquier otro, y yo sostendr�a que la persona capaz de responder a su pregunta merece un Premio Nobel. Pero no el de Econom�a, creo que merecer�a el de Literatura, porque la verdadera respuesta tendr� que ver con secretos guardados en 8.000 millones de corazones por todo el mundo. En realidad, existe una enorme variedad y complejidad de respuestas a esta pregunta. Lo que s� puedo decir, de la manera m�s general, es que estamos viendo un enorme cambio mundial de mentalidad. Hay un gran cambio de mentalidad sobre la familia y sobre la crianza. Sus particularidades ser�n sin duda distintas en Espa�a y en mi pa�s, Estados Unidos, y distintas a su vez respecto a las de Tailandia."El estado del bienestar espa�ol genera la impresi�n de que la llegada de inmigrantes resuelve el problema de la despoblaci�n, pero en realidad solo lo aplaza"�Ha cambiado algo as� como el esp�ritu de la �poca?S�, entender el zeitgeist, entender la mentalidad va a representar la �nica respuesta posible. Si tuvi�ramos 100 periodistas intr�pidos como usted en 50 lugares distintos del mundo preguntando a la gente por su vida familiar comprender�amos mucho mejor la textura, conocer�amos mucho mejor la historia personal de lo que ya sabemos hoy. Es una especie de contradicci�n de nuestra era de la informaci�n que no nos hayamos molestado en hacerlo. No puedo demostrarlo, pero creo que nuestro amiguito de aqu� [se�ala su tel�fono m�vil] puede tener algo que ver con la reciente aceleraci�n de la ca�da de la fecundidad, igual que la p�ldora anticonceptiva fue algo m�s que una tecnolog�a y cambi� para siempre las mentalidades de la poblaci�n. Esto no es exactamente una tecnolog�a anticonceptiva, pero parece estar actuando como si lo fuera. No puedo demostrarlo, pero esa es mi sospecha.Est� usted en el pa�s perfecto para su conferencia. Espa�a tiene 1,1 hijos por mujer, una de las tasas de fecundidad m�s bajas de Occidente, y sin embargo est� batiendo r�cords de poblaci�n gracias a la inmigraci�n. Un tercio de nuestros nacimientos son ya de madres nacidas en el extranjero. �Es Espa�a la prueba de que la inmigraci�n resuelve el problema, o se trata simplemente de un pa�s que ha aprendido a aplazarlo con elegancia?Bueno, es una opci�n posible. La raz�n de que sea cauto con esto es que creo que depende de varias cuestiones importantes. Veamos. �Cu�l es la naturaleza de los inmigrantes? �Pueden asimilarse con �xito a la cultura receptora? �Pueden asimilarse a la sociedad hasta convertirse en ciudadanos leales y productivos? Luego est� la cuesti�n del pa�s receptor. �Cuenta el pa�s receptor con la flexibilidad cultural y el dinamismo necesarios para poder gestionarlo? Porque el peor desenlace ser�a una suerte de balcanizaci�n en la que haya comunidades que no sean amistosas ni est�n integradas en la vida de la naci�n. Hoy vemos, creo, toda una gama de experiencias. Una de las cosas que conviene tener presente, creo, en el caso de Espa�a, es que ustedes tienen un Estado del bienestar muy generoso. Y por eso puede parecer que los migrantes que llegan a Espa�a resuelven la cuesti�n de la mano de obra y aplazan la crisis del Estado del bienestar. Si se mira m�s de cerca se ver� que en Espa�a y en la mayor�a de los dem�s pa�ses de Europa los reci�n llegados tienen tasas de participaci�n laboral m�s bajas que las personas nacidas en su pa�s, y tambi�n niveles de formaci�n algo m�s bajos. �Por qu� es importante eso? Si se tiene un Estado del bienestar generoso, un sistema de seguridad social progresivo, significa que en realidad solo se est� aplazando un poco el problema fiscal y presupuestario. Y no se produce la transferencia que se esperaba obtener de la inmigraci�n. Pero esta respuesta ya es demasiado larga. La versi�n corta es que creo que la inmigraci�n puede ser una estrategia competitiva de �xito para los pa�ses que son buenos recibiendo a los reci�n llegados.Si las pol�ticas natalistas no funcionan (Corea del Sur se ha gastado 100.000 millones de d�lares para llegar a un 0,7) y la inmigraci�n solo compra tiempo, si es que funciona, �qu� significa exactamente "prepararse para la despoblaci�n mundial", como menciona el t�tulo de su conferencia en Madrid?Soy bastante esc�ptico acerca de las pol�ticas natalistas, puesto que mi perspectiva, como he mencionado, es que el n�mero deseado de hijos de los padres parece ser el principal determinante de los niveles de fecundidad en la mayor�a de los pa�ses. Las pol�ticas natalistas no conseguir�n gran cosa a menos que cambien la mentalidad, �y c�mo se cambia la mentalidad con una pol�tica natalista? �Se puede? No es evidente. Mi perspectiva es que, igual que los seres humanos burlamos a Malthus, por decirlo as�, durante la explosi�n demogr�fica, creo que podemos adaptarnos con �xito al declive demogr�fico a largo plazo y al envejecimiento, porque somos el m�s adaptable, el m�s ingenioso, el que mejor resuelve problemas de todos los animales. Ya hemos logrado multiplicar nuestra productividad y nuestra riqueza por diez a lo largo de los �ltimos 150 a�os como especie. Creo que, incluso con despoblaci�n y envejecimiento, podemos hacerlo de nuevo, pero no viviendo como vivimos ahora mismo. Tenemos que cambiar muchas cosas y que ser muy flexibles, tenemos muchos malos h�bitos que resultar�an muy caros y dolorosos si no los ajustamos en un mundo donde hay cada vez menos ni�os. Pero soy prudentemente optimista en que podemos lograrlo."Soy bastante esc�ptico acerca de las pol�ticas natalistas, mi impresi�n es que ninguna conseguir� gran cosa a menos que consiga cambiar la mentalidad de la sociedad"Es tranquilizador, gracias. Por cierto, acaba usted de enterrar a Paul Ehrlich con un obituario feroz: un hombre que extrapol� una curva, se equivoc� en todo y nunca pidi� perd�n. Pero sin embargo, su tesis tambi�n extrapola una curva contra el escenario central de la ONU, que todav�a proyecta 10.300 millones de humanos en 2084. Sus cr�ticos dicen que est� usted convirtiendo una tendencia seria en una alarma prematura. �Qu� responde?No queremos vivir en un mundo de ensue�o cuando se nos presenta la oportunidad de prepararnos para desaf�os importantes. Es verdad que no existe un m�todo cient�fico fiable para pronosticar con precisi�n los nacimientos. Eso es absolutamente cierto. Al mismo tiempo, el 80% de las personas que vivir�n en el mundo en 2050 ya est�n vivas. Ya est�n aqu�. Sabemos qu� aspecto va a tener ese perfil. Ya viene dado. Va a ser muy distinto de nuestro mundo de hoy. Y si no empezamos a hacer ajustes, si no nos esforzamos en intentar averiguar c�mo hacer de este un mundo m�s rico, m�s sano, m�s pr�spero y din�mico, seremos nosotros los que paguemos. Mi propia conjetura es que el pico de la poblaci�n mundial puede producirse mucho antes de lo que indican las actuales proyecciones de consenso de la Divisi�n de Poblaci�n de Naciones Unidas. Eso es un trabajo en marcha. Cambia cada par de a�os. Van a publicar nuevas proyecciones dentro de 12 meses y ser�n de nuevo diferentes.Su argumento econ�mico contra la despoblaci�n es que menos gente significa menos cerebros, menos innovaci�n, menos escala. Pero escribe usted esto en 2026, cuando los laboratorios de inteligencia artificial afirman estar automatizando precisamente ese trabajo cognitivo, incluida la propia investigaci�n cient�fica. Si dentro de 20 a�os las m�quinas producen la mayor�a de las ideas nuevas, �no quedar�a su alarma reducida a un problema de pensiones?Cuando uno empieza a considerar las posibilidades demogr�ficas de m�s largo alcance, inevitablemente se adentra de lleno en la ciencia ficci�n. Y los expertos son siempre muy malos haciendo pron�sticos de largo plazo porque est�n encadenados a sus peque�as parcelas de especializaci�n. La pregunta que usted plantea probablemente estar�a mejor dirigida a un gran escritor de ciencia ficci�n que a m�, porque los especialistas de las ciencias sociales, o incluso de algunas de las ciencias naturales, muestran dos problemas cuando miran al futuro: un fallo de imaginaci�n y un fallo de valor. La revoluci�n de la inteligencia artificial es tan audaz que no creo que yo sea la persona indicada para sugerir ad�nde nos estar� llevando dentro de cinco a�os, y mucho menos dentro de 25. Se mueve muy deprisa. Si yo fuera un escritor de ciencia ficci�n, dir�a que la inteligencia artificial que conocemos hoy es una etapa de transici�n hacia la inserci�n de la inteligencia artificial en los cuerpos humanos. Todav�a es una especie de disco duro externo. Pero no creo que sea imposible que un mundo m�s peque�o y m�s viejo se vuelva cada vez m�s pr�spero. Puede que estemos solos, puede que no seamos capaces de encontrar esa clase de b�squeda de sentido que hemos necesitado desde siempre para completarnos, pero hemos descifrado el c�digo de la abundancia material y no creo que vayamos a olvidar esa parte.