DOMINGA.– El agua ocre avanza con la densidad de un caldo que lleva años cocinándose. Botellas de plástico, restos de comida, ropa y pañales forman constelaciones sobre la superficie, y el cauce empuja cada objeto hacia la boca del drenaje. Sobre una tubería de concreto, un trabajador hunde una red metálica, espera unos segundos y tira de ella. Pesca basura. Cada malla aplaza el día en que los residuos cierren el paso del agua, eleven el nivel del canal y su contenido alcance uno de los pozos de abastecimiento del río Lerma.Un Renault 12 azul sin faros pasa junto al canal a toda velocidad. El sol del mediodía en el Estado de México cae a plomo sobre la cuadrilla de seis personas y multiplica el olor que asciende desde el agua. Desde la orilla, la corriente es un espejo roto. Su superficie refleja destellos grasosos, mientras pequeños remolinos arrastran la espuma amarillenta. El hombre conserva el equilibrio sobre el ducto y vuelve a introducir la red, mientras sus compañeros remueven bolsas, latas y ramas acumuladas junto a la alcantarilla.
Un trabajador retira residuos de un canal de desagüe en Capulhuac. Mientras un Renault 12 circula frente a un patio de carga | Alejandro Saldívar






