El presidente electo, Abelardo de la Espriella, ha completado su gabinete de 18 ministros. Este domingo anunció a Claudia Benavides Salazar como ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación. Según él, su nombramiento surgió por la convocatoria que ha llamado “cazatalentos”, una plataforma digital habilitada desde el 13 de julio para recibir hojas de vida de cualquier ciudadano interesado en integrar el Gobierno. El ultraderechista asegura que no conocía a la nueva ministra designada y que su nombre fue seleccionado entre más de 300.000 inscritos.Según su LinkedIn, Benavides Salazar es ingeniera industrial de la Universidad Nacional de Colombia, con maestría en creatividad e innovación y doctorado en competitividad, innovación y sostenibilidad. Desde hace años dirige Incubar Manizales, una incubadora y aceleradora de empresas de base tecnológica fundada en 2001, que según ella misma ha acompañado a más de 1.200 empresas en sectores como biotecnología y economía circular. También es docente de emprendimiento y creatividad de la Universidad de Caldas.Con esta designación, a cinco días de su posesión, De la Espriella completó los 18 ministerios de su gabinete, que combina políticos con de vieja data, algunos perfiles más tecnócratas y la mayoría cercanos a las casas políticas tradicionales que rodearon su campaña. El equipo lo integran Rodrigo Lara Restrepo (Interior), Miguel Gómez Martínez (Hacienda), Iván Cancino (Justicia), el mayor general retirado Jorge Eduardo Mora (Defensa), Omar Bula Escobar (Relaciones Exteriores), Indalecio Dangond (Agricultura), María Nohemí Arboleda (Minas y Energía), Mauricio Gómez Amín (Comercio, Industria y Turismo), Elsa Noguera (Transporte), Viviane Morales (Educación), Fabio Arjona (Ambiente), Jaime Andrés Beltrán (Vivienda), Juliana Gutiérrez Zuluaga (Deporte), Alexandra Falla Zerrate (TIC), Paola Holguín (Culturas, las Artes y los Saberes), Natalia López Fuentes (Trabajo) y Ana María Vesga (Salud).Sin embargo, el arranque del gabinete contrasta con el eslogan que De la Espriella repitió durante toda la campaña: gobernar con “los nunca”, esos “que nunca han vivido de la teta del Estado” ni “han estado en la rosca política”, como repitió hasta el cansancio durante su campaña. En la práctica, buena parte de los primeros nombramientos ha correspondido a los de siempre.Casos como el del nuevo ministro del Interior —heredero de un apellido con peso en la política nacional y con casi dos décadas de trayectoria en el Congreso— o el del titular de la cartera de Hacienda, nieto del expresidente Laureano Gómez, ilustran esa tensión entre el discurso y la práctica. A ellos se suman perfiles con vínculos directos a varias casas políticas tradicionales que acompañaron la campaña de De la Espriella, como el clan Char en Barranquilla, la ciudad desde donde ahora quiere gobernar. El propio proceso de conformación del gabinete estuvo además condicionado por la Ley 581 de 2000, que exige una participación mínima del 50% de mujeres en cargos de alto nivel decisorio. Esa exigencia legal explica en parte por qué carteras como Ciencia, Salud y Trabajo —de las últimas en definirse— terminaron en manos de mujeres, en una carrera contrarreloj que se resolvió apenas días antes de la posesión presidencial.Esa cercanía con la política tradicional colombiana no es solo un detalle simbólico. En un gobierno que llega al poder con el margen de victoria más estrecho de la historia reciente (50,49% frente a 49,51% del oficialista Iván Cepeda), rodearse de figuras con trayectoria legislativa y redes regionales puede facilitar la negociación con un Congreso donde su coalición no tiene mayorías automáticas, y también fortalecer su relación con los poderes locales, aunque el Legislativo no sea su principal frente de batalla.