EntrevistaAcaba de fallecer el periodista, a quien Felipe López Caballero se robó de las mieles de la diplomacia para que dirigiera la refundada ‘Semana’. En 2019, Felipe López Caballero dejó la dirección de la revista ‘Semana’. Foto: Federico Puyo. Archivo EL TIEMPOPERIODISTA02.08.2026 22:01 Actualizado: 02.08.2026 22:01
Con motivo de la muerte de Plinio Mendoza se le han hecho muchos homenajes. En todos se recuerda algo que los jóvenes colombianos no sabían: que fue el primer director de Semana. Como usted fue el fundador de la revista, cuénteme por qué lo escogió a él, cómo fue su relación y qué recuerdos tiene…Yo toda la vida fui revistero y, a finales de 1981, quería fundar una revista de opinión. Estaba buscando a un director y en Cromos había unos artículos que me encantaban, firmados por Juan Cáceres. Yo quería que la publicación tuviera un estilo como el de Juan Lozano y Lozano, el abuelo de nuestro amigo, que era el escritor político al que yo más admiraba. Juan Cáceres me parecía igual de brillante y llamé a Cromos para conocerlo. Resultó que no existía, pues era el seudónimo que usaba Plinio, quien, como diplomático en París, no podía firmar con su nombre. LEA TAMBIÉN Ese dato no se sabía. Fantástico. O sea, descubrió a Plinio por un seudónimo de alguien muy talentoso... ¿Ustedes se conocían? ¿Cómo hizo para que él aceptara dejar una vida diplomática en Francia por una aventura quijotesca, en la cual pocos creían en ese momento?Yo lo había conocido en París en una circunstancia inusual. Él estaba muy bien conectado en círculos intelectuales y bohemios y alguien me llevó a su apartamento una noche en que, para mi gran sorpresa, cantaba Georges Moustaki. Cuando lo llamé para ofrecerle el cargo en Semana le recordé esa anécdota. No fue fácil convencerlo y al principio él era muy escéptico. Pero insistí y finalmente aceptó.Plinio Apuleyo Mendoza Foto:Plinio Apuleyo MendozaNo debió ser fácil, pues su papá, Alfonso López Michelsen, en ese momento era candidato a la presidencia y, por lo tanto, se esperaba que la revista fuera política y lopista.Ese era el principal problema. En ese momento, con excepción de Cromos, todas las revistas eran políticas. Carlos Lleras tenía Nueva Frontera; los Pastrana, Guion; Turbay, Consigna. A mí nunca me ha interesado la política y una revista lopista nacería muerta. Por eso se necesitaba un periodista de la talla de Plinio para neutralizar prevenciones. Su prestigio le dio credibilidad a Semana.Esa era una prevención que efectivamente existía… Siempre me llamó la atención que Plinio hubiera logrado ser neutral en medio del fragor de una campaña presidencial y que usted nunca apareciera. No debió ser fácil para él aceptar ser el director de una revista del hijo del candidato.Plinio fue reconocido durante su vida como un gran escritor y diplomático, pero su verdadera esencia siempre fue el periodismo. Él siempre hablaba de sus días de gloria trabajando hombro a hombro con García Márquez en Prensa Latina, la agencia que había fundado Fidel Castro para defender la Revolución cubana. Además, había sido un periodista de izquierda importante en Colombia, en Venezuela e inclusive en Francia. Pero como nunca había sido director, ese reto finalmente lo convenció.Plinio fue reconocido durante su vida como un gran escritor y diplomático, pero su verdadera esencia siempre fue el periodismoMire las vueltas que da la vida. Cuando arrancaba Semana usted me invitó a ser parte del equipo fundador. Plinio, ya al mando, me pidió como especie de prueba de ingreso que le hiciera una entrevista a Rodrigo Lara papá. Plinio me dijo que la entrevista no le había gustado y no me recibió en Semana. Pero siempre estuve convencida de que me vetó dizque por goda, pues yo trabajaba en El Siglo con Álvaro Gómez. Con los años, él se convirtió en uno de los ideólogos más respetados de la derecha latinoamericana… Era lo que se llamaba un mamerto converso, igual que Vargas Llosa. Afortunadamente, a pesar del veto por alvarista, usted más tarde me contrató en la revista y, aunque Plinio y yo no alcanzamos a trabajar juntos, nos acabamos volviendo muy buenos amigos con su talentosa señora, la pintora Patricia Tavera.Ya que usted mencionó a Álvaro Gómez, le cuento un dato olvidado. En la misma época en que nació Semana, él fundó la revista Al Día con Alberto Casas y Elvira Mendoza, hermana de Plinio, como directora. Fue un mano a mano entre dos Mendoza que eran vacas sagradas del periodismo. LEA TAMBIÉN Recuerdo esa rivalidad. Pero como no estuve en esos primeros días de Semana, cuénteme cómo fueron... De lo que sí me acuerdo es que, cuando yo entré, trabajábamos mucho y con las uñas.Cuando se cerró Alternativa, le compré a Enrique Santos los escritorios viejos y las máquinas de escribir de segunda. Como no había plata, la primera oficina improvisada fue parte de un burdel que se había quebrado en la 40 con 8.ª que no costaba prácticamente nada.Edificio donde actualmente queda ubicada la revista Semana. Foto:Sergio Acero Yate / El TiempoSe lo creo porque allá me entrevistó usted para llegar a Semana. Me acuerdo que estaba sentado en un escritorio al que le faltaba una pata…Sé que eso suena inverosímil, pero tengo a María Elvira Samper como la única testigo sobreviviente de ese episodio novelesco de Semana con la oficina improvisada en ese burdel.Cómo cambian las cosas. Cuando entré a Semana, un grupo me hizo un poco la guerra, pues también me consideraba goda, incluida la propia María Elvira. Pero con el tiempo nos volvimos muy amigas, y años después creamos QAP, noticiero que se volvió el de mayor audiencia en Colombia por muchos años.María Elvira fue prácticamente la cofundadora con Plinio. Ella había estudiado Filosofía y tenía cero experiencia en periodismo escrito. Estaba buscando trabajo de reportera, pero él le vio un gran potencial y la nombró jefa de redacción contra su voluntad. Fue el primer nombramiento de la nueva Semana. Plinio, ella y yo trabajamos como dos meses en ese aterrador recinto mientras organizábamos unas nuevas oficinas en la calle 13, donde cupieran 12 personas que fue con las que arrancamos. LEA TAMBIÉN ¿Qué discusiones tuvieron sobre el tipo de revista que iban a crear? ¿Quién decidía? ¿Usted o Plinio? ¿Quiénes conformaban ese primer equipo fundador?Plinio, que venía de París, se inspiraba en la revista Le Point. Yo había crecido leyendo Time y ese era mi modelo. Como las dos eran revistas de opinión, sacamos elementos de cada una para diseñar Semana. Él trajo un diagramador de París que se llamaba Ponto y contrató a dos veteranos periodistas mayores que él, Hernando Valencia Goelkel y Eddy Torres, el hijo de la líder izquierdista María Cano. A eso le sumó unos siete primíparos menores de 30.Pero los veteranos duraron poco. Cuando entré a Semana ya no estaban.Plinio llegó a la conclusión de que un medio nuevo, para tener éxito, debía promover un relevo generacional. Por eso se concentró en formar lo que denominó su ‘kínder’. Esa nómina estuvo integrada, principalmente, además de María Elvira Samper, por María Elvira Bonilla, José Fernando López, Eduardo Arias, Eduardo McKenzie, Carlos Mauricio Vega y Ana Mercedes Vives.Escritor y periodista colombiano. Foto:Marcela Riomalo¿Cómo fue la experiencia día a día de trabajar con Plinio?Enriquecedora y frustrante. Lo primero porque era el mejor profesor de periodismo que podía tener ese ‘kinder’ en Colombia. Enseñaba de todo: sintaxis, puntuación, cómo acortar los artículos, cómo titular, etc. Trajo una palabra de Francia que hasta hoy, 45 años después, se mantiene en la redacción de Semana: chapeau, que es la frase que va después del título. Todos los de esa camada recuerdan a ese maestro como el que los formó. LEA TAMBIÉN Entonces, ¿cuál era la frustración?Que como profesor muy estricto casi siempre los rajaba. Y además era furioso y gruñón. Se descontrolaba con cualquier pequeño error y palmoteaba o rompía un lápiz, antes de hacer una bola de papel con el artículo rechazado y botarlo energúmeno a la basura. Piense lo que sentían en ese momento esos sardinos principiantes. Pero aprendieron, pues muchos de ellos se volvieron estrellas en otros medios años después.A mí me tocó la segunda camada. Me acuerdo que con María Elvira, Mauricio Vargas y Laura Restrepo trabajábamos los viernes hasta las 3 o 4 de la mañana (yo en ese momento esperaba mi primer bebé) y rematábamos el sábado temprano para actualizar con las últimas noticias. No existían computadores ni internet ni mucho menos inteligencia artificial. Tecleábamos en máquinas de escribir eléctricas sobre las que les caía una persistente gotera del techo de la oficina de Semana de entonces; hoy serían de museo. Como no existía Google, tocaba recurrir a la memoria o llamar por teléfono a alguien para conseguir un dato.Usted que ha conocido de cerca la evolución de Semana en los últimos 45 años, debería escribir un libro sobre sus experiencias. Como usted llegó a la revista de 26 años, ha conocido de cerca todas las etapas, desde Plinio hasta Vicky. LEA TAMBIÉN Ese libro lo debería escribir usted. Por cierto, durante toda esta entrevista ha hablado como si fuera solamente el antiguo dueño de Semana. En realidad Plinio duró menos de un año en la revista y usted estuvo al frente del contenido periodístico desde que él se fue hasta el día que la vendió. Con usted escribíamos colectivamente todos los artículos de carátula, pero su nombre nunca aparecía.Es que nunca me he sentido protagonista, sino observador. Cuando uno tiene un apellido como el mío se vuelve el símbolo de lo que hoy Abelardo denomina “los de siempre”. Eso es un pasivo no solo en política, sino también en periodismo. Pero creo que el periodismo sin firmas que se implantó en la revista eliminó ese problema, pues en estos 45 años nadie ha considerado a Semana un medio lopista.Es que nunca me he sentido protagonista, sino observador. Cuando uno tiene un apellido como el mío se vuelve el símbolo de lo que hoy Abelardo denomina “los de siempre”. Eso es un pasivo no solo en política, sino también en periodismoTiene razón. Todas las personas que trabajamos en Semana sentíamos que estábamos en un medio independiente. No debió ser fácil para usted, pues su papá fue un expresidente activo hasta que murió.Sobre lo que es una herencia política le voy a contar una anécdota desconocida. Cuando quería fundar Semana, no tenía un peso y fui donde Jaime Michelsen, que era el presidente del Grupo Grancolombiano, a decirle que si me prestaba diez millones de pesos y si quería ser socio de la revista en un 50 por ciento. Él me contestó muy amablemente que ese proyecto no tendría ninguna posibilidad, pues estaríamos uniendo los dos símbolos más controvertidos del país: el águila, que era él, y el delfín, que era yo. En esa época, el águila era la insignia del Grupo Grancolombiano y el símbolo publicitario más conocido del país. LEA TAMBIÉN ¿Qué es mejor: el periodismo activo, de trasnochar y amanecer siete días a la semana, o el retiro voluntario al lado de su familia y sus amigos que lo queremos tanto?A mí me habían dicho que retirarse era un proceso muy difícil que requería tiempo de ajuste. A mí no me pasó eso. Yo era muy feliz trasnochando en Semana y ahora soy igual de feliz de no tener que hacerlo. Sigo manteniéndome informado como antes, pero sin la responsabilidad de opinar, que llegaba a ser agobiante, como usted lo vive todas las semanas.María Isabel RuedaEspecial para EL TIEMPO Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.











