El presidente entrante anuncia el cierre de embajadas donde hay “tiranías”, no las que puedan hacer negocios. El vicepresidente electo hace viajes claves a Washington y Lima para reforzar el comercio

Abelardo de la Espriella ha mostrado una afinidad explícita con presidentes como Donald Trump o Javier Milei, y esta semana hizo varios anuncios que dan más claridad sobre el tipo de política exterior que quiere construir con ellos, o como ellos. El presidente electo pidió cerrar 14 embajadas que considera un gasto innecesario; mientras rompía con Cuba y Nicaragua, anunciaba reforzar las relaciones diplomáticas con El Salvador de Nayib Bukele y el Perú de Keiko Fujimori; y afirmó que mudará las oficinas de la presidencia al palacio de San Carlos, donde hoy queda la Cancillería, que pasaría a tener una sede con menos carga histórica.

“Él siempre ha entendido que la diplomacia es para conseguir plata, para hacer negocios, y desde la campaña prometió fusionar la Cancillería con el ministerio de Comercio”, explica Sandra Borda, profesora de relaciones internacionales en la Universidad de los Andes. “En ese sentido, mantenerla en San Carlos sería innecesario, pues va a privilegiar a los técnicos del Ministerio de Comercio. La que viene no parece ser una política exterior de principios: si con Petro era muy ideológica, esta será más pragmática para conseguir recursos”.