Decenas de migrantes que han pasado la frontera entre Ceuta y Marruecos pasan la noche en la calle, a 31 de julio de 2026. (Marcos Moreno / Europa Press)A primera hora de la mañana de este domingo se actualizaba la cifra: 73.500 migrantes habrían salido de Ceuta hacia Marruecos tras la entrada masiva que se produjo el pasado jueves, según los cálculos de las Fuerzas de Seguridad del Estado. Tras un goteo constante de retornos de personas que “voluntariamente se quieren volver”, el pastoreo de agentes y militares hasta la frontera y varios días vagando por una ciudad en la que se volvió imposible encontrar agua y comida, la cifra se ha reducido, pero la de fallecidos ha aumentado. La avalancha se ha cobrado ya 72 vidas, según el último parte del delegado del Gobierno en Ceuta, Miguel Ángel Pérez, que pese a las preguntas de los periodistas no ha dado una cifra, puesto que no cuenta con ella: la de los menores no acompañados.Pérez ha prometido que en los próximos días pretenden “acelerar los expedientes y ejecutar los retornos lo antes posible” de los adultos que no quieren abandonar voluntariamente la ciudad pese a que los efectivos del Ejército de Tierra y de la Policía Local les están informando de que se tienen que ir hacia la frontera. Les explican que no van a ser regularizados por haber entrado de forma ilegal en el país y que, de una forma u otra, el viaje acabará con su deportación. Ahora bien, en el caso de los menores la cosa cambia.PUBLICIDADNiños, niñas y adolescentes marroquís cruzaron solos, con amigos o familiares en medio del tumulto y, a diferencia de los adultos, no pueden ser devueltos. Las primeras estimaciones situaban la cifra entre 4.000 y 7.000 menores, pero no hay datos oficiales más exactos. Tampoco un horizonte claro para ellos. Muchos han cruzado la frontera de vuelta a Marruecos junto a sus familiares y amigos, pero otros se han quedado vagando por la ciudad o, en el mejor de los casos, en los centros de acogida, que están colapsados.La Ley Orgánica 4/2000, de 11 de enero, sobre derechos y libertades de los extranjeros en España y su integración social, establece que el Estado, a través de las Comunidades Autónomas, es el encargado de tutelar a estos menores que se encuentran solos en el país. Deben ingresar en un centro de protección de menores. El problema es que el de Ceuta tiene capacidad para 29 menores y los que están ahora en la ciudad multiplican la cifra.PUBLICIDADLa identificación inicial corresponde a la Policía Nacional, que recoge los datos facilitados por el menor, como nombre, edad declarada, nacionalidad e idioma, además de tomar fotografías y huellas dactilares. La normativa, según el Ejecutivo, exige que el menor comprenda todas las actuaciones que le afectan, de modo que la administración debe facilitar un intérprete si no habla español.La asistencia inicial incluye agua, alimentos, ropa seca y mantas. Después se practica un reconocimiento médico para detectar lesiones o problemas de salud derivados del trayecto, entre ellos hipotermia, deshidratación, quemaduras por combustible o heridas, y tanto esa atención como el seguimiento posterior quedan en manos del sistema público sanitario. Sin embargo, los servicios están sobrepasados y no pueden garantizar estos cuidados en medio de esta crisis humanitaria. PUBLICIDADLa determinación de la edad es una de las partes más delicadas del procedimiento. Si el joven presenta documentación oficial, como un pasaporte, las autoridades reconocen su validez y no realizan pruebas adicionales. El problema llega cuando no hay papeles y la complexión física no acompaña. Cuando no hay documentos o existen dudas sobre la mayoría de edad, interviene la Fiscalía de Menores, que puede ordenar pruebas médicas y radiológicas para estimarla. Una vez acreditada la minoría de edad, cesa la actuación policial y el menor pasa al sistema de protección de menores, cuya gestión corresponde a las comunidades autónomas y, en Ceuta, al Área de Menores de la Ciudad Autónoma. A partir de ese momento, la administración asume su tutela y lo inscribe en el Registro de Menores Extranjeros No Acompañados.PUBLICIDADLa vida diaria dentro del centro se organiza con un reglamento interno y un Plan Individual de Protección o de intervención educativa adaptado a cada caso. A la llegada, el equipo realiza una valoración integral sobre estado emocional, nivel educativo, conocimiento del idioma y posibles traumas, y después asigna un educador de referencia para el seguimiento diario.Estos recursos no funcionan como establecimientos penitenciarios ni como centros de reforma, sino como hogares orientados a la protección, la educación y la integración. Por eso, el régimen de libertad de movimiento se ajusta a la edad, la madurez y la autonomía del menor: los niños permanecen bajo supervisión constante y los adolescentes cercanos a los 18 años pueden hacer salidas autorizadas y registradas.PUBLICIDADDos varones adolescentes duermen en un parque, a 1 de agosto de 2026, en Ceuta.
Ceuta no puede devolver a los miles de menores no acompañados como sí está haciendo con los adultos: su presencia pone en jaque la capacidad de acogida con solo 29 plazas
El Estado debe garantizar su acogida, pero la capacidad ordinaria del sistema de tutela de la ciudad ya estaba sobrepasado antes del estallido de la crisis











