Hungría ha paralizado este domingo uno de los dos reactores aún en funcionamiento de la central nuclear de Paks, responsable de aproximadamente la mitad del suministro eléctrico nacional, ante la disminución del caudal del río Danubio. Así lo ha comunicado el primer ministro, Peter Magyar, quien ha adelantado que la instalación detendrá completamente su actividad mañana. El Rin y el Danubio, bajo mínimos El Danubio no es el único gran cauce europeo que sufre el impacto de un verano atípico y extremo. El pasado 29 de julio, el Instituto Federal de Hidrología de Alemania ya advirtió que a la altura de Hofkirchen se midió el nivel más bajo registrado históricamente en el Danubio, con apenas 155 centímetros. Una situación crítica que se replica en el Rin. A su paso por la ciudad alemana de Colonia, el río batió este fin de semana un récord histórico al bajar a la marca inédita de 67 centímetros (el récord anterior de 69 cm databa de octubre de 2018). El descenso del nivel del agua, catalogado de "extremadamente bajo" para esta época del año, está provocando un grave impacto logístico y económico. En Bonn, se ha interrumpido el funcionamiento de uno de los ferries principales al quedar atascado en un banco de arena, mientras la industria de Renania del Norte-Westfalia asume sobrecostes, ya que los barcos de transporte no pueden navegar completamente cargados por la falta de profundidad. Italia, asfixiada: 23 ciudades en alerta roja Mientras los ríos se secan, los termómetros no dan tregua en el sur. Italia afronta este domingo el pico de su cuarta ola de calor con 23 ciudades en alerta roja, con temperaturas que rondan los 40 grados. Se espera un escenario de emergencia con noches "supertropicales" y bochorno extremo provocado por una humedad sofocante que amenaza, sobre todo, a los grupos más vulnerables. El calentamiento del Mediterráneo, cuyas aguas superficiales han alcanzado los 30 grados, amenaza además con provocar inestabilidad y tormentas en áreas montañosas de los Alpes y Apeninos. La situación empeorará este lunes, cuando el número de ciudades en alerta roja se eleve a 25, un récord absoluto para este verano. El arrastre de un verano marcado por el colapso Estas nuevas emergencias se suman a un contexto europeo que lleva semanas al límite, con efectos en cadena en varios países que comenzaron el pasado junio. Semanas atrás, Europa ya experimentó un caos logístico cuando la inusual ola de calor deformó tramos de la red ferroviaria en países como Austria o Alemania, lo que obligó a operadores como Deutsche Bahn a pedir a sus ciudadanos evitar los viajes. Ese mismo estrés térmico extremo, que situó los termómetros por encima de lo normal y causó deformaciones en las vías, se trasladó también al cielo. En el Reino Unido, la fuerte inestabilidad meteorológica paralizó espacios como Heathrow, obligando a cancelar o retrasar más de 600 vuelos y llevando al límite a los servicios de emergencia londinenses. Pero el coste más alto lo están pagando los sistemas de salud. En países como Francia y Bélgica, esta constante térmica ha desatado una crisis estructural. El calor intenso ha provocado un incremento dramático en las llamadas de auxilio, picos históricos de saturación en geriatría e incluso el fallo de infraestructuras críticas, forzando a los expertos a comparar la situación de estrés sanitario con la vivida durante la pandemia del Covid-19. Varias personas se refrescan en la fuente del Trocadero, con la Torre Eiffel de fondo, durante la ola de calor en París (Francia). (AFP/Dimitar Dilkoff) Hungría ha paralizado este domingo uno de los dos reactores aún en funcionamiento de la central nuclear de Paks, responsable de aproximadamente la mitad del suministro eléctrico nacional, ante la disminución del caudal del río Danubio.