Más de dos meses después de que las autoridades detectaran el brote, la epidemia de ébola que golpea la República Democrática del Congo continúa fuera de control. Los datos difundidos este 30 de julio por el Gobierno congoleño elevan el balance a 3.442 casos confirmados y 1.521 muertes, unas cifras que lo convertían ya en el tercer mayor brote de esta enfermedad registrado hasta ahora. Cada día se confirman decenas de nuevos contagios. El virus llevaba probablemente meses circulando antes de que se identificara el primer caso y, cuando comenzó la respuesta sanitaria, ya se había extendido por numerosas zonas de la provincia de Ituri, en el noreste del país, una región marcada por el conflicto armado, la pobreza y las enormes dificultades de acceso. La precariedad de las infraestructuras, la movilidad de la población y la desconfianza hacia las autoridades sanitarias han permitido que muchas cadenas de transmisión permanezcan ocultas. Daniel López Acuña, exdirector de Acción Sanitaria en Situaciones de Crisis de la Organización Mundial de la Salud, describe el lugar donde se ha originado la emergencia como "una región de la República Democrática del Congo que es tierra de nadie, un territorio al que el Estado congoleño no llega". "La infraestructura sanitaria es sumamente deficiente. Es una región sumida en conflictos entre facciones de señores de la guerra, la población está aterrorizada y tiene dificultades para acceder a los centros sanitarios, y hay miles de desplazados internos", explica en declaraciones a El Confidencial. A ello se añade, señala, que la zona constituye "un corredor migratorio con un gran trasiego de personas entre la República Democrática del Congo, Sudán del Sur y Uganda". En su opinión, se trata del "caldo de cultivo perfecto para tener un brote incontrolado y de notificación tardía". La especie de virus responsable, denominada Bundibugyo, parece producir una enfermedad algo menos grave que otras variantes del ébola. Paradójicamente, esa circunstancia también puede favorecer su propagación: los pacientes pueden tardar más en acudir a un centro sanitario o no hacerlo nunca. Muchos pacientes mueren en sus comunidades y solo son identificados como casos de ébola después del fallecimiento. TE PUEDE INTERESAR El exdirectivo de la OMS considera que la dimensión alcanzada por el brote responde a "un fallo de múltiples dimensiones en un sistema sanitario y social fallido". "Hay problemas de vigilancia epidemiológica y de personal sanitario, la infraestructura sanitaria está sumamente deteriorada, la acción humanitaria no llega, la financiación es insuficiente y la respuesta internacional se ha quedado corta", sostiene. Ensayos activados en pocas semanas La misma magnitud de la epidemia que está provocando cientos de muertes también ha abierto una oportunidad para estudiar mejor una variante poco frecuente del virus y probar nuevos instrumentos para combatirla. En cuestión de semanas se han iniciado ensayos de medicamentos destinados tanto a tratar a los enfermos como a proteger a personas expuestas que todavía no han desarrollado síntomas; y también se han puesto en marcha estudios de vacunas específicas. El 14 de julio comenzó el primer ensayo de un medicamento contra el ébola administrado de forma preventiva a personas que no están enfermas, pero que han tenido un contacto de alto riesgo con el virus. Dos semanas antes se había iniciado otro estudio para evaluar tratamientos en pacientes infectados y, el 13 de julio, arrancó en la Universidad de Oxford un ensayo de fase 1 con una vacuna experimental. La rapidez es extraordinaria, pero Acuña pide no confundir velocidad con éxito. "La rapidez de los ensayos puestos en marcha es loable, pero debemos ser cautelosos. Hay que evitar a toda costa que se produzcan problemas de tipo bioético y que se incumplan normas esenciales de respeto a los derechos humanos", advierte. (Reuters/Gradel Muyisa Mumbere) A su juicio, la reacción científica no solo demuestra que se han extraído lecciones de emergencias anteriores, sino que también pone de manifiesto que la comunidad internacional continúa actuando tarde. "Lamentablemente, pienso que es una evidencia de que seguimos reaccionando cuando la situación es catastrófica", afirma. Desde la gran epidemia de África occidental de 2014, que dejó miles de muertos, se han desarrollado plataformas de vacunas, redes de investigación y procedimientos que permiten activar los estudios con mayor rapidez. La pandemia de covid también obligó a acelerar la coordinación científica y regulatoria. "Los ensayos se producen con más celeridad porque hemos aprendido de la pandemia de covid y nos hemos dado cuenta del gran número de víctimas que puede producir una epidemia de ébola descontrolada, como la que se produjo en 2014", señala Acuña. Un antiviral antes de que aparezca la enfermedad Una de las principales novedades es el estudio con obeldesivir, un antiviral desarrollado por Gilead Sciences. Se parece al remdesivir, pero puede administrarse en forma de comprimido en lugar de requerir inyecciones. El ensayo incluirá a personas que hayan estado en contacto estrecho con un paciente que sangraba o vomitaba, o con el cadáver de una persona fallecida por ébola. La intención es comprobar si administrar el medicamento inmediatamente después de la exposición puede impedir que la infección avance. Los tratamientos actuales suelen llegar cuando el virus ya ha superado buena parte de las defensas del organismo, por lo que una intervención temprana podría resultar más eficaz. No se incluirá inicialmente a embarazadas ni a menores de 12 años, porque todavía se desconoce si el obeldesivir es seguro para estos grupos. En su lugar, podrán recibir remdesivir mediante un programa de uso compasivo que también permitirá recopilar información sobre su posible utilidad preventiva. TE PUEDE INTERESAR Para el exdirectivo de la OMS, la aceleración de los ensayos tiene que mantener intactas determinadas líneas rojas. "Lo importante es hacerlo con seguridad y eficacia, y no utilizar a los habitantes de la región y a las personas afectadas como conejillos de indias sin que se garantice el adecuado consentimiento informado", subraya. Otro ensayo, iniciado el 2 de julio cerca de Bunia, capital de Ituri y epicentro del brote, está probando dos posibles tratamientos. El primero, MPB-134, combina dos anticuerpos monoclonales obtenidos originalmente de un superviviente de la epidemia de África occidental. El segundo es el remdesivir, utilizado con resultados dispares frente al SARS-CoV-2 y otros virus. Los investigadores esperan extender el estudio a varios centros y reclutar a unos 1.200 participantes. La carrera por una vacuna específica Los medicamentos podrían reducir la mortalidad, pero para terminar con la epidemia probablemente será necesaria una vacuna. Ya existe una autorizada contra la especie Zaire del virus del ébola y otra experimental frente a la variante Sudán, utilizada recientemente en Uganda. La combinación de ambas podría ofrecer cierta protección contra Bundibugyo y se plantea probarla en trabajadores sanitarios congoleños. Sin embargo, la mayoría de los investigadores confía en desarrollar rápidamente una vacuna específica. La primera candidata ha comenzado un ensayo de seguridad en Oxford. Utiliza una proteína de la superficie del virus Bundibugyo introducida en un adenovirus de chimpancé. Moderna prepara otra vacuna basada en ARN mensajero, mientras que un tercer proyecto emplea un virus del ganado como vector. Incluso en el escenario más favorable, ninguna estaría disponible para realizar ensayos de eficacia en el Congo antes de octubre. La ciencia tropieza con el fracaso del rastreo La gran amenaza para todos estos estudios es la misma que dificulta el control del brote: la incapacidad para detectar a los infectados y localizar a sus contactos. Más del 80% de los nuevos casos confirmados no figuraban en ninguna lista de personas expuestas a pacientes conocidos. Eso indica que siguen circulando numerosas cadenas de transmisión invisibles. Sin un rastreo eficaz, será difícil encontrar candidatos para el ensayo preventivo con obeldesivir. También se debilita la vacunación en anillo, la estrategia empleada habitualmente contra el ébola, que consiste en inmunizar a los contactos de cada caso y a los contactos de esos contactos. Los modelos señalan que incluso una vacuna muy protectora tendría un impacto limitado si el sistema no logra identificar a las personas expuestas. TE PUEDE INTERESAR Ese desfase entre innovación biomédica y la debilidad sanitaria impide, según Acuña, hablar de éxito únicamente porque los ensayos hayan comenzado rápidamente. "El éxito científico no consiste solo en demostrar la eficacia de medicamentos y vacunas. Tiene que traducirse en la efectividad de las medidas de salud pública y de la atención sanitaria, y eso requiere un sistema sanitario fortalecido", afirma. Para conseguirlo, añade, hacen falta "un buen sistema de vigilancia epidemiológica, una buena capacidad de rastreo y seguimiento de contactos y una accesibilidad universal a las medidas preventivas o terapéuticas disponibles". Sin esos elementos básicos, los tratamientos y las vacunas podrán avanzar en los laboratorios, pero tendrán muchas más dificultades para detener el virus sobre el terreno.
La paradoja del nuevo brote de ébola: fracaso sanitario y avances científicos en tiempo récord
La rápida propagación del raro virus Bundibugyo en la República Democrática del Congo ha impulsado estudios pioneros de antivirales, anticuerpos y vacunas puestos en marcha a una velocidad extraordinaria








