El exguardaespaldas protagonizó unas comprometidas imágenes, que se vendieron por miles de euros, con una ‘stripper’ belga que él lleva calificando tres décadas como una “trampa” ocasionada por las drogas
Es 5 de agosto de 1996. Daniel Ducruet, entonces marido de Estefanía de Mónaco, llega a una lujosa villa en Cap de Villefranche, a solo cinco kilómetros de Niza y a 15 de Montecarlo. Ahí le espera una stripper belga, Fili Houteman, a quien ha conocido unos días antes en el circuito de Spa-Francorchamps, en Bélgica. Lo que sucede después es historia del papel couché y de las realezas europeas, un escándalo del que ahora se cumplen 30 años. El marido de la princesa no solo le fue infiel, sino que su traición quedó retratada con una escena pornográfica que captó un fotógrafo que aguardaba atentamente a que eso ocurriese. Él no tenía conocimiento de que esa infidelidad estaba siendo capturada, pero el mundo se enteró unas semanas después. A finales de agosto, las revistas italianas Eva Tremila y Gente publicaron esas imágenes; en España, Interviú fue quien las compartió. La polémica estaba servida y el divorcio ya se cocinaba en Mónaco.
Regresemos unos años atrás. Ducruet llegó a Mónaco en 1986 para trabajar como agente de policía. Poco después, pasó a ser uno más del cuerpo de seguridad del príncipe Alberto, hermano mayor de Estefanía. Fue precisamente el heredero quien recomendó a Ducruet como jefe de seguridad para su hermana. El noviazgo, que intentaron mantener en secreto, fue descubierto a principios de los noventa por la revista Paris Match, que publicó imágenes de ellos en la costa portuguesa. Raniero de Mónaco se opuso en rotundo desde el principio a esta relación, pero después de dos hijos en común —Louis, en 1992; Pauline, en 1994— no le quedó otro remedio que aprobar el matrimonio. El 1 de julio de 1995 se selló su relación; un año después, saltó el escándalo. La historia de amor que comenzó acaparando titulares por controvertida terminó siéndolo mucho más.










