¿Cuál es el cambio deseado por la sociedad? Esta es una pregunta clave para el Gobierno de cara a 2027. Con el paso del tiempo, la burbuja que rodea a la “Casta Rosada” tiende a confundir sus wishfful thinking con los de los ciudadanos a pie. Les ocurre a todos los mandatarios, no solo a éste. No por nada llevamos 3 elecciones presidenciales seguidas en donde lo que termina mandando es el cambio. Llega un momento en el cual se va asentando una grieta adicional: entre los dirigentes y la gente. O, como decía un chiste de Caloi al inicio de esta etapa democrática sobre la situación interna del peronismo, la división es “entre los diri y la gente”. En estos momentos el desfase no solo lo tiene el gobierno, sino también la principal oposición. Por eso los sentimientos negativos hacia la política, en general, y hacia el oficialismo, en particular, predominan. Es una comunidad a la cual le cuesta muchísimo entusiasmarse con algo. En ese marco navega el día a día. Tomemos el último registro del Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Di Tella, el cual marca una nueva baja en julio después de una recuperación en junio. Poselección de medio término, en ocho mediciones el ICG descendió en siete, y se encuentra en su nivel promedio más bajo de la era Milei. Perdió 21 % de su capital poselección. Un dato que debería preocupar especialmente al oficialismo es el profundo deterioro en los menores de 30 años: ahí hubo en julio un descenso del 23 %. Por otro lado, el ítem “eficiencia” tuvo una desmejora del 15 %, quizá como señal de que ya no se lo ve teniendo resultados relevantes para la sociedad. No hay estudio de opinión pública que no refleje deterioro o, al menos, una meseta en zona baja. ¿Por qué sucede esto? Porque la mayoría social está expectante sobre el empleo, la actividad económica y el poder adquisitivo. Las sensaciones predominantes son de angustia, tristeza e incertidumbre. En ese marco, las reformas estructurales –RIGI II, Banco Central, propiedad privada, reforma electoral, etc.– no tienen incidencia en la percepción de los mortales comunes. De modo que, así como se habla de una economía en dos velocidades, también hay una política en dos andariveles: la del gobierno impulsando agenda de cambio permanente y la oposición peleándose, por un lado, y la de la opinión pública insatisfecha en su día a día, por el otro. ¿Se abre así el espacio para un nuevo movimiento?