“Al austríaco Dominic Thiem nunca le faltó estilo. El exagerado giro en espiral de su derecha producía una torsión y potencia endiablada, un golpe liftado propulsivo que se contaba entre los golpes más pesados del circuito. El revés a una mano de Thiem, un golpe elegante que se está convirtiendo en una reliquia del pasado, era tan barroco como el más dorado de los cafés vieneses. Y, para los aficionados a la estética del tenis, igual de agradable. Pero Thiem no sólo tenía estilo. Tenía sustancia”. Bajo el título ‘Grandeza interrumpida’, la semblanza del periodista estadounidense Neil Edward Schlecht, en el sitio web de la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP), describe con lirismo y rigurosidad a quien fue ganador del US Open 2020.

A casi dos años de su última presentación profesional con la raqueta –derrota ante el argentino nacionalizado italiano Luciano Darderi, en la primera ronda del Abierto de Austria 2024– Thiem volvió a ser noticia en el mundo del deporte. Esta vez, por haberse cambiado de cancha y acordado su incorporación como flamante delantero del Badener Athletiksport Club, que compite en la octava divisional del fútbol austríaco. Doce años atrás, otro ex número 3 del circuito masculino de tenis profesional, el cordobés David Nalbandian, había dado el salto desde los courts hacia el automovilismo, iniciando su carrera como piloto de Rally.