Actualizado Domingo,

agosto

02:49En apenas unos d�as, 60.000 personas cruzaron a nado la frontera entre Marruecos y Espa�a para llegar a Ceuta; al menos, 67 perdieron la vida en el mar. Europa respondi� cerrando sus fronteras. En 48 horas, Francia reforz� la presencia policial en los pasos fronterizos de los Pirineos, Italia impuso 30 d�as de controles a las llegadas desde Espa�a y su primera ministra, Giorgia Meloni, pidi� suspender el espacio Schengen con nuestro pa�s por un enclave que ya est� excluido del acuerdo.La situaci�n no tiene ning�n coste para Marruecos, que se limita a mirar para otro lado, mientras Europa se enfrenta a un problema de permeabilidad de su territorio. La diferencia es lo que consideramos guerra h�brida. Durante mi trabajo en la CIA, cubr� M�xico y Centroam�rica, y aprend� a leer los flujos migratorios como un panel de instrumentos m�s que como una tragedia humana. Cuando en 2019, Washington amenaz� a M�xico con imponer aranceles si no pon�a freno a la inmigraci�n, en realidad, ya hab�a tomado la decisi�n de hacerlo. Marruecos dosifica los cruces de migrantes en Ceuta, Bielorrusia los empuja hacia Polonia y el B�ltico, y Rusia se cobra el dividendo de cada oleada, porque todas giran en torno a la misma cuesti�n: la profunda brecha que existe en Europa en torno a la migraci�n.En M�xico aprend� cu�l es la pregunta clave que debemos hacernos: qui�n se beneficia cuando se producen flujos migratorios y qui�n cuando �stos cesan. En el caso de Ceuta, la respuesta empieza en Rabat, que deja v�a libre cuando Madrid es m�s vulnerable. En mayo de 2021, m�s de 10.000 personas pasaron a la ciudad aut�noma, ante la pasividad de las autoridades marroqu�es. En ese momento, Brahim Gali, l�der del Frente Polisario, enfrentado a Marruecos por la soberan�a del S�hara Occidental, estaba hospitalizado en Espa�a, circunstancia que el Gobierno no hab�a hecho p�blica. Diez meses despu�s, Madrid aval� la posici�n marroqu� sobre este territorio, con la migraci�n como moneda de cambio.El mismo escenario se ha vuelto a repetir hace apenas unos d�as. El pasado 20 de julio, el presidente del Gobierno espa�ol, Pedro S�nchez, viaj� a Argel para mantener conversaciones con su hom�logo argelino sobre el suministro de gas, un viaje que seg�n el analista Matteo Villa, no fue bien recibido en la capital alauita. El d�a 30, los marroqu�es se echaron al mar para cruzar la frontera. Dos circunstancias han favorecido la avalancha. El acuerdo bilateral de readmisi�n firmado en 1992, entre Espa�a y Marruecos, que obliga a este �ltimo a readmitir nacionales de terceros pa�ses que hayan entrado en su territorio en situaci�n irregular. Por lo tanto, cada devoluci�n depende de Rabat, que mientras tanto, guarda silencio sobre los suyos, mayor�a en esta oleada.Adem�s, el Supremo dictamin� el 8 de julio que las devoluciones en caliente son legales para quienes saltan la valla e ilegales para quienes llegan a nado. La noticia se hizo viral, las mafias sacaron partido de la situaci�n y un joven de 16 a�os relat� c�mo nad� durante 12 horas despu�s de haber visto v�deos en las redes sociales. Esas mafias act�an como puente, est�n al tanto de cualquier cambio o modificaci�n en materia legal y no dejan pasar la oportunidad.En el este de Europa la l�gica es la misma, pero llevada al extremo. Bielorrusia se sac� de la nada su propio flujo migratorio. Sancionada en 2021 por ama�ar unas elecciones y obligar a un avi�n comercial a realizar un aterrizaje forzoso, el r�gimen de Lukashenko expidi� visados en Bagdad y Damasco y flet� varios vuelos llenos de pasajeros con destino a la frontera oriental. En julio, Lituania descubri� dos t�neles excavados desde territorio bielorruso y Letonia registr� 111 intentos de atravesar la frontera en un solo d�a, mientras su primer ministro se�alaba a la c�pula de la mafia rusa. Los letones acudir�n a las urnas en octubre. El momento no es casual. Rusia intensifica la presi�n h�brida mientras la guerra en Ucrania se complica y su principal apoyo en Bruselas desaparece.La ca�da de Viktor Orb�n esta primavera priv� a Mosc� de un aliado fiable con derecho de veto en el Consejo Europeo, una herramienta �til pero a un alto precio y que ha quedado fuera de juego. La presi�n migratoria pasa a ser el instrumento m�s barato: llevar un autob�s hasta la frontera es econ�mico y obliga a Europa a debatir internamente durante semanas. No hacen falta agentes rusos para obtener el mismo resultado. Con Ceuta, en el flanco opuesto, se logr� en apenas dos d�as. Aqu� no hay ninguna teor�a de la conspiraci�n. Marruecos pretend�a presionar a Madrid y lo logr�. Mosc�, a trav�s de Minsk, quer�a una Europa dividida y tambi�n lo consigui�. Washington, que en marzo amenaz� con cortar las relaciones comerciales con Espa�a por las bases de Rota y Mor�n, encontr� un nuevo argumento para alimentar su debate migratorio: el relato de una Europa incapaz de controlar sus fronteras. Tres ganadores, tres motivos, una semana rentable y una industria del contrabando cobrando por volumen.Lo m�s dif�cil de combatir es que tres actores distintos acaben benefici�ndose de la misma crisis, porque Europa termina buscando a un �nico culpable, pero los intereses son diferentes. As� funciona la militarizaci�n de todo: inundar las redes sociales de mentiras, cortar cables submarinos, hacer volar un dron sobre un aeropuerto, provocar un incendio, abrir una verja durante un d�a. Cada una de estas acciones tiene el poder de activar una respuesta colectiva. Combinadas logran los objetivos de la guerra h�brida, hacer que los puntos fuertes de una sociedad se vuelvan en su contra. La apertura se convierte en un canal de desinformaci�n; la libre circulaci�n, en una palanca; y cada oleada llega acompa�ada de rumores que convencen al votante de que su gobierno ha perdido el control. Europa recurre a controles de pasaporte que perjudican m�s a exportadores, turistas y viajeros espa�oles que a quien no vigila sus fronteras. La aritm�tica de Ceuta se repite: Europa paga y quien abre cobra. Cada cesi�n eleva el precio de la siguiente.Rabat ya se refiere a Ceuta y Melilla como territorio ocupado, as� que la pr�xima moneda de cambio puede ser el territorio. Europa ya tiene una respuesta ante el chantaje: el Instrumento Anticoerci�n de 2023, una ley que permite a Bruselas responder con aranceles y restricciones comerciales cuando un gobierno extranjero presiona a un Estado miembro. Sin embargo, solo considera coerci�n la presi�n econ�mica. La utilizaci�n de la migraci�n como instrumento de presi�n queda fuera.Si se ampl�a esa definici�n para incluir a las personas, cada frontera europea tendr� un precio para quien la abra, ya sea Rabat, Mosc� o el lugar donde se produzca la pr�xima crisis. Si se mantienen los controles, se utilizar� como herramienta de presi�n para influir en procesos electorales o en momentos de debilidad. Quien tiene la llave de la frontera gana, y Europa paga.*Bjorn Beam es analista geopol�tico senior en Arcano Research y ex oficial de la CIA.