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A partir del 7 de agosto, el papel internacional de Colombia presentará un giro notable. La política exterior será subalterna y altamente securitizada, en la medida que responderá a los intereses ideológicos y estratégicos de la administración estadounidense actual. En consecuencia, el entendimiento político con la Casa Blanca, con su agenda económica y con su ofensiva mediática coparán la mayor parte de las capacidades diplomáticas del país. En tal contexto, ¿qué espacio quedaría para las relaciones con el continente asiático?

Es paradójico, pero Asia estará presente en el transcurso de nuestra proyección externa, aunque en una forma desviada de lo que fue el consenso prevalente desde mitad del siglo pasado. En medio de las fases de muy estrecha colaboración con Estados Unidos, los gobiernos dejaron un margen de acción para el orden multilateral y la cooperación con el mundo en desarrollo. El cambio venidero truncará por un tiempo el propósito de diversificar las relaciones internacionales y ello afectará en parte la política para Asia que se venía construyendo en la últimas décadas.

Es necesario distinguir las cuatro dimensiones de las relaciones con los países asiáticos, con el fin de establecer el impacto por el cambio de prioridades. En primer lugar, está la institucionalidad multilateral, es decir, la ONU, sus agencias y programas. Colombia fue uno de los 51 países firmantes de la Carta en 1947 y es fundador de la Organización. Los países asiáticos fueron grandes beneficiarios de este avance, en la medida que la consagración del derecho de autodeterminación de los pueblos normalizó y facilitó sus movimientos de independencia. Los proyectos coloniales quedaron deslegitimados y hoy Asia es un soporte fundamental del multilateralismo. Si bien no es probable el retiro completo de la ONU, sí es factible la salida de Unesco, la Corte Penal Internacional y otras agencias y programas abandonados por EE. UU. e Israel, los mentores supremos de Colombia a partir de ahora. Es obvio que tal ausencia prive al país de las agendas compartidas con numerosos Estados del sudeste, sur y centro de Asia en las instancias multilaterales.