Se dice que en el cine de superhéroes existe una regla no escrita: la película será tan grande como tu villano. Si eso es cierto, Spider-Man: Brand New Day, es una película sumamente mediocre.Cuarta entrega de Tom Holland como protagonista interpretando al arácnido, pero primera dirigida por Destin Daniel Cretton (Short Term 12, su película más celebrada, Shang-Chi and the Legend of the Ten Rings, y episodios de la mejor serie de Marvel -hoy cancelada- Wonder Man), luego de tres cintas previas, todas dirigidas por el antes celebrado y hoy apestado Jon Watts (la fidelidad no parece ser el punto fuerte de los fans de Marvel), Spider-Man: A Brand New Day tiene al menos una mentira en ese título: aquí no hay nada nuevo.Después de la soberana estupidez de pedirle a Dr. Strange (Benedict Cumberbatch) que de favorcito hiciera que el planeta entero olvidara que Peter Parker es Spider-Man (después de que su identidad secreta fue revelada al final de la cinta anterior), y de que el Dr. Strange aceptara con gusto tremenda babosada, ahora en esta cinta Parker lleva cinco años triste y cabizbajo, husmeando en redes sociales lo que hacen sus amigos Ned (Jacob Batalon) y su novia MJ (Zendaya), y sin el menor ánimo de acercarse para, no sé, tal vez pasarles la película anterior para que entendieran la bronca en la que están metidos.Peter tal vez sea la persona más miserable de los cómics, pero Spider-Man vaya que ha sabido aprovechar estos cinco años desde el borrón de memoria global. Y es que el arácnido ya le agarró la onda a esto de ser superhéroe y se la ha pasado atrapando maleantes, salvando gente (pero no ardillitas, ¡ni lo mande el señor!) y hasta haciendo una alianza con la policía de NY (Liza Colón-Zayas en un papel breve pero que espero le llene su cuenta de banco a tope).Todo va relativamente bien hasta que empieza a ir relativamente mal cuando aparece un misterioso villano que es capaz de tomar control mental de cualquier neoyorquino, y no solo eso, el tipo (?) es capaz de saltar de mente en mente con gran velocidad. La cosa es que en algún momento Peter se da cuenta que este individuo también puede leer mentes por lo que MJ y Ned están en peligro.Este es el pretexto perfecto para que Parker se deje de sangronadas y por fin hable con su amigo y su ex-novia y les explique no solo que están en peligro sino que además antes eran amigos y se daban besos (bueno, los besos eran nomás con Zendaya, o no sé, a lo mejor nunca supimos si esas sesiones de armado de Legos terminaba en otra cosa, todo es posible en los cómics).Y por si hacían falta subplots, pues resulta que Peter está teniendo cambios en sus poderes, ahora parece ser más fuerte, despierta en un capullo de telaraña, sus ojos se ponen negros y le salen telarañas por las muñecas (sí, como al Spidey de Sam Raimi, otra vez Sam Raimi).Todo esto parece mucho, y lo es, pero de ello no hay nada realmente nuevo y mucho menos relevante. Estamos, por enésima vez, ante una fórmula que se repite a cada nueva película del MCU, donde el hoy es lo de menos y lo que realmente importa (además de las carretadas de dinero, claro) es dar una probadita de lo que viene: la nueva película, la nueva serie, o el nuevo personaje (o grupo de personajes) que gracias a los buenos oficios de un ejército de abogados, ya se podrá hacer nuevas películas de ellos.No solo estamos ante una oportunidad desperdiciada (si ya nadie recuerda nada, se puede hacer todo), sino que además el director y los guionistas nos engañan una y otra vez. Nos engañan con ese prometedor inicio, en un montaje lleno de villanos clásicos de Spider-Man a ritmo de un pegajoso tema de Tv On The Radio, nos engaña recreando algunas de las portadas clásicas de los cómics, nos engaña haciéndonos creer que esto se tratará de Spider-Man.Pero no, esto no se trata de Spidey, se trata del villano, una Jean Grey nueva (interpretara por Sadie Sink, cuyo rol se supone se mantenía en secreto pero tooooodo mundo ya sabía que se trataba de la famosa mutante de los X-Men) cuyo conflicto no solo es estúpido sino que se arreglaba calmándonos todos y platicando la situación en un Starbucks.Lo cierto es que el villano no importaba, porque nadie estaba aquí por el villano: la película nos reúne para ver cómo es que Peter arreglaría el problema de sus desmemoriados amigos. Y aquí está el peor de los embustes: si bien las escenas con Zendaya elevan muchísimo el nivel de la película, los guionistas (Chris McKeena y Erik Sommers, los mismitos que escribieron las otras tres cintas anteriores) resuelven el asunto de una manera por demás facilona, toda una cátedra de escritura floja (lazy writing) comparable solo con la aparición de los otros spidermans en No Way Home (2021), misma que se resolvía (redoble de tambores) abriendo una puerta mágica.El resto es lo que tiene a los fans contentos y atiborrando la taquilla: acción. Y ahí si ni qué decir, el director Destin Daniel Cretton se luce (como hace mucho no lo hacía el MCU) con las no pocas peleas donde vemos a un Spider-Man columpiándose con todo el poder que dan los bits y bytes entre los rascacielos de Nueva York, peleando con el mismísimo HULK (gran escena que no sirve de nada, pero qué bien les quedó), o incluso con unos nadaqueverientos ninjas vestidos de rojo donde también las computadoras y los animadores de Sony desquitan el sueldo.Aplausos a todos ellos, los verdaderos héroes anónimos de esta cinta.Únete a nuestro canal
Spider-Man: nihil novum sub sole, escribe Alejandro Alemán
La tan esperada (y ya millonariamente exitosa) nueva cinta de Spider-Man, encierra en su título al menos una gran mentira: aquí no hay nada nuevo













