La buena noticiaEs posible encontrar caminos de luz, caminos de esperanza y caminos de paz.

“Mi paz les dejo, mi paz les doy” (Jn 14,27). El día de la Última Cena, Jesús hizo una promesa que la humanidad ha anhelado desde siempre. No hacen falta argumentos académicos para aceptarlo, basta con mirarnos a nosotros mismos para descubrir este anhelo.

Sin embargo, aunque la paz es un tesoro invaluable, es claro que aún no la hemos alcanzado plenamente. Resulta válido sostener que se ha logrado en parte, si bien de modo temporal y en circunstancias concretas. Pensemos en la paz que experimentan los padres al ver crecer a sus hijos, la tranquilidad de una empresa que alcanza sus metas, o la satisfacción de una persona que cumple un propósito trazado.

No obstante, esto se puede objetar al confrontarlo con la realidad de muchas familias que no se encuentran en las anteriores circunstancias, al lanzar una mirada al entorno nacional o al contemplar un mundo herido por guerras, violencia, sufrimientos, injusticias que manifiestan la falta de paz. Ante esta realidad cabe preguntarnos: ¿Por qué parece inalcanzable ese anhelo natural del ser humano? ¿Qué hace falta realizar para alcanzarlo? ¿Quiénes son los responsables de este bien invaluable para todo ser humano? Las interrogantes podrían extenderse de manera indefinida.