01/08/2026 06:00 Actualizado 01/08/2026 06:55 Síguenos en Google0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialGianni Infantino pensó que podía emular con el deporte rey lo que Trump hace con la política de su país. Tras convertirse en el títere del mandatario americano en los últimos meses, su último desatino puede convertirse en su tumba (con una reelección en el horizonte). Su evolución institucional es digna de estudio: llegó a la FIFA con apariencia de secretario general diligente y ha acabado convertido en una mezcla de cortesano y agente comercial a las órdenes del poder y el dinero.Donald Trump y Gianni Infantino, el día de la final del Mundial en Nueva JerseyJacquelyn Martin / APInfantino ya no preside el fútbol: lo ofrece como si fuera suyo. Le cogió gusto a codearse con los todopoderosos, empezó con Al Thani y lo repitió con Donald. Un mandatario convertido en subalterno que pensó que nadie le pararía. Si José María García siguiera en antena, habría disfrutado con el personaje, como lo hacía con dirigentes de idéntico calado, pero de otra época. En una sola emisión nocturna le llamaría abrazafarolas, correveidile y chupóptero. Tras finalizar el último Mundial aceleró su deriva de una obsesión explícita por “liberar el potencial comercial” de la FIFA (¿del fútbol?). El lenguaje resulta revelador, el Mundial ya no era una competición que proteger, sino una mercancía aún insuficientemente explotada. Una plataforma global susceptible de ser troceada y compartida con la familia del amigo americano (el mismo que ni le interesa, ni lo entiende).En pocos ámbitos puede Europa ser un faro global tan sólido e indiscutible como en el fútbolSorpresivamente, justo en ese momento, ha aparecido la UEFA: “Enough is enough” (decir solo basta es un término poco contundente para un posicionamiento tan explícito). Un 55 a 0. Una goleada por todo lo alto. Toda Europa contra un tipo que pensó que presidía una autocracia. El fútbol pertenece a los fans. La UEFA ha marcado la línea roja, con todos sus defectos, porque su presidente tampoco es un mirlo blanco; con sus equilibrios políticos, sus dirigentes cuestionables, sus zonas oscuras y una historia que tampoco permite impartir demasiadas lecciones de pureza. Las federaciones son instrumentos de poder y, con demasiada frecuencia, escenarios de malas prácticas, pero continúan siendo el tronco principal del deporte.La pirámide puede estar mal gobernada, pero sigue teniendo raíces. Una empresa privada solo tiene accionistas, las federaciones cientos de miles de federados; sus directivos no podían estar tan alejados de ellos. La posición europea parte de una convicción: en Europa, el deporte no es una industria cualquiera, está sometido a las leyes de la Unión Europea, que lo protege como elemento social, educativo y cultural. El deporte es parte de nuestra herencia como continente.Lee tambiénLa UEFA ha dicho no. No porque sea moralmente inmaculada, sino porque alguien tiene que recordar que el fútbol no pertenece a quien firma los contratos, pertenece a quienes lo juegan y lo siguen haciendo grande. Si la UEFA no se hubiera plantado, hubiera perdido el liderazgo moral y deportivo que debe ejercer. En pocos ámbitos puede Europa ser un faro global tan sólido, estratégico e indiscutible como en el fútbol. Sin Europa, no hay Mundial.
No UEFA, no ‘party’, por Enric Jové
Gianni Infantino pensó que podía emular con el deporte rey lo que Trump hace con la política de su país. Tras convertirse en el títere del mandatario americano en los últimos meses, su último desatino puede convertirse en su tumba (con una reelección en el horizonte). Su...












