El ángulo era cerrado. No era fácil lograr que la pelota pasara por ahí. Pero pasó y fue gol, un gol difícil de hacer que se grabó fuertemente en la historia en buena medida por eso. Aunque no solamente por eso, sino también, y especialmente, porque fue en un Argentina-Inglaterra. La expulsión fue injusta. Cruzó esa línea endeble que tan a menudo se cruza, la que va del árbitro a la arbitrariedad (y no del juez a la justicia). Fue un despojo que se grabó fuertemente en la historia en buena medida por eso. Aunque no solamente por eso, sino también, y especialmente, porque fue en un Argentina-Inglaterra. El gol de Grillo a los ingleses forma parte del acervo de mitos argentinos, largamente atesorado por los hinchas. Lo convirtió el 14 de mayo de 1953 en un partido amistoso (signifique eso lo que signifique). La expulsión de Antonio Rattín ocurrió ni más ni menos que en Wembley, en pleno mundial de fútbol, el 23 de julio de 1966. Rattín tuvo que dejar la cancha, pero no lo hizo sin antes fregarse un poco los dedos en el banderín del córner (a los efectos, la bandera británica), para sentarse después desfachatadamente en la alfombra de la Reina Isabel: Su Majestad.

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