Entrevista Exclusivo suscriptores Un estudiante reconstruyó la noche en la que él y varios compañeros fueron agredidos durante una protesta contra un sindicato en el campus.Días antes de la agresión, el estudiante encontró una amenaza de muerte escrita en una pared de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas. Foto: Archivo particularSUBEDITORA DE BOGOTÁ 31.07.2026 08:05 Actualizado: 31.07.2026 08:14

Durante varios días, una frase escrita sobre una pared de la Facultad de Derecho y Ciencias Políticas de la Universidad Nacional no dejó de perseguirlo. El mensaje llevaba su nombre, lo insultaba y terminaba con una advertencia que, vista en retrospectiva, hoy adquiere otro significado: “Te estamos buscando”. Gabriel, estudiante de noveno semestre de Ciencia Política, asegura que aquella amenaza no fue un episodio aislado. Dice que ese mismo día también fue agredido físicamente dentro del campus y que, tras denunciar lo ocurrido, la administración universitaria activó los protocolos de protección para salvaguardarlo. Pensó que el episodio había quedado atrás. Sin embargo, la noche del miércoles 29 de julio, cuando salió a participar en una protesta contra Sintraunal junto con otros ocho estudiantes, sintió que aquella advertencia escrita sobre un muro terminaba convirtiéndose en una realidad.Todo comenzó hacia las diez de la noche. El grupo se reunió dentro de la Universidad Nacional para realizar un recorrido de protesta contra Sintraunal, el Sindicato Mixto de Trabajadores de la Universidad Nacional. Gabriel explica que la inconformidad obedecía a lo que considera un historial de confrontaciones y agresiones contra estudiantes que no comparten la línea política del sindicato. El propósito, según cuenta, era retirar algunas pancartas instaladas por esa organización en distintos accesos del campus. Para hacerlo llevaban herramientas: un compañero portaba un cuchillo para cortar las cuerdas que sostenían los avisos y él llevaba unas tijeras con el mismo fin. Rechaza de plano que esos elementos hubieran sido llevados para intimidar o agredir personas. “Nosotros no llevamos eso para hacerle daño a nadie. Eran herramientas para llevar a cabo la tarea que íbamos a hacer”, afirma.Los estudiantes decidieron cubrirse el rostro porque, según Gabriel, conocían los riesgos que implicaba realizar una protesta de ese tipo dentro de la universidad. Aclara que no pertenecen a un grupo de encapuchados y que la decisión obedecía únicamente a razones de seguridad. El recorrido terminó dentro del campus, cerca de la entrada de la calle 45 y, cuando el reloj se acercaba a las once de la noche, la situación comenzó a cambiar. Según su relato, unas quince personas empezaron a acercarse al grupo. Dice que entre ellas había trabajadores vinculados al sindicato y estudiantes afines a esa organización. Comenzaron a preguntarles quiénes eran, qué hacían allí y por qué protestaban contra Sintraunal. También, asegura, utilizaron las herramientas que llevaban como argumento para señalar que portaban armas blancas, una versión que posteriormente, según el estudiante, fue difundida públicamente por el sindicato. Gabriel insiste en que esa afirmación es falsa y que jamás amenazaron a nadie.Al verse superados en número, los manifestantes decidieron dispersarse. Fue entonces cuando, según el estudiante, comenzó la agresión. Mientras intentaba alejarse sintió que alguien lo sujetó por detrás y le hizo una llave alrededor del cuello antes de lanzarlo al piso. Ya reducido, varias personas intentaban quitarle la capucha mientras le preguntaban quién era. En medio de esa situación, asegura que un representante estudiantil permanecía grabándolo con un teléfono celular mientras le preguntaba por las tijeras que llevaba y afirmaba que la situación ameritaba la presencia de Derechos Humanos. Gabriel sostiene que, lejos de intervenir para detener la agresión, esa persona continuó registrando lo que ocurría mientras él permanecía inmovilizado.Pocos segundos después, relata, llegaron más personas al lugar. Entre ellas, según su versión, estaba el presidente de Sintraunal. El estudiante asegura que el dirigente lo tomó de la ropa, lo zarandeó y le preguntó quién había contratado al grupo para realizar la protesta. Él respondió que nadie les había pagado y que actuaban por iniciativa propia. “Somos estudiantes que estamos en contra de las acciones del sindicato contra el estamento estudiantil”, recuerda haber contestado mientras permanecía en el suelo. Lugar del ataque, según el relato de la víctima. Foto:Lugar del ataque, según el relato de la víctima.A partir de ese momento comenzaron los golpes. Dice que recibió puños y patadas en la cabeza y que uno de los impactos le produjo una contusión en el pómulo derecho. No intentó defenderse. “Me dejé golpear porque era lo único que podía hacer en ese momento”, recuerda. Asegura que varias personas seguían intentando descubrirle el rostro mientras otras continuaban golpeándolo.Me dejé golpear porque era lo único que podía hacer en ese momentoMientras permanecía inmovilizado, relata que alguien tomó su maleta y comenzó a revisar todas sus pertenencias. Abrieron sus cuadernos, revisaron sus apuntes y buscaron entre sus objetos personales algún elemento que, según él, pudiera relacionarlo con alguna organización o demostrar que había sido contratado para participar en la protesta. En medio del tumulto también desapareció su teléfono celular.Gabriel asegura que alguien aprovechó el momento en que permanecía reducido para sacarlo de uno de sus bolsillos. Cuando finalmente logró levantarse ya no lo tenía consigo. Según su relato, durante la agresión hizo presencia personal de seguridad privada de la universidad, pero sostiene que los guardias no intervinieron y permanecieron observando hasta que quienes lo golpeaban decidieron retirarse.La confrontación terminó cerca de la medianoche. Entre las doce y la una de la madrugada, funcionarios del programa de Convivencia y Cotidianidad comenzaron a reunir a los estudiantes lesionados en el edificio de Ciencias Agrarias. Una motocicleta del equipo de seguridad trasladó a Gabriel hasta ese lugar. Lo primero que encontró fue a uno de sus compañeros completamente ensangrentado. “Había un charco de sangre”, recuerda. Poco a poco fueron llegando otros estudiantes. Uno de ellos, cuenta, tenía la cabeza cubierta de sangre y posteriormente recibió una incapacidad médica de 40 días. Según lo que escuchó esa madrugada, los médicos le encontraron cerca de 17 hematomas en la cabeza. Otro compañero, agrega, le relató que había recibido un botellazo cerca de los invernaderos y que permaneció inconsciente durante varios minutos. Además, uno de los jóvenes había resultado herido con arma blanca. Todos los hechos, insiste, ocurrieron dentro de la Universidad Nacional.Mientras esperaban atención médica, Gabriel asegura que les llamó la atención que el Comité de Prevención del Riesgo y Atención de la Emergencia (CEPRAE), organismo que cuenta con ambulancias propias, no hubiera hecho presencia en el lugar. Finalmente, él y otro de los estudiantes lesionados fueron trasladados a la Clínica Nueva. Allí permanecieron durante buena parte de la madrugada esperando atención. Según recuerda, su compañero tardó cerca de dos horas en ser atendido. A él le practicaron una valoración preliminar por los golpes recibidos y, aunque reconoce que salió mejor librado que otros estudiantes, todavía presentaba una contusión y varios hematomas.Pero la preocupación no terminaba con las lesiones. Gabriel seguía sin encontrar su celular y tampoco podía comunicarse con varios de sus compañeros para saber qué había ocurrido con ellos. El teléfono del joven que lo acompañaba ya no tenía batería y ambos permanecían prácticamente incomunicados. Entonces recordó que, antes de iniciarse la confrontación, había compartido su ubicación en tiempo real por WhatsApp con una persona cercana. Pidió prestados varios teléfonos celulares dentro de la clínica para intentar localizar el suyo. Lo que encontró lo sorprendió. El dispositivo aparecía moviéndose entre distintos puntos de la ciudad. En algunos momentos figuraba cerca de la estación de TransMilenio de la calle 26 y luego volvía a registrarse dentro de la universidad. Cuando finalmente permaneció fijo en un punto del campus, decidió solicitar el alta voluntaria y regresar acompañado por la Policía.Al llegar nuevamente a la Universidad Nacional pidió la presencia del coordinador de sede que se encontraba de turno. Poco tiempo después, ese funcionario le entregó el teléfono celular. Según la explicación que recibió, el dispositivo había sido encontrado. Gabriel, sin embargo, cree que alguien terminó entregándolo después de haberlo tenido durante varias horas. Para él, la desaparición temporal del equipo hace parte de la misma secuencia de hechos que vivió durante la agresión.Aunque reconoce que las lesiones físicas sanarán, dice que el mayor impacto quedó en su tranquilidad. Recuerda que no era la primera vez que recibía amenazas por su actividad política dentro de la universidad y sostiene que cualquier diferencia ideológica con algunos sectores tradicionales del movimiento estudiantil puede derivar en estigmatizaciones y agresiones. “Me da mucho miedo saber que puedo cruzarme dentro del campus con una persona capaz de apuñalar a otro únicamente por pensar distinto”, afirma. Por eso, asegura que lo ocurrido trasciende las lesiones individuales y plantea un problema de garantías para quienes piensan distinto dentro de la universidad.El estudiante sostiene que la Universidad Nacional debe garantizar que todas las corrientes políticas puedan ejercer activismo en igualdad de condiciones y sin temor a represalias. “No es posible que solo un sector pueda hacer activismo político dentro de la universidad. La riqueza de esta universidad está en la pluralidad de opiniones y en su diversidad política y cultural”, afirma. Esa, dice, es hoy su principal exigencia: poder regresar al campus sin miedo.Tras los hechos, la Universidad Nacional rechazó las agresiones registradas dentro de la Ciudad Universitaria, informó que activó los protocolos institucionales de atención y acompañamiento a las víctimas y aseguró que colaborará con las autoridades para esclarecer lo ocurrido, identificar a los responsables y avanzar en las investigaciones. Las circunstancias de los hechos y las responsabilidades individuales continúan siendo materia de investigación.CAROL MALAVERSUBEDITORA BOGOTÁEscríbanos a carmal@eltiempo.comLea también: Sigue toda la información de Bogotá en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.