El fútbol acaba de dar carpetazo al Mundial 2026, una edición que ya contaba con novedades en lo deportivo, porque se amplió la participación a 48 selecciones y se introdujeron las controvertidas pausas de hidratación. Dos novedades que se han traducido en un aumento de los ingresos, por el número de entradas vendidas o por los ingresos de la publicidad proyectada en esos tres minutos.

El Mundial 2026 acaba de echar el cierre, pero la FIFA ya planea cambios importantes para las sucesivas ediciones. Los planes del presidente del organismo rector del fútbol mundial, Gianni Infantino, pasan por privatizar la competición, mediante la creación de un la filial FIFA Forward Enterprise (FFE). Un espacio muy parecido a las sociedades anónimas, compañías cuyo capital se repartiría entre las federaciones nacionales e inversores privados.

Las críticas y las reacciones no han tardado en llegar: federaciones de fútbol, ligas nacionales, jugadores y hasta la Comisión Europea (CE) han salido al paso, rechazando la idea propuesta por la FIFA y criticando que se apueste por la privatización de un deporte que no les pertenece.

“La Copa Mundial de la FIFA sigue siendo el mayor torneo deportivo del planeta, a pesar de que la FIFA explote cada oportunidad comercial. Pero ya basta”, ha escrito en sus redes sociales el comisario europeo de Juventud, Cultura y Deporte, Glenn Micallef.