El 31 de julio de 1944, el escritor y aviador francés Antoine de Saint-Exupéry despegó desde una base aérea en Córcega a bordo de un avión de reconocimiento Lockheed P-38 Lightning para una misión de cartografía sobre el sur de Francia, ocupado por las fuerzas alemanas.Nunca regresó a la base. Su desaparición en las aguas del mar Mediterráneo puso un trágico punto final a la vida de un hombre que hizo del vuelo una filosofía y de la literatura una búsqueda espiritual. Pese al misterio que rodeó su muerte durante décadas, Saint-Exupéry dejó como testamento una obra que trascendió fronteras y generaciones: El Principito. La NASA logró volar el avión supersónico silencioso X-59 a velocidad y altitud de la misión Publicada por primera vez en Nueva York en abril de 1943, en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, la obra nació en un contexto de exilio y dolor personal. Lejos de su patria devastada por el conflicto bélico y marcado por la melancolía, Saint-Exupéry concibió un relato aparentemente sencillo que escondía una profunda reflexión sobre la condición humana. Lo que comenzó como un encargo editorial con ilustraciones en acuarela del propio autor terminó por transformarse en uno de los libros más traducidos y leídos de la historia de la literatura universal.