La morosidad en las familias es la más alta de los últimos 16 años y llegó para quedarse un largo rato. Tiene características marcadas: los más afectados son los más jóvenes y es más grave el problema en las billeteras virtuales que en los bancos en sí. Mientras las entidades tradicionales logran licuar su riesgo y desprenderse de las carteras más tóxicas, la crisis se concentra en los proveedores no bancarios, que hoy agrupan un volumen inédito de deudores "irrecuperables". Con un fuerte componente de necesidad básica, el rojo financiero de los hogares desarma la tesis oficial del exceso de consumo y anticipa un ancla pesada para la reactivación económica que busca el oficialismo.

La dinámica de la cesación de pagos muestra un mercado operando a dos velocidades. En mayo de 2026, las entidades bancarias lograron achicar su cantidad de deudores en la peor calificación crediticia (Situación 5) en 281.377 personas, según detalló un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA). Una caída que no está vinculada a la recomposición de la liquidez familiar, sino a que el sistema tradicional optó por limpiar sus balances al desprenderse de riesgo, ”lo que podría evidenciar la venta de carteras de deudores ‘incobrables’”.