Un petrolero arde en Ormuz. Dos buques gasísticos se incendian en el puerto egipcio de Damietta, a escasos kilómetros de la desembocadura del canal de Suez en el Mediterráneo. Los hutíes amenazan Bab el Mandeb, la estrecha puerta de acceso al mar Rojo, y Arabia Saudí recibe golpes en los dos extremos del oleoducto que había convertido en su salida de emergencia frente al bloqueo iraní. Ninguno de esos episodios tiene, por sí solo, fuerza suficiente para cerrar una ruta marítima o cortar de raíz los flujos energéticos. Juntos, sin embargo, están logrando algo casi igual de eficaz: convencer poco a poco a navieras, aseguradoras y compradores de que mover petróleo y gas por Oriente Medio vuelve a ser una apuesta demasiado cara. Esa es la lógica que Irán aprendió durante los primeros meses de la guerra. Para alterar el mercado no necesita bloquear físicamente cada estrecho, hundir decenas de petroleros ni destruir una infraestructura durante meses. Le basta con elevar la probabilidad de que algo salga mal. Después, el propio mercado se encarga del trabajo sucio: las navieras retiran barcos, las aseguradoras disparan las primas de riesgo, los cargamentos buscan rutas más largas y el coste acaba trasladándose al precio de la energía. Ormuz fue el primer laboratorio. Antes de la guerra, por el estrecho transitaba aproximadamente una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados en el mundo. Desde marzo, el tráfico ha oscilado entre la parálisis total y, a lo sumo, una décima parte de los niveles anteriores al conflicto. Irán no necesitó desplegar una barrera naval permanente. Le bastaron unos cuantos drones, misiles y minas para imponer una ruta, exigir un peaje y dejar una advertencia a los navegantes: quien no cumpla las condiciones de Teherán, que se atenga a las consecuencias. TE PUEDE INTERESAR El memorando de entendimiento con Estados Unidos permitió una breve recuperación del tráfico, pero el acuerdo terminó en agua de borrajas. Con la vuelta de los bombardeos y el colapso de la pausa diplomática, Irán ha retomado el mismo método y parece dispuesto a llevarlo todavía más lejos. Dos petroleros intentaron en la madrugada de este jueves cruzar Ormuz por la vía meridional, la más alejada de la costa iraní, con supuesto apoyo de aviones estadounidenses. Según relató la Guardia Revolucionaria iraní, uno sufrió un incendio y ambos dieron media vuelta. Teherán no explicó qué provocó el fuego, ni falta que hace. El mensaje claro es que no hay escolta de EEUU que garantice que tu cubierta, tu cargamento o tu tripulación no vaya a acabar en llamas. TE PUEDE INTERESAR Apenas un día antes, a más de 2.000 kilómetros al oeste, un dron provocó un incendio en dos buques gasísticos del puerto egipcio de Damietta, en la costa mediterránea y cerca de la entrada norte del canal de Suez. Uno era el Energos Winter, una unidad flotante de almacenamiento y regasificación de propiedad estadounidense; el otro, el GasLog Salem, está operado por una compañía griega. El secretario general de la Liga Árabe, Nabil Fahmy, condenó el ataque y lo tildó como un "intento cobarde de ampliar el conflicto". El secretario general del Consejo de Cooperación del Golfo, Jasem al Budaiwi, lo calificó de "acto terrorista". Ningún país o milicia ha reivindicado la operación, pero dos fuentes iraníes citadas por The New York Times aseguraron que el objetivo era demostrar hasta qué punto Teherán podría alterar el transporte marítimo y los suministros energéticos globales si decidiera escalar. La terminal había aparecido solo tres días antes en la televisión iraní entre los posibles objetivos de una represalia contra Ucrania, después del ataque ucraniano contra un buque iraní en el mar Caspio. La cadena subrayó su capacidad anual de 5,2 millones de toneladas de gas natural licuado y su función como puerta de exportación hacia Europa. El fuego en Damietta fue extinguido con relativa rapidez, no hubo muertos ni heridos y habrá más de un dirigente ucraniano rascándose la cabeza, tratando de entender cómo el incendio de dos buques sin relación alguna con Kiev puede considerarse una represalia. Pero quizá el destinatario real del mensaje no estuviera en Ucrania. Si usted es el dueño de una naviera acostumbrada a transportar gas o petróleo a través de Suez, o la aseguradora que debe cubrir el próximo viaje, probablemente se lo piense dos veces. TE PUEDE INTERESAR Es lo que ya ocurrió en Ormuz, pero también lo que está pasando en estos momentos al otro lado del canal de Suez, en el estrecho de Bab el Mandeb, la salida natural del mar Rojo hacia el océano Índico. El otro estrecho El pasado 20 de julio, los hutíes, el grupo aliado de Irán que controla Saná y buena parte del norte y el oeste de Yemen desde hace más de una década, anunciaron un bloqueo de los accesos a los puertos saudíes del mar Rojo. Desde entonces, el tránsito por Bab el Mandeb ha caído una quinta parte, según Windward, una empresa de inteligencia marítima. Esto, de nuevo, a pesar de que el grupo carece de una marina capaz de impedir físicamente el paso de una parte significativa de los buques. No la necesita. Dos días después del anuncio, los hutíes reivindicaron ataques contra dos buques saudíes en el mar Rojo, aunque Riad solo confirmó que uno había sido alcanzado. Con esto bastó. Algunas aseguradoras han dejado de ofrecer cobertura a los buques que cargan en puertos saudíes, otras han elevado sus tarifas incluso para barcos sin vínculo alguno con el reino y las primas por riesgo de guerra se han duplicado en apenas una semana. TE PUEDE INTERESAR El Ministerio de Defensa saudí publicó un comunicado este jueves para anunciar la creación de la 'Alianza Multinacional de Defensa Marítima', una coalición para garantizar la seguridad de las rutas comerciales, después de una reunión con representantes de 43 países, además de la Unión Europea. Aseguraba, además, que 14 de esas naciones habían firmado ya el documento fundacional de la alianza, entre las cuales estaban Kuwait, Qatar, Turquía, Jordania y Egipto. La noticia no tardaba en notarse en el mercado de futuros de Londres: el precio del barril de brent para entrega en septiembre bajaba en pocas horas un 1,88 %, hasta 89 dólares, mostrando su sensibilidad a las oscilaciones de la guerra. Mientras, en Yemen, el líder de los hutíes, Abdelmalek al Huti, afirmaba en su discurso semanal en televisión que Arabia Saudí se está preparando para una "escalada integral" contra ellos y prometió que responderían de la misma forma si el conflicto se intensifica. "Ya han experimentado cómo fueron las cosas durante ocho años", mencionó Al Huti en referencia a las intervenciones terrestres previas de Riad en Yemen, que no lograron deponer su gobierno. Para evitar la amenaza hutí, múltiples refinerías asiáticas, desesperadas por conseguir crudo sin riesgos tras la sequía que ha provocado la guerra, están desviando sus cargamentos adquiridos en el mar Rojo hacia el norte, atravesando el canal de Suez, el Mediterráneo y rodeando después toda África. La maniobra permite esquivar Bab el Mandeb, pero dispara los costes y el tiempo de transporte. TE PUEDE INTERESAR Además, los megapetroleros, los buques de mayor tamaño, no pueden cruzar Suez completamente cargados porque su calado supera el límite permitido por el canal. Para aligerarlos, deben descargar hasta la mitad del crudo en el mar Rojo, enviarlo por el oleoducto egipcio Sumed hasta la costa mediterránea y recuperarlo después de atravesar el canal. Otra operación que añade tiempo, tarifas y complicaciones logísticas. Pese a todo, muchas compañías parecen dispuestas a asumir ese sobrecoste. Uno que, inevitablemente, acabará llegando a los consumidores. "El cambio de comportamiento de los petroleros demuestra que se están tomando las amenazas en serio", explica Matt Smith, director de investigación de materias primas en Kpler, en una entrevista con . El descenso llega justo cuando Arabia Saudí depende más que nunca del mar Rojo para exportar su petróleo. Con Ormuz reducido a una fracción mínima de su actividad habitual, Riad ha bombeado buena parte de su crudo a través del oleoducto este-oeste, desde la Provincia Oriental hasta Yanbu, en la costa occidental, para cargarlo allí en petroleros y enviarlo hacia Asia. TE PUEDE INTERESAR El desvío había convertido Bab el Mandeb en una válvula de escape. En junio, antes de las amenazas hutíes, 355 petroleros de crudo atravesaron el paso, más de un 50% por encima de los 197 registrados en febrero. Sin embargo, ahora esta infraestructura también está en peligro. El 25 de julio, los hutíes afirmaron haber atacado instalaciones de Aramco en Yanbu y Jizán, en el extremo occidental del oleoducto. Las defensas desplegadas en Yanbu interceptaron los proyectiles, pero imágenes de satélite confirmaron un incendio en la refinería de Jizán, capaz de procesar unos 400.000 barriles diarios. Dos días después, otro ataque alcanzó Abqaiq, en la Provincia Oriental. Arabia Saudí atribuyó la operación a milicias proiraníes asentadas en Irak, aunque los hutíes también reivindicaron la autoría. Abqaiq es la mayor planta de procesamiento y estabilización de petróleo del mundo, con capacidad para tratar hasta siete millones de barriles diarios. Históricamente ha manejado más de la mitad de las exportaciones saudíes y, desde el cierre de Ormuz, buena parte de su producción alimenta el oleoducto este-oeste. ¿La calma antes de la tormenta? Pese a todo, los precios globales del petróleo oscilaban este jueves en torno a los 90 dólares por barril, una cifra notablemente superior a los 70 dólares que alcanzaron a comienzos de julio, cuando reinaba el optimismo sobre el fin de las hostilidades, pero todavía lejos de los niveles propios de un mercado que prevé el caos. TE PUEDE INTERESAR La explicación está en la capacidad de adaptación que ha mostrado el sistema energético global durante la guerra. China redujo sus importaciones y recurrió a sus reservas. Estados Unidos y otros países liberaron cientos de millones de barriles de sus inventarios estratégicos. Las refinerías buscaron proveedores alternativos, las navieras cambiaron rutas y parte de la demanda se moderó. El conflicto, además, comenzó a finales de febrero, cuando el consumo de combustibles para el transporte suele ser menor y las existencias globales todavía eran holgadas. Pero cinco meses después, múltiples expertos consideran que existe una desconexión entre la tranquilidad de los mercados y la magnitud de la amenaza. Las reservas liberadas necesitan reponerse, China está volviendo a aumentar sus compras de crudo y el verano está empujando al alza la demanda petrolera en Estados Unidos y Europa. "Los principales amortiguadores que nos permitieron superar los primeros meses del choque de oferta se han desgastado", ha advertido Ben Cahill, investigador energético de la Universidad de Texas en Austin, a The Washington Post. Esta vez, además, Irán no se limita a estrangular la arteria principal: está ampliando el riesgo hacia las rutas alternativas. El oleoducto que permitía a Arabia Saudí desviar el crudo hacia el mar Rojo está ahora bajo amenaza; los hutíes han hecho que la salida por Bab el Mandeb no sea ninguna garantía; el canal de Suez impone límites y costes adicionales y, incluso si el petróleo llega al Mediterráneo, lo ocurrido en Damietta recuerda que alcanzar este mar tampoco equivale a ponerse a salvo. Ninguna de estas rutas está cerrada y, en varias de ellas, el peligro sigue siendo relativamente limitado. Pero Irán está logrando que el corazón energético del planeta empiece a percibirse como un polvorín en el que cada vez menos actores quieren entrar. No vaya a ser que salte la chispa.
Todo arde si le aplicas la chispa adecuada: cómo Irán ha ampliado su arma energética
El ataque al puerto egipcio de Damietta demuestra que Irán no necesita bloquear por completo los canales para ejercer presión: el propio mercado se encarga del trabajo sucio






