“A veces nos quejamos de lo lejos que queda, del polvo o del camino.
Pero cuando estás allí, cuando el sol empieza a caer y pinta de dorado las paredes antiguas, entiendes que esa distancia también ayuda a proteger lo auténtico”.
Estas no son las palabras de un autor de carrera, sino de un niño que encontró en la biblioteca un refugio para leer y escribir.
Una biblioteca comunal, además y todavía.
En San Pedro de Carabayllo, la zona más antigua del distrito más antigüo de Lima.








