La motosierra que el presidente Javier Milei convirtió en bandera de su gestión pasó por encima este jueves a uno de los bastiones más emblemáticos de la cultura argentina: el Coro Nacional de Niños, un organismo fundado en 1967 que acumulaba cerca de seis décadas de actividad ininterrumpida y un indiscutible prestigio internacional. Detrás de la resolución quedó una historia de meses de incertidumbre que la directora María Isabel Sanz reconstruyó ante PERFIL. Apoyado en el Decreto 687/2026, firmado por el presidente y su jefe de Gabinete, Diego Santilli, el Gobierno dispuso su polémica disolución y, en su lugar, la creación de un "Programa de Formación Artística" destinado a niños y adolescentes. Un elenco que logró sobrevivir a la dictadura y a todos los gobiernos democráticos, terminó siendo eliminado, como tantos otros organismos, por la reducción del Estado. Según explicó la directora, el Coro Nacional de Niños funcionaba como un elenco artístico estable con una formación específica. Los chicos asistían tres veces por semana a ensayos de aproximadamente dos horas y media, recibían preparación vocal y musical y participaban durante el año de decenas de conciertos.

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