Manolo Solo era un actor que inundaba el escenario. En los últimos tiempos se había hecho un imprescindible en el cine español con cintas como Una quinta portuguesa, Cerrar los ojos, El buen patrón, Tarde para la ira o B. La película. Había sido cinco veces nominado a los Goya y se llevó un galardón (por Tarde para la ira), pero mucho antes de todo eso había entusiasmado a los espectadores de las tablas. Era un grande. La primera vez que le vi fue con un personaje que no era nada fácil: el juez Pablo Ruz que juzgó el caso Bárcenas. Fue en una sala pequeña, el Teatro del Barrio, en Lavapiés. El magistrado no era un hombre conocido y parecía un hombre de hielo. No era un juez estrellita. En aquella obra Ruz-Bárcenas, escrita por Jordi Casanovas y dirigida por Alberto San Juan en 2014, Solo elevó extraordinariamente un personaje al que le daba la réplica, también de manera genial, Pedro Casablanc como el extesorero del PP. El montaje, que recreaba fielmente, al estilo del teatro documental, el famoso juicio de la caja B, tuvo tanto éxito que se transformaría en película. Y ahí se disparó el éxito de Solo. Que siempre pareció un hombre normal. Por eso también participó en 2018 en otra exitosa obra teatral, Smoking Room, adaptación de la película de Roger Gual y Julio Wallovits. Por su impecable papel secundario en esta asfixiante historia de oficina, Manolo Solo ganó el Premio de la Unión de Actores al Mejor Actor Secundario de Teatro en 2018. Manolo Solo como el juez Pablo Ruz En el cine había empezado a principios de los 2000 y fue escalando con grandísimos secundarios -como el Francisco Ibáñez de El gran Vázquez o el periodista de La isla mínima. Después ya empezarían a llegar los protagonistas en algunas de las mejores películas del cine español de los últimos años, desde la comedia al drama aunque tenía un enorme poder para la recreación del hombre trágico. Y además sin ruido. No era un hombre de alharacas, ni de titulares polémicos, ni de armar follón. Y, como han recalcado quienes le trataron, siempre fue un hombre cercano que te contaba los salseos, las anécdotas, las chanzas. La buena conversación. "Era un actor que cuando tenía la cámara delante te aguantaban minutos solo con la mirada, la expresión" Así lo cuenta a este periódico Javier Marco, director de A la cara, la última película de Solo estrenada en los cines españoles que versaba sobre algo que era totalmente contrario a su figura: la provocación en las redes sociales. La historia cuenta cómo una presentadora de tv llega a la casa de Pedro -su personaje- para pedirle explicaciones por el mensaje de odio que le ha escrito en una red social. “Hacía de hater de redes y lo hace genial, cuando él en el día a día es muy gracioso, es muy majete. Pero es que ya sean papeles más grises, te lo crees igualmente. Y era un actor que cuando tenía la cámara delante, es de los que te aguantan minutos casi sin hablar y te lo dice todo con la mirada”, sostiene este director a quien (lógicamente) todavía le cuesta hablar en pasado del actor. Solo, en Cerrar los ojos, de Erice. Estaba espectacular Marco revela cómo conoció a Solo en 2019 y cómo este enseguida se entusiasmó con su proyecto, el corto A la cara que luego se convertiría en el largo estrenado este año. “No teníamos amigos en común, pero él tenía una página de música y le mandé allí un mensaje. Me respondió al día siguiente. Le conté el proyecto, le pasó el guión y al día siguiente me dijo, pa’lante. Además, él ya conocía a Sonia Almarcha (la coprotagonista). Y todo salió bastante bien, así que vimos la oportunidad de hacer el largo y cuando se pudo le mandamos la versión y entró en el proyecto”, afirma el director que también cuenta cómo Solo les invitaba a su casa para trabajar en él. “Nos invitaba a pastas y a un café. Era alguien que siempre estaba a tope con los proyectos y eso se agradece”, añade Marco que también trabajó con él en la película Josefina. Próxima película, novela de Coetzee En el último Cannes también se había estrenado Aquí, un drama sobre la complejidad de la paternidad basado en una novela de J.M Coetzee y en el que compartía reparto con Patricia López Arnaiz. Tiene previsto estrenarse en los próximos meses y las críticas habían sido buenas. Le iban a colocar de nuevo en el disparadero. Era nuestro actor más delicado, el más profundo, y el más templado. El que te hacía creerte todo lo que quisiera. Delante de una pantalla o ahí arriba en las tablas, en un lugar que no es nada fácil. “Va a ser difícil encontrar actores con esa fuerza, y además es que molaba trabajar con él porque te decía las cosas como él las sentía y eso hacía que el proyecto se elevara a otro nivel. A veces hay que escuchar a los actores porque te dan notas que te hacen elevar la película. Solo era super intuitivo y por eso había que escucharle mucho”, apostilla Marco. El actor estaba enfermo desde hacía un par de años. No se ha querido hacer pública la enfermedad -y además, corren rumores-. Lo único oficial es que el comunicado enviado por su representante y reproducido por la Academia de Cine que traemos aquí: “Querido amigo, Desde la oficina de Yo lo vi primero, nos ponemos en contacto contigo para comunicar la triste noticia del fallecimiento de nuestro amigo y representado, el actor Manolo Solo, esta madrugada. Desde aquí queremos mandar mucho ánimo y fuerza a sus familiares y amigos, entre los que nos incluimos. Durante sus más de 30 años de carrera, Manolo demostró ser uno de los mejores de su generación, un grandísimo profesional y gran compañero. Manolo no dejó de trabajar hasta sus últimos días. La despedida será hoy por la tarde y mañana en el Tanatorio de San Isidro. Descansa en paz Manuel” Gracias por las películas y por el teatro. Manolo Solo era un actor que inundaba el escenario. En los últimos tiempos se había hecho un imprescindible en el cine español con cintas como Una quinta portuguesa, Cerrar los ojos, El buen patrón, Tarde para la ira o B. La película. Había sido cinco veces nominado a los Goya y se llevó un galardón (por Tarde para la ira), pero mucho antes de todo eso había entusiasmado a los espectadores de las tablas. Era un grande.