Eran cerca de las tres de la mañana y Analu Martínez no podía dejar de pensar en aquella escena. Había pasado el día memorizando el texto y planeaba grabar el casting con calma, pero algo le decía que no debía esperar más. Se levantó, se arregló un poco, encendió la luz, colocó la cámara y comenzó a actuar. Bastaron dos tomas. En la segunda encontró la emoción que buscaba y, sin pensarlo más, envió el video. Conforme a los criterios deTipo de trabajo: NoticiasInformación basada en hechos y verificada de primera mano por el reportero, o reportada y verificada por fuentes expertas.