En mitad del desierto de Taklamakán, en apenas seis meses, China ha construido un modelo tridimensional de un destructor estadounidense de la clase Arleigh Burke. Se encuentra a 2.700 kilómetros del mar, por lo que es evidente que nunca navegará. El propósito siempre fue otro. A pocos kilómetros también aparecen maquetas a escala real de cazas de combate, bases navales y edificios gubernamentales taiwaneses. Pekín está utilizando estas réplicas para probar su creciente arsenal de armas de largo alcance y nuevos sistemas de inteligencia artificial mientras se prepara para tomar el control de Taiwán, una de las máximas prioridades del presidente Xi Jinping. Las imágenes por satélite analizadas por The Telegraph muestran hasta qué punto el gigante asiático ha construido en medio de la arena un gigantesco laboratorio para preparar una eventual invasión que, según los analistas, podría llegar tan pronto como 2027. Mientras los países del Indo-Pacífico han acelerado sus programas de rearme, Taiwán comenzará el cinco de agosto la celebración de las maniobras militares anuales de Han Kuang, en las que, por primera vez, los ejercicios se centrarán en responder a un bloqueo marítimo chino, proteger las rutas de abastecimiento y coordinar a la Armada con la Guardia Costera. En paralelo, también se desarrollarán ejercicios de "resiliencia urbana" en los que, por primera vez, los 368 municipios de la isla llevarán a cabo un simulacro de evacuación y refugio antiaéreo. Ambos operativos se producen en pleno recrudecimiento de la tensión entre Taipéi y Pekín por el reciente despliegue marítimo de China en aguas al este de la isla, donde ha movilizado un gran número de embarcaciones de su Guardia Costera y de otros departamentos gubernamentales desde el pasado mes de junio. Durante décadas, la amenaza del gigante asiático se percibió como un riesgo lejano, objeto de informes académicos y debates diplomáticos. Pero Ucrania cambió esa percepción. La invasión rusa hizo saltar por los aires la convicción de que, en pleno siglo XXI, una potencia no volvería a invadir abiertamente a un Estado vecino. Lo que parecía improbable dejó de serlo. TE PUEDE INTERESAR Se desconoce si Estados Unidos acudiría oficialmente en defensa de la isla, pero la mayoría de los expertos lo da por hecho. El Instituto Americano en Taiwán (AIT, la embajada de facto de Washington en la isla) publicó este martes una fotografía que muestra a un buque del Servicio de Guardacostas de Estados Unidos navegando junto a un barco de la Guardia Costera de Taiwán, una inusual imagen que se difunde en plenas tensiones entre Taipéi y Pekín. Desde hace tiempo, el Ejército Popular de Liberación ensaya ataques con misiles de largo alcance, pone a prueba nuevos sistemas de inteligencia artificial y perfecciona su capacidad para golpear con precisión tanto infraestructuras taiwanesas como estadounidenses. El nivel de detalle sorprende incluso a los analistas militares. Según las imágenes por satélite, la réplica del destructor estadounidense de la clase Arleigh Burke reproduce numerosos elementos del original, incluidos un mástil completo y parte de sus sistemas de radar, permitiendo comprobar hasta qué punto los sensores chinos son capaces de identificar objetivos reales antes de lanzar un ataque. "La precisión de estas reproducciones indica un enfoque muy específico hacia adversarios potenciales, y no simplemente un desarrollo genérico de capacidades militares", explica a The Telegraph Damien Symon, investigador de geointeligencia de The Intel Lab y la primera persona que identificó varias de estas instalaciones. TE PUEDE INTERESAR Sean O'Connor, principal analista de imágenes por satélite de la consultora Janes, va un paso más allá: "Básicamente están creando réplicas que les permitan maniobrar durante los ejercicios exactamente igual que si estuvieran en Taipéi". Ese nivel de realismo alcanza extremos poco habituales. Las maquetas de los buques no permanecen inmóviles. Se instalan sobre plataformas ferroviarias que recorren una línea de 37 kilómetros para simular el movimiento de una flota en alta mar. Los operadores de misiles entrenan así contra blancos móviles, reproduciendo con la mayor fidelidad posible un escenario de combate real. Las imágenes revelan además otro detalle significativo: un túnel de cerca de 280 kilómetros conecta varias reproducciones de edificios gubernamentales taiwaneses. Los analistas creen que Pekín estaría simulando un escenario en el que las autoridades de la isla intentaran desplazarse por una red subterránea durante un conflicto. Para Monty Khanna, ex contraalmirante de la Marina india, la magnitud del proyecto no tiene precedentes: "Es habitual que los ejércitos entrenen pensando en enemigos concretos. Lo extraordinario aquí es la escala". TE PUEDE INTERESAR Otro conjunto de imágenes muestra incluso una reproducción de la base naval estadounidense de Yokosuka, en Japón, la mayor instalación militar de Estados Unidos en Asia, donde Washington mantiene desplegados más de 55.000 efectivos. Una infraestructura que desempeñaría un papel esencial si Estados Unidos decidiera acudir en defensa de Taiwán. Las maquetas cumplen, por tanto, una doble función: militar y psicológica. "Es un mensaje para Japón: 'si hay una guerra, vosotros estaréis implicados'. Es un mensaje para Estados Unidos: 'si intentáis intervenir, atacaremos vuestras bases'. Y es un mensaje para Taiwán: 'estamos ensayando la toma de vuestra capital'", resume el analista Thomas Shugart. TE PUEDE INTERESAR Philip Shetler-Jones, analista de seguridad en el Indo-Pacífico en el reputado think tank The Royal United Services Institute (RUSI), asegura que Pekín está reforzando sus capacidades militares y haciendo demostraciones de fuerza como forma de lograr una "victoria sin combatir". "Creo que las autoridades chinas son muy reacias a recurrir al uso de la fuerza y asumir el riesgo de un conflicto que pudiera desembocar en una guerra directa con Estados Unidos, echando por tierra los logros económicos alcanzados por los sucesivos gobiernos chinos durante las últimas décadas. Más bien, seguirá intentando convencer a la comunidad internacional de que la cuestión del estrecho de Taiwán es un asunto interno de China que debe resolverse sin injerencias externas", señala a El Confidencial. El experto asegura que, en estos momentos, las fuerzas estadounidenses desplegadas en el Pacífico tienen como misión disuadir a China a lo largo de la llamada primera cadena de islas, de la que Taiwán constituye el principal eslabón. "Por ello, no veo razones de peso para dudar de que Estados Unidos intervendría si China iniciara un ataque. Si Washington decidiera mantenerse al margen, ello socavaría gravemente la credibilidad de sus alianzas militares en la región", añade. Algo más que dinero y tecnología Hasta hace poco, la principal preocupación de Washington era el apoyo económico y tecnológico que China prestaba a Moscú. Componentes electrónicos, motores y productos de doble uso terminaban incorporados a drones y otras armas empleadas por Rusia en Ucrania. Ahora, sin embargo, el flujo que inquieta a las agencias de inteligencia occidentales es precisamente el inverso. Todo apunta a que China está absorbiendo de Rusia entrenamiento, experiencia operativa y tecnologías militares que podrían resultar decisivas en una futura guerra por Taiwán, según apunta The Economist. Desde 2024, militares chinos reciben formación en combate urbano y guerra con drones en un complejo cercano a Volgogrado utilizado por el 8.º Ejército ruso, protagonista de buena parte de las operaciones en el este de Ucrania. China no ha librado una guerra desde el conflicto fronterizo con Vietnam en 1979. Necesita adquirir la experiencia que solo proporciona un campo de batalla moderno. Drones FPV, guerra electrónica, inteligencia artificial, minas, trincheras y ataques de precisión han transformado completamente la forma de combatir. Estados Unidos comparte muchas de esas enseñanzas con Taiwán. Ambos trabajan en la estrategia conocida como Hellscape, concebida para inundar el estrecho con miles de drones aéreos, navales y submarinos capaces de dificultar cualquier desembarco chino. Pekín, sin embargo, parte con una ventaja industrial evidente: es el mayor fabricante mundial de drones civiles y uno de los países que más ha invertido en plataformas militares no tripuladas. TE PUEDE INTERESAR La cooperación con Moscú va mucho más allá de los drones. Funcionarios estadounidenses creen que Rusia podría estar facilitando tecnología para mejorar los submarinos nucleares chinos, los sistemas de alerta temprana y las defensas antimisiles. Para Pekín supondría un salto cualitativo en aquellas capacidades que siguen marcando la diferencia frente a Estados Unidos. A ese acercamiento se suma un tercer actor cada vez más relevante: Corea del Norte. La guerra de Ucrania ha estrechado la cooperación entre Moscú, Pekín y Pyongyang, aunque no exista una alianza militar formal. Rusia recibe munición y misiles norcoreanos; China continúa siendo el principal sostén económico del régimen de Kim Jong-un; y Washington teme que el intercambio de tecnología, inteligencia y experiencia operativa termine intensificándose. TE PUEDE INTERESAR La preocupación del Pentágono no pasa necesariamente porque Corea del Norte participe en un conflicto por Taiwán. Bastaría con que aprovechara una crisis para aumentar la tensión en la península coreana y obligar a Estados Unidos, Japón y Corea del Sur a dividir sus recursos militares. El almirante Samuel Paparo, comandante del Mando Indo-Pacífico estadounidense, ya advirtió ante el Congreso que Rusia, China y Corea del Norte podrían "aprovechar de forma oportunista una crisis regional para avanzar sus propios objetivos". En juego no está únicamente el futuro de una isla de 23 millones de habitantes. Taiwán fabrica cerca del 65% de los semiconductores del planeta y alrededor del 90% de los chips más avanzados. El Consejo de Seguridad Nacional estadounidense calcula que un ataque contra la isla podría provocar un impacto económico superior al billón de dólares. TE PUEDE INTERESAR Opinión Tampoco está en juego únicamente Taiwán. Si Pekín lograra controlar la isla, rompería la llamada primera cadena de islas —el cinturón estratégico formado por Japón, Taiwán y Filipinas— y ampliaría de forma decisiva su libertad de maniobra en el Pacífico occidental, dificultando la capacidad de Estados Unidos para contener su expansión militar. En definitiva, las maquetas levantadas en el Taklamakán resumen mejor que cualquier discurso la nueva realidad geopolítica. Mientras el mundo sigue mirando a Ucrania, China ya está ensayando la siguiente guerra. Y cada nueva imagen captada por satélite confirma que Pekín no solo observa el conflicto europeo: lo utiliza como un manual de instrucciones para preparar el suyo.