La floricultura colombiana, que produce casi el 5% de todas las exportaciones del país y más de 200.000 empleos, encaja cuatro golpes simultáneos. El dólar ronda los 3.200 pesos, mientras el sector presupuestó el año a 3.900. El salario mínimo subió un 23,7%, en un negocio donde la mano de obra es más de la mitad del costo de producción. Los fletes aéreos, para un producto que se envía al exterior por esa vía, se encarecieron por la guerra en Irán. Y, desde el viernes pasado, el arancel de Estados Unidos, su mayor mercado, pasó del 10% al 12,5%. “Son cuatro factores demasiado fuertes que se juntan y hacen el cóctel letal”, sintetiza a EL PAÍS José Antonio Restrepo, presidente de la junta directiva de Asocolflores, el gremio local. El negocio sigue creciendo en volumen. El sector calcula que Colombia despachará este año unas 340.000 toneladas, una cifra ligeramente superior a la del año pasado. “Hay mercado”, dice Restrepo, también gerente general de Eclipse Flowers.Los datos de la DIAN que el gremio de exportadores Analdex compartió con EL PAÍS confirman la tendencia: entre enero y mayo, los envíos hacia Estados Unidos —que históricamente absorbe cerca del 80% de lo que exporta el sector— crecieron 12,3%, hasta las 120.296 toneladas. Pero el dinero está rezagado. En esos cinco meses, las ventas a ese mercado sumaron 891,5 millones de dólares, 1,6% menos que un año atrás. Sumando todos los destinos, la facturación llegó a 1.136,7 millones, un 0,8% por debajo del año pasado. La floricultura está compitiendo por volumen justo cuando producir cada tallo cuesta más.“De todo lo que está pasando, el arancel es lo menos grave”, comenta Diego Vargas, gerente general de La Gaitana Farms, con fincas en la Sabana de Bogotá. Que lo diga él tiene su peso: sus fincas tienen comercializadora propia en Estados Unidos, y el arancel lo paga el importador. Quien le vende a un tercero no lo asume; quien importa con empresa propia, sí. Además, del 10% que rigió desde abril del año pasado, buena parte puede volver: el Tribunal Supremo tumbó en febrero la norma de emergencia que lo sustentaba. Pero el nuevo recargo se apoya en otra ley, más difícil de impugnar.Ese nuevo arancel entró en vigor el viernes pasado, cuando la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) lo elevó del 10% al 12,5%, tras concluir que Colombia no impide eficazmente el ingreso de mercancías producidas con trabajo forzoso. El reproche apunta a lo que el país compra, no a lo que vende: “Esta decisión no cuestiona las prácticas de producción de las empresas floricultoras colombianas”, aclara Asocolflores. Aun así, la floricultura es el sector más expuesto. De los 4.438,4 millones de dólares en productos colombianos alcanzados por el gravamen —cerca de tres de cada diez dólares que Colombia le vende a ese país—, las flores concentran el 42,8%, según Analdex con datos de la DIAN. El gremio calcula que el arancel costará unos 250 millones de dólares al año, el 12,5% de los millones que le vende a ese mercado.Las empresas buscaron diferentes maneras de reducir los costos, pero el mercado terminó imperando. “El arancel lo asumió el consumidor”, concluye Vargas. Las estadísticas apuntan en esa dirección: el renglón de plantas de interior y flor cortada del índice de precios al consumidor estadounidense subió 5,5% anual en junio, más del doble de la inflación núcleo. Estados Unidos importa ocho de cada diez flores que consume, y Colombia le pone el 60% de esas compras, según su Departamento de Agricultura.El arancel, en suma, se pudo patear hacia adelante. La tasa de cambio, no. El peso acumula una revaluación del 15% en lo corrido del año, así que por cada dólar que factura una finca hoy entran unos 550 pesos menos que en enero. Una finca que exporte 10 millones de dólares al año, por esa vía deja de recibir unos 5.500 millones de pesos anuales. En contraste, sus gastos, que se pagan en pesos, van en la dirección contraria, jalonados por los salarios. El informe que el Servicio Agrícola Exterior del Departamento de Agricultura publicó en marzo muestra que la mano de obra representa entre el 50% y el 60% del costo de producción de una finca y que cerca del 85% de los trabajadores gana el mínimo. “Los costos han aumentado un 40%”, dice Restrepo, “y la rentabilidad se afectó un 60% por efecto de la tasa de cambio. Así, el negocio es inviable”.A todo se suma la guerra que Trump abrió al otro lado del mundo. Las restricciones en el estrecho de Ormuz encarecieron el crudo, las aerolíneas subieron sus tarifas. En un negocio que mueve el 92% de su volumen por aire, ese golpe no se esquiva. Además, ese mismo conflicto encareció insumos como buena parte de los plásticos y fertilizantes, que se importan.Las empresas incrementaron precios a sus clientes en dos rondas, cuenta Vargas: una en enero por el salario y otra en abril por los fletes. La Gaitana negocia hoy directamente con proveedores para eliminar intermediarios en cartón, plásticos y capuchones, y empezó a importarlos de China. “Ahorrando cada centavo”, dice Restrepo, pero reconoce que no alcanza: “La magnitud del problema hace que se sienta como paños de agua tibia”.El calendario es poco halagüeño. La floricultura hace su caja en el primer semestre con San Valentín, el Día de la Mujer, Semana Santa y el Día de la Madre, y ese dinero debe alcanzar para el verano del hemisferio norte, cuando hay producción local en los países de destino. Es también cuando toca sembrar flores para el año entrante. Por ahora, La Gaitana ve un panorama difícil. “Aún no se traduce en reducción de personal, pero es insostenible seguir así”, concluye Vargas. Restrepo advierte que algunas empresas ya tienen dificultades de caja para pagar nóminas y algunas se han declarado en insolvencia.El sector genera cerca del 6% de los ocupados del sector agropecuario, destaca Corficolombiana. Por eso la petición del sector no apunta a Washington, sino a Bogotá. Vargas y Restrepo, por separado, evocan el mismo antecedente: las coberturas cambiarias que hizo el Gobierno de Álvaro Uribe. Restrepo pide replicarlas —con Finagro subsidiando parte de la comisión— y sumar créditos para el sector. En paralelo, el equipo del presidente electo, Abelardo De La Espriella, instala este martes mesas de trabajo con la administración Trump para pedir la revisión del arancel; la ruta que planteó la propia USTR es adoptar la prohibición a las importaciones con trabajo forzoso y mostrar resultados verificables. Entretanto, el sector atraviesa 2026 con la peor combinación posible.
Las flores colombianas chocan con la revaluación, el salario mínimo, los fletes y Trump
El sector, importante fuente de divisas, afronta el semestre más difícil del año sin colchón financiero













