Este 29 de julio se cumplen 26 años de la muerte de René Favaloro, uno de los médicos más importantes de la historia argentina y una figura que transformó para siempre la cirugía cardiovascular. Creador de la técnica del bypass aortocoronario, su legado científico continúa salvando millones de vidas en todo el mundo. Pero, además de sus aportes a la medicina, dejó un mensaje que sigue vigente sobre la humildad, el esfuerzo colectivo y el valor de quienes hacen posible cada logro.Una de las frases que mejor resume su forma de entender la profesión fue: "La técnica del bypass es el resultado de un trabajo en equipo, de años de observación constante y de la generosidad de mis maestros". Con esas palabras, Favaloro dejó en claro que nunca consideró su descubrimiento como una conquista individual, sino como el fruto de la enseñanza recibida y del trabajo compartido con decenas de profesionales.La histórica intervención que revolucionó el tratamiento de las enfermedades coronarias fue realizada por primera vez en 1967, mientras trabajaba en la Cleveland Clinic, en Estados Unidos. Sin embargo, el propio Favaloro insistía en que el éxito no pertenecía únicamente al cirujano que estaba frente al paciente, sino también a los médicos, enfermeros, investigadores y técnicos que habían contribuido durante años al desarrollo de esa técnica.Esa mirada quedó reflejada en otra de sus reflexiones más recordadas: "Nunca he creído que he hecho nada solo. Nunca recibí un honor por lo que hice, sino por lo que otros hicieron conmigo". Para el cardiocirujano, ningún profesional se construye en soledad. Detrás de cada trayectoria existen maestros, instituciones y personas que transmiten conocimientos y oportunidades.Quiénes fueron los mentores de René FavaloroFavaloro mencionaba con frecuencia a Donald Effler y Mason Sones, dos referentes de la Cleveland Clinic que fueron determinantes en su formación como cirujano cardiovascular. También recordaba con orgullo la educación pública que recibió en la Universidad Nacional de La Plata, convencido de que su carrera no habría sido posible sin esa base académica.Su pensamiento también representaba una crítica al individualismo. Consideraba que la medicina era una construcción colectiva y rechazaba la imagen del "héroe" que alcanza el éxito por mérito exclusivamente propio. Para él, cada avance científico era el resultado de años de observación, investigación y cooperación entre distintos profesionales.Ese concepto también estaba presente en su experiencia como médico rural en Jacinto Arauz, en La Pampa. En numerosas oportunidades explicó que aquellos años atendiendo pacientes en el interior del país marcaron profundamente su forma de ejercer la medicina y de comprender las necesidades humanas. Allí aprendió que el conocimiento científico debía estar acompañado por el compromiso social y la empatía.Durante las últimas décadas de su vida, especialmente en conferencias y actos académicos organizados por la Fundación Favaloro o en ceremonias donde recibió doctorados honoris causa, utilizó esa frase para recordar que los grandes descubrimientos nunca son obra de una sola persona. Cada reconocimiento, sostenía, también pertenecía a quienes habían contribuido a formar al profesional que era.