El senador republicano Lidsey Graham falleció en la noche del 11 de julio, a los 71 años. Era un estrecho aliado del presidente, Donald Trump, quien había respaldado su campaña para las primarias hacía tan solo unas semanas. Este martes por la tarde se celebró su funeral. Trump acudió, junto con Volodímir Zelenski y Benjamín Netanyahu.
Cualquiera diría que un acto tan solemne y protocolario como un funeral puede dejar tantos momentos a destacar sobre la actuación del presidente de los Estados Unidos. Al Rastreador también le sorprende. Pero sí. El primero fue nada más subir al atril y comenzar a hablar. En su guion, que iba leyendo, Trump tenía escrito un elogio a Graham. Gesto serio, tono neutro. “Estaba ahí cuando las cosas se ponían feas en Washington. Prácticamente a todos, republicanos o demócratas, les gustaba Lindsey”.
Pero Trump se frenó, miró a su público y sonrió. “Bueno, no a todos, pero suena bien. No a todo el mundo [se rio... bastante]. Él era un hueso duro de roer. Vale, tengo que desviarme de esto por un segundo. Él era un hueso duro de roer, cariño. Pero era hermoso”. Y siguió leyendo.
El presidente también relató cómo fueron sus inicios antes de ser aliados. En concreto, relató la revancha que se cobró después de que Graham le llamara imbécil e intolerante incitador racial hace una década. Trump compartió públicamente el número de teléfono del senador durante un acto de campañax. Ante “millones de personas”. “Todavía lo recuerdo”, dijo, antes de repetirlo en mitad del funeral, “por si alguien quiere darle un toque”. “Su teléfono explotó”, añadió, entre risas del público. “Fue Lindsey quien rió el último porque, mientras que yo le reventé el teléfono a mensajes todo un día, nos convertimos en grandes amigos, y Lindsey no dejó de llamarme durante los siguientes 10 años. No fue fácil”.










