“Una reunión excelente”, ha afirmado Benjamín Netanyahu sin dar detalles. “Mantuvimos una reunión muy buena, como es lógico, se trataron muchos temas importantes”, ha señalado Donald Trump sin concretar nada. Pero lo cierto es que el primer ministro israelí ha entrado por una puerta lateral a la Casa Blanca y el presidente de EEUU ha evitado comparecencias públicas ante la prensa. Es más, EEUU apenas ha publicado un magro post de la secretaria de Prensa y otro de Donald Trump sobre una reunión que se ha producido aprovechando el viaje del primer ministro israelí al funeral del senador republicano Lindsay Graham.
Sin embargo, antes de la reunión el presidente de EEUU había lanzado dos advertencias al primer ministro israelí, en comparación con la amable acogida al presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, a quien abroncó en el Despacho Oval en 2025.
“Nadie me dice lo que tengo que hacer”, afirmó a la prensa el lunes en el Air Force One al ser preguntado por la venta de aviones F-35 a Turquía. Trump se mostró agradecido a Erdogan, líder autoritario al que a menudo regala el oído, y predispuesto a vender unas armas que inquietan al primer ministro israelí.
Netanyahu ha sido un elemento clave en la decisión de Trump de lanzar una guerra unilateral e ilegal contra Irán el pasado 28 de febrero. Y ahora se ve a cuatro meses de las elecciones de mitad de mandato embarcado en un conflicto que apenas cuenta con una aprobación del 30% entre los estadounidenses, atado a un líder israelí impopular en EEUU, pero también en su país, donde las encuestas no le pintan bien para las elecciones legislativas de octubre, con los precios de la gasolina disparados y sin horizonte de salida al bloqueo del estrecho de Ormuz.











