Hay pasiones que nos acompañan desde siempre, y otras que parecen esperarnos para cruzarse con nosotros en el momento indicado. Cuando el cómico Ignatius Farray se dejó caer por el teatro María Guerrero de Madrid para ver la obra El golem, firmada por Juan Mayorga, no sabía hasta qué punto esa función iba a transformarle. Probablemente lo sospechaba el segundo día que acudió. Lo reconfirmaría el tercero. Lo terminó de comprender el cuarto. Y, en el quinto, se fusionó con lo que allí contemplaba. "Al final el acomodador me decía cuando me veía aparecer: bienvenido de nuevo, Míster Gole", recuerda entre risas.PublicidadLa trayectoria del autor del grito sordo más famoso de España modificó su rumbo tras su devota asistencia a esta obra, que define como "una gran reflexión sobre el lenguaje, sobre qué hacemos con las palabras y qué nos hacen las palabras a nosotros". En una de estas ocasiones, se encontró con Juan Mayorga. "Fue muy amable conmigo, intercambiamos los teléfonos y me comentó que dirigía un máster sobre creación teatral en la Universidad Carlos III, al que me acabé matriculando". Ahí la órbita de su creación terminaría de desgajarse de su rumbo anterior.La inquietud del canario le ha llevado a escribir libros, crear series de televisión, presentar formatos audiovisuales y subirse a mil y un escenarios. Con una experiencia de un cuarto de siglo frente al público, formarse en teoría y práctica teatral le ha proporcionado "un horizonte. No sé si seré capaz de integrar todo lo aprendido, pero sí tengo un horizonte al que mirar levantando la cabeza. Muchas veces los artistas nos perdemos, no sabemos qué hacer, por dónde seguir, no se nos ocurren ideas… De hecho, como artista la mayoría del tiempo estás perdido. Y todas estas reflexiones me sirven para apuntar a una utopía, sea capaz o no de avanzar hacia ella".Del máster, recuerda especialmente una clase dedicada al proscenio, el espacio añadido al escenario durante el barroco para el momento del soliloquio. "A diferencia del monólogo, que es el momento en que un personaje acapara la palabra, el soliloquio se genera cuando el personaje atraviesa algo que le conmueve tan profundamente que no es suficiente con dirigirse al resto de personajes. Es un instante trascendente que solo se puede compartir con el público. Es el momento de 'ser o no ser' o 'la vida es sueño' el momento en que te la estás jugando". Él lleva toda una vida encaramándose a ese espacio.Ignatius Farray no aspiraba a subirse a un escenario, más bien se topó con élPara el cómico, el teatro es "el espacio que la humanidad ha creado para encontrar la verdad. En el teatro no se habla por hablar, no se dicen las cosas por decir. Cuando uno dice una verdad, cada palabra escogida te pone en riesgo, porque puede ser malentendida. Te la juegas, por eso es tan importante que lo dices". No cuesta imaginar cómo esta profundización en la esencia del teatro ha tocado a una persona que se entrega en cada actuación.PublicidadY eso que Ignatius Farray no aspiraba a subirse a un escenario, más bien se topó con él. "Soy una persona con un conflicto interno grande, como todos. El mío es que soy muy correcto, muy amable, todo el mundo me lo dice", desarrolla. "Y no es que eso sea falso, pero parte de esa amabilidad es pura cobardía. Yo no me atrevo a vacilarte en la vida normal, no soporto que puedas pensar que te estoy mirando por encima del hombro. Esa corrección en la que me refugiaba venía del puro miedo, y es la que me hace llegar al escenario".Su historia no es la de alguien que fantaseaba con la luz de los focos y el aplauso del público, sino que acabó sobre las tablas "por pura necesidad. Descubrí que en ese espacio sí se me permitía ser obsceno. Es curioso porque obsceno etimológicamente significa lo que ocurre fuera del escenario, lo que los otros no pueden ver. Esa obscenidad genera un vínculo muy estrecho entre las personas, por eso salimos conmocionados tras ver un espectáculo".Una obscenidad que en sus espectáculos se siente, se palpa, se ve y hasta se lame. "Mucha gente me dice que debería dejar de chupar pezones o de enseñar la polla. Me dicen: se te ve un tío inteligente, no tienes necesidad de hacerlo". Lo que suele responder es que, si se atreve a "compartir alguna reflexión filosófica o comentario social en mis espectáculos, es porque sé que después me voy a sacar la polla. Si no lo hiciera, me sentiría muy pedante. La polla genera el equilibro", ríe.PublicidadCon la polla fuera o no, los estudios que realizó con Juan Mayorga ya han tenido impacto en su trabajo. "En el máster también me interesé por la danza, que nunca pensé que podía tener tanto que ver con lo que hago en un escenario. Fruto de ese interés me he unido a la bailarina Poliana Lima, con la que estoy creando un show, que nace de la última Feria del Libro de Madrid". Al canario le ofrecieron "montar una performance, y lo que hicimos fue deconstruir mi show de comedia en forma de pequeñas poesías, y en los silencios entre una y otra Poliana entraba bailando. Yo la acompañaba, de repente la gente se animaba y entraba también…".El show comenzó con Ignatius a voz en grito, porque pidió que no hubiera microfonía para asemejarse lo más posible "a un juglar que llega a un pueblo. Eso generó un espacio muy interesante con el público. La gente se contagió y empezaron a participar, hasta el punto de que la actuación terminó celebrando mi propio funeral". Un espectáculo más abstracto que quiere seguir investigando: "Me inspira mucho el Niño de Elche, que viniendo del flamenco ha acabado haciendo unas performances muy teatrales. De una manera humilde, me gustaría llegar con la comedia a esa deconstrucción que él ha hecho con el flamenco".Pero antes, ocupará el verano a disfrutar con la familia en su Tenerife natal, y en La Palma con su mujer, la también cómica Petite Lorena. Después, además de continuar avanzando en la performance, por primera vez plantea organizar una gira con todas las letras. "Llevo 25 años actuando en los sitios según me van llamando, y me hace ilusión montar una gira de verdad, ahora que todavía tengo empuje y fuerza". A sus 52 años ya está "viajando con medias de compresión", así que tiene "que aprovechar mientras tenga fuerzas y ganas". Y como el show tiene mucho que ver con la actualidad política, ya tiene el título idóneo: Fascismo del bueno. Si acuden a verlo y en algún momento Ignatius se acerca al proscenio, ya saben de dónde viene la inspiración.
Ignatius Farray y el teatro: "Es el espacio que la humanidad ha creado para encontrar la verdad"
Figura creativa y mediática difícil de clasificar, el canario aspira a trascender su acercamiento a la comedia bajo el influjo del dramaturgo Juan Mayorga.






