NoticiaMartha Lucía Orozco Cárdenas, egresada de la Universidad Nacional, desarrolló tecnologías agrícolas con aplicaciones en futuras misiones espaciales.Es la segunda vez que Estados Unidos resalta el trabajo de Martha Lucía Orozco Cárdenas. Foto: Cortesía28.07.2026 15:46 Actualizado: 28.07.2026 15:46

El reconocimiento recibido por la investigadora colombiana es el “President's Award 2026 Latina Entrepreneur in Leadership Awards”, otorgado por el Inland Empire de la Asociación Nacional de Mujeres Empresarias, el cual destaca su liderazgo científico, su labor como mentora y sus aportes al desarrollo tecnológico y académico en California.Entre sus aportes científicos más destacados figura su trabajo pionero en agricultura espacial, reconocido recientemente por la Nasa a través del Nasa Deep Space Food Challenge, iniciativa que impulsa el desarrollo de sistemas innovadores para producir alimentos durante futuras misiones espaciales de larga duración.Como resultado de esta investigación surgieron los space tomatoes, una nueva generación de plantas diseñadas para crecer en sistemas agrícolas cerrados y con recursos limitados, condiciones similares a las que enfrentarían los astronautas durante misiones a la Luna, Marte y otros destinos espaciales.Inicialmente las semillas de los space tomatoes se enviaron al Centro Espacial Kennedy de la Nasa para su validación en el sistema Advanced Plant Habitat, una plataforma diseñada para estudiar el crecimiento de plantas bajo condiciones controladas.Tras superar esa etapa, el experimento se incorporó a la misión de reabastecimiento CRS-32, lanzada el 21 de abril de 2025. En la Estación Espacial Internacional, las semillas germinaron y las plantas crecieron exitosamente en condiciones de microgravedad.Durante un mes, los astronautas monitorearon su crecimiento y enviaron diariamente cientos de imágenes; ahora esa información se analiza desde el punto de vista biológico y digital para entender cómo responden las plantas al ambiente espacial.“Con un equipo integrado por científicos de diferentes disciplinas, estudiamos los cambios en la expresión genética, la producción de proteínas y otros compuestos relacionados con el crecimiento, el desarrollo y la adaptación de las plantas a condiciones de microgravedad, espacios confinados y limitación de recursos”, señala la investigadora.Más allá del reto científico, el proyecto busca desarrollar sistemas sostenibles para producir alimentos durante futuras misiones espaciales. “Además de aportar beneficios nutricionales, cultivar plantas para obtener frutos frescos contribuiría al bienestar psicológico de los astronautas, al mantener un vínculo con la tierra y con los procesos naturales de crecimiento a través de su cuidado diario”, explica la científica.El proyecto de los “tomates enanos” se desarrolló en el Centro de Ingeniería Genética de Plantas de la Universidad de California en Riverside, dirigido por la investigadora Orozco desde hace más de 24 años. Como reconocimiento a esta innovación, ella y su equipo recibieron un premio de 250.000 dólares en la fase III del NASA Deep Space Food Challenge, recursos destinados a fortalecer la formación de los estudiantes de maestría y doctorado que participaron en la investigación.Además de liderar investigaciones de impacto internacional, la doctora Orozco ha impulsado un modelo de formación científica basado en la inclusión y la diversidad. LEA TAMBIÉN “He procurado desarrollar una investigación inclusiva. Hemos abierto espacios para mujeres, estudiantes pertenecientes a minorías tradicionalmente subrepresentadas, integrantes de la comunidad LGBTIQ+ y jóvenes de diferentes contextos sociales. Muchos de ellos hoy tienen doctorados, crean empresas o lideran sus propios grupos de investigación”, afirma.Para la científica, “el éxito de la ciencia no está solo en los descubrimientos que hacemos, sino también en las personas que ayudamos a formar, para que puedan resolver los futuros desafíos de la agricultura”.La UNAL, el punto de partidaEgresada de Ingeniería Agronómica de la UNAL Sede Palmira en 1981, la científica Orozco recuerda su paso por la Universidad como el punto de partida de su carrera investigativa.Allí realizó su tesis de pregrado en colaboración con el Centro Internacional de Agricultura Tropical (CIAT), en la que evaluó seis variedades de arroz cultivadas en suelos con altas concentraciones de sales y sodio para identificar cuáles presentaban un mejor desempeño en esas condiciones.“Fue una tesis calificada como meritoria. A la fecha sigue siendo un texto de enseñanza académica y ha sido citado en numerosos trabajos de investigación”, relata. Con gratitud, recuerda a sus profesores, compañeros y a todas las personas que hicieron parte de su formación académica.Tras graduarse, inició su vida profesional en Colombia. Primero trabajó en la Corporación Autónoma Regional del Valle del Cauca (CVC) y luego en el sector privado, en cultivos de caña de azúcar. “Sabía cómo enfrentar muchos problemas agrícolas, pero quería entender por qué ocurrían. Necesitaba un conocimiento más profundo para interpretar esos fenómenos fisiológicos”, señala.Ese interés la llevó a buscar oportunidades de formación en el exterior. Ya en Estados Unidos, junto con su esposo —también científico y egresado de la UNAL Sede Palmira— obtuvo una beca de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para cursar el Doctorado en el Instituto de Biología y Química de la Universidad de Washington, en donde comenzó a trabajar en una disciplina entonces incipiente: la ingeniería genética vegetal.Tras realizar el posdoctorado, en 2002 asumió como directora del Centro de Ingeniería Genética de Plantas de la Universidad de California, Riverside, desde donde ha liderado investigaciones en biotecnología vegetal, edición genómica y agricultura sostenible.En la actualidad, una de sus principales líneas de investigación busca desarrollar alternativas biotecnológicas para enfrentar “la enfermedad del dragón amarillo” (HLB o Huanglongbing), considerada como la más letal y una de las mayores amenazas para la citricultura mundial. Esta afección ha devastado buena parte de la producción comercial de naranjas en Florida y en otras regiones del mundo.Mediante herramientas de ingeniería genética, biología molecular y modelamiento metabólico, su grupo investiga los mecanismos de la enfermedad y desarrolla estrategias para proteger la producción futura de cítricos.A los estudiantes de la Universidad Nacional, la egresada les dejó un mensaje inspirado en una enseñanza que recibió del profesor Rodrigo López cuando estaba próxima a graduarse: “acepten los retos, no esperen a tener todas las respuestas para comenzar un camino profesional. La vida y la ciencia se construyen aprendiendo, preguntando y atreviéndose a avanzar. A veces, el conocimiento llega después de tener el valor de dar el primer paso. Sean persistentes”.Agencial Unal Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.